OPINIÓN

En EEUU, la brecha entre ricos y pobres es obscena: Debemos cerrarla ya

The Guardian
Medio millón de personas sobreviven en situación de calle en EEUU y decenas de millones de pobres, más pobres por la pandemia, viven sus últimas semanas, jornadas, horas, antes de un desalojo que dejará a sus familias en la intemperie.

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Mientras los trabajadores se esfuerzan cada vez más para llegar a fin de mes, los más ricos nunca han estado tan bien como con la pandemia. Ha llegado la hora de contraatacar: nuestras democracias dependen de nuestra reacción.

EEUU no puede continuar siendo una democracia próspera y vigorosa cuando tan pocos tienen tanto y tantos tienen tan poco. Aunque muchos de mis colegas en el Congreso optan por ignorar la cuestión y hacer como si no existiera, el tema de la desigualdad de ingresos y de la riqueza es una de las grandes crisis morales, económicas y políticas que enfrentamos hoy, y que debemos tratar ya.

La desdichada realidad nos muestra con qué velocidad nos estamos dirigiendo a dar forma en nuestro país a una sociedad oligárquica. Una estructura social donde un puñado de multimillonarios tiene en sus manos una riqueza y un poder como nunca antes, mientras que las familias trabajadoras han debido luchar por su supervivencia de una manera que no habíamos visto desde la Gran Depresión de la década de 1930. La inequidad y desigualdad de este cuadro de situación se han visto agravadas por la pandemia.

Hoy, a la mitad de la población que vive en EEUU le cuesta sobrevivir, cada mes, sin poder ahorrar ni menos invertir, se gasta todo sueldo. Medio millón de personas, entre las más pobres, no tienen hogar ni donde vivir. Millones de quienes viven bajo techo viven en la angustia los últimos meses, semanas, días, antes del desalojo y la calle. Casi cien millones de personas no tienen seguro social o, si tienen uno, es insuficiente. Las familias más necesitadas viven día a día preocupadas por cómo harán para proveerse del alimento mínimo indispensable para darles algo de comer a sus hijos. Una generación entera de jóvenes se encuentra atrapada en la cárcel sin salid de una deuda de niveles escandalosos por sus estudios superiores y se enfrenta a la realidad irrepresible de que su status de vida será más bajo que aquel del que gozaron sus padres. Y, lo que es aún más obsceno, las expectativas de vida de la población de EEUU con los ingresos más bajos es ahora aproximadamente 15 años menor que la de los ricos.

La pobreza en EEUU se ha convertido en una sentencia que nos condena a una muerte de ejecución temprana.

Mientras tanto, a la gente ubicada en la cima de nuestra sociedad jamás le ha ido tan bien como ahora. El 1% de los de más arriba posee mayores riquezas que el 92% de los de abajo. Cincuenta personas, de las más ricas de EEUU, tienen en sus manos más riqueza que 165 millones de personas, es decir, la mitad de la población estadounidense total. Mientras millones de trabajadores han perdido sus empleos e ingresos durante la pandemia, durante el año pasado 650 multimillonarios vieron aumentar su riqueza en US$ 1.3 billones.

El que la brecha entre los muy ricos y todos los demás esté creciendo sin retroceder no es nada nuevo.

Durante los últimos cuarenta años ha habido una transferencia masiva de riqueza de la clase media y las familias trabajadoras a las personas más ricas de EEUU.

En 1978, el 0,1% del sector más rico poseía alrededor del 7% de la riqueza de la nación. En 2019, el último año de datos disponibles, poseen casi el 20%.

Increíblemente, las dos personas más acaudaladas de EEUU, Jeff Bezos y Elon Musk, ahora poseen -ellos solos-, más riqueza que el 40% de la totalidad de los estadounidenses más pobres.

