Quién es Ulrich Siegmund, el líder de AfD que vende políticas ultras con una sonrisa y arrasó en Sajonia-Anhalt
Es difícil encontrar imágenes de Ulrich Siegmund en las que no aparezca con una sonrisa. El candidato de Alternativa para Alemania (AfD) a jefe del Ejecutivo en Sajonia-Anhalt, miembro del ala más radical del partido ultra, tiene cara y porte de yerno perfecto: simpático, bien parecido, siempre dispuesto a un selfie o un apretón de manos y hábil en las entrevistas con periodistas no afines a su partido.
Siegmund, de 35 años, puede convertirse en el primer presidente regional de AfD después de la victoria incontestable en las elecciones que se celebraron este domingo en el estado germano oriental de Sajonia-Anhalt con un 43,8% de los votos.
Aunque la formación ultra carece de mayoría absoluta para gobernar, se trata de un resultado histórico que coloca al país a un paso del fin del cordón sanitario a la ultraderecha que rigió hasta ahora. Sus opciones para llegar al poder dependen de la postura de la izquierda antimigración Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que estará representada en el parlamento estatal con el 5,3% de los apoyos.
¿Quién es Ulrich Siegmund?
Nacido en 1990 en la pequeña localidad de Havelberg, Sajonia-Anhalt, Siegmund es diputado regional de AfD desde 2016. Preside la facción parlamentaria regional de su partido desde 2022. Con 19 años, se afilió a la Unión Cristiano Demócrata, la CDU, partido del actual canciller, Friedrich Merz. Abandonó el partido conservador cinco años después. Hoy se arrepiente públicamente de su pasado democristiano. “Todos cometemos errores”, dijo en una entrevista con Politico Alemania. No es de extrañar: el objetivo estratégico de AfD fue pulverizar la base electoral de la CDU para acercarse a una mayoría parlamentaria nacional en un país esencialmente conservador como Alemania.
Casado y padre de un hijo, Siegmund es católico, pero decidió abandonar oficialmente esa confesión por sus diferencias con el liderazgo de la Iglesia Católica alemana, muy crítica con el ideario nacional étnico de AfD. Dentro de esa ideología, hoy predominante dentro del partido ultra alemán, la federación de Sajonia-Anhalt está encuadrada en el ala más radical. La Oficina para la Defensa de la Constitución –los servicios secretos internos del país– calificaron en 2023 a la federación regional dirigida por Siegmund como un caso “confirmado de extrema derecha”.
Siegmund es católico, pero decidió abandonar oficialmente esa confesión por sus diferencias con el liderazgo de la Iglesia Católica alemana, muy crítica con el ideario nacional étnico de AfD
Ulrich Siegmund salió elegido candidato a presidente regional en un congreso de su partido celebrado en Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt, el pasado mayo. El 97% de los delegados votaron por él. El liderazgo de este joven político es incontestable y ya asoma como una de las figuras que hay que tener en cuenta para el futuro de una fuerza que lidera hoy sólidamente las encuestas a nivel nacional.
Antes de comenzar su carrera como político, completó una formación profesional en comercio y estudios superiores en psicología económica y administración de empresas. También trabajó como comercial y en marketing, sector en el que fundó y gestionó una pequeña empresa. La cara amable de AfD sabe vender con éxito el etnonacionalismo con la sonrisa de un comercial. En sus canales de Instagram y TikTok suma más de un millón de seguidores.
“Deportar, deportar, deportar”
Ulrich Siegmund forma parte, sin duda, de la facción más radical de AfD, cuyo más destacado exponente es Björn Höcke, el líder del partido en el estado de Turingia y figura fundamental para entender la radicalización del partido. A diferencia de Höcke, cuyo discurso suele bordear el catastrofismo, Siegmund ofrece un mensaje alegre y optimista respecto al futuro. “Alles ist möglich” (“Todo es posible”) es el eslogan que encabezó su campaña electoral en Sajonia-Anhalt para las elecciones regionales del próximo septiembre.
“Todo es posible”. Por ejemplo, “deportar, deportar, deportar inmigrantes ilegales” desde el minuto uno de un eventual Gobierno regional liderado por Siegmund. O fulminar el contrato con el que el Gobierno de Sajonia-Anhalt cofinancia a la televisión regional pública MDR. La ultraderecha alemana lleva años impulsando una campaña de difamación y derribo contra los medios públicos alemanes, a pesar de que incluso los líderes de AfD aparecen en ellos al estar legitimados por su representación parlamentaria.
La ultraderecha alemana lleva años impulsando una campaña de difamación y derribo contra los medios públicos alemanes, a pesar de que incluso los líderes de AfD aparecen en ellos al estar legitimados por su representación parlamentaria
Otras medidas de su programa inmediato para los primeros 100 días de Gobierno son: la retirada de la bandera del arcoíris de los edificios