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EE.UU.

La tormenta de malestar desatada por Trump amenaza con arrebatarle el Congreso en las elecciones de noviembre

Donald Trump posa para una foto con atletas olímpicos estadounidenses en el Salón Este de la Casa Blanca, en Washington.

Juan Gabriel García

Nueva York —

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El malestar social que Donald Trump capitalizó durante la campaña de 2024 ahora se volvió en su contra. El republicano se aferró a la frustración de los estadounidenses ante el creciente costo de la canasta de la compra para así volver a la Casa Blanca. Pero Trump ahora gobierna y los precios siguen subiendo. Las clases medias perciben cómo pierden poder adquisitivo mientras su presidente se enriquece gracias al cargo.

En lugar de derrocar el establishment de Washington, tal y como prometió, Trump creó uno de nuevo conformado por los multimillonarios tecnológicos y toda la corte que lo rodea. Tampoco se desentendió de la política exterior, sino que lanzó una campaña militar en Irán, convirtió Venezuela en un protectorado y sigue con las amenazas de anexionarse Groenlandia.

A estas alturas, la mitad de los estadounidenses dicen tener problemas para pagar el combustible (un 52%) y la canasta de la compra (un 51%), según una encuesta publicada por The Guardian en julio. Un sondeo previo, publicado por la CNN a finales de mayo, ya advertía de un encarecimiento del costo de vida: la mayoría de los estadounidenses (61%) decían que habían tenido que reducir la canasta de la compra. Otro 59% afirmaba que había dejado de gastar en entretenimiento o que había recortado en gastos extras.

En paralelo, no paran de salir informaciones sobre cómo Trump logró aumentar su patrimonio. Una cifra que asciende a unos 1.408.500.000 dólares, aunque podrían ser más, según los cálculos de The New York Times. Ante esta realidad, el eslogan con el que el progresista Abdul El-Sayed ganó en Michigan es el siguiente: “Sacar el dinero de la política, para ponerlo en los bolsillos [de la gente] y aprobar el Medicare para todos”. La idea de fondo es la misma con la que el socialista Zohran Mamdani llegó el noviembre pasado a la alcaldía de Nueva York, o con la que el pastor presbiteriano James Talarico podría lograr que los demócratas consigan uno de los dos escaños que Texas tiene en el Senado.

La ajustada mayoría que los republicanos tienen en ambas cámaras del Congreso muy posiblemente se diluya en las legislativas de este noviembre. Las últimas encuestas muestran una ventaja demócrata. El pronóstico, sin embargo, no es nuevo: Trump ya empezó el año con estos números, consciente de que su popularidad estaba en mínimos históricos.

En enero, tres días después de secuestrar a Nicolás Maduro, el magnate se dirigía a los legisladores republicanos en un acto anual celebrado en el Kennedy Center de Washington y ya planteaba la idea de que probablemente perderían escaños en las elecciones de medio mandato: “Dicen que cuando ganás la presidencia, perdés las elecciones de medio mandato. Me gustaría que pudieran explicarme qué demonios le pasa por la cabeza a la gente.”

En una salida de tono similar y más reciente, Trump cargaba en Truth Social contra la victoria de El-Sayed: “Si él triunfa [...] seré tristemente, y a pesar del buen trabajo que estamos haciendo, ¡el último presidente republicano!”. Una afirmación que, lejos de dañar la imagen del progresista de Michigan, le hacía el juego de campaña. El mismo El-Sayed compartió una captura de la publicación diciendo que “ni yo lo habría podido explicar mejor”.

La gravedad de la situación en la Casa Blanca también se puede medir basándose en el retorno de los fantasmas del fraude electoral. El pasado 17 de julio Trump se dirigió a la nación para presentar las supuestas “vulnerabilidades” del sistema electoral y volvió a repetir que las elecciones de 2020 le habían sido robadas. En esta ocasión escaló un poco más la narrativa asegurando que China había interferido para evitar su victoria.

La alianza con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también le está jugando en contra a Trump. Si Gaza fue una de las razones por las que su rival, Kamala Harris, perdió las presidenciales en 2024, Israel podría ser una de las causas por las que Trump pierda el control del Congreso. Aunque la percepción negativa hacia Tel Aviv aumentó sobre todo en los círculos demócratas, muchos votantes en el círculo conservador consideran que Washington está embarrado en Irán por culpa de Netanyahu. Esta idea, sobre todo, proliferó entre los votantes conservadores más jóvenes. Grupo que también fue clave para que Trump regresara al poder.

Aunque el gran problema para el magnate sigue siendo que por primera vez en año y medio parece haber encontrado una oposición efectiva. El avance del sector más progresista en las primarias demócratas demuestra cómo la estrategia de combatir fuego con fuego obtiene mejores resultados. El corte populista con el que se están comunicando las propuestas de izquierda está consiguiendo canalizar el malestar y la impotencia que provocó la presidencia del republicano.

Tanto los candidatos vinculados a los Socialistas Demócratas de América (DSA) como las figuras progresistas independientes —como Talarico o El-Sayed— aplican el diagnóstico básico que hizo el senador independiente Bernie Sanders sobre la derrota de 2024: “No debería sorprendernos demasiado que un Partido Demócrata que abandonó a la clase trabajadora descubra que la clase trabajadora lo abandonó a él”.

Sanders, una de las voces más a la izquierda, criticaba que “mientras los líderes demócratas defienden el statu quo, el pueblo estadounidense está enojado y quiere un cambio”. Casi dos años después, el senador independiente de Vermont compartía un iídeo en X para celebrar la victoria de El-Sayed en Michigan para seguir alimentando el momentum que está viviendo el ala más izquierdista: “Anoche, desde mi punto de vista, en el estado morado [bisagra] de Michigan, se produjo un giro tectónico en la política americana”.

El demócrata subrayaba cómo los ciudadanos de Michigan habían desbancado los millones de dólares vertidos por AIPAC, el gran lobby proisraelí de EE.UU., en la rival demócrata Haley Stevens, para aupar un candidato que “tiene las agallas de enfrentarse a los oligarcas y luchar por la clase trabajadora”.

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