Si la desigualdad de ingresos no se hubiera disparado durante las últimas cuatro décadas y simplemente se hubiera mantenido fija, el trabajador promedio en EEUU estaría ganando US$ 42.000 más cada año en la suma total de sus ingresos. En cambio, dado que los directores ejecutivos de las empresas -los CEOs- ganan ahora, por lo menos, 300 veces más que la media de sus empleados, un trabajador estadounidense promedio gana ahora US$ 32 por semana menos que 48 años atrás, si tenemos en cuenta el ajuste inflacionario. En otras palabras, a pesar de las enormes inversiones en tecnología y productividad, los trabajadores comunes están perdiendo terreno y están retrocediendo en su poder adquisitivo y en su nivel y calidad de vida.

Nosotros necesitamos

Ocuparnos de los ingresos, la riqueza y la desigualdad no será tarea fácil, porque habrá que hacerles frente a algunas de las corporaciones más poderosas y mejor financiadas del país. Ahí tendremos delante a Wall Street, a la mafia de los seguros de salud, a las compañías farmacéuticas, la industria de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y las empresas del complejo industrial-militar. Sin embargo, es una batalla que tenemos que dar. Un deber que el Congreso y el Presidente deben honrar en un futuro muy cercano.

Debemos aumentar el salario mínimo. Hay que pagar el doble, respecto al salario de hambre actual. De US$ 7.25 la hora hay que elevarlo a un monto digno, de al menos, US$ 15 la hora. El trabajo debería sacar a los trabajadores de la pobreza, no sumergirlos ni mantenerlos ahogados en la miseria.

Tenemos que hacer todo lo posible para que sea cada vez más fácil, no más difícil, que los trabajadores se afilien a los sindicatos. El aumento masivo de la riqueza de los más ricos y la desigualdad de ingresos con el estancamiento y caída de los salarios de los más pobres, en EEUU pueden estar directamente relacionados con la disminución de la afiliación sindical

Nosotros necesitamos crear millones de empleos bien remunerados. Empleos en la reconstrucción de nuestra infraestructura, que se encuentra en ruinas: carreteras, puentes, plantas de aguas residuales, alcantarillas, represas, escuelas y viviendas asequibles.

Nosotros necesitamos combatir el cambio climático transformando fundamentalmente nuestro sistema energético. Tenemos que ir dejando atrás a los combustibles fósiles y dirigirnos hacia la eficiencia energética y las energías renovables, lo que también creará millones de empleos bien remunerados.

Nosotros necesitamos hacer lo que prácticamente todos los demás países importantes del mundo hacen al garantizar como un derecho humano la atención médica universal y de calidad para todas las personas. Aprobar un programa de Medicare -cobertura de seguridad social administrado por el Estado- para todos nos evitaría el absurdo de que paguemos por atención médica per cápita el doble que lo que se paga en otros países, mientras que decenas de millones de estadounidenses no tienen seguro social o tienen uno que les es insuficiente.

Nosotros necesitamos asegurarnos de que todos nuestros jóvenes, independientemente de sus ingresos, tengan derecho a una educación de alta calidad, incluida la universidad. Y eso significa promover que los colegios y universidades públicos sean gratuitos y reducir sustancialmente la deuda estudiantil contraída por las familias de clase trabajadora.

Y sí. Necesitamos lograr que las personas más ricas y las corporaciones más rentables de EEUU comiencen a pagar más impuestos, que su contribución sea más justa al ser más proporcional a su riqueza

La creciente desigualdad de ingresos y riqueza no es solo un problema económico. Toca los cimientos mismos de la democracia estadounidense. Si los muy ricos se vuelven mucho más ricos mientras millones de trabajadores ven que su nivel de vida sigue descendiendo, la fe en el gobierno y en nuestras instituciones democráticas se marchitará y aumentará el apoyo al autoritarismo. Nosotros debemos permitir que eso suceda.

* Bernie Sanders representa como senador al estado de Vermont en el Congreso de los Estados Unidos y es el miembro de mayor rango del comité de presupuesto del Senado.

Traducción de Alfredo Grieco y Bavio

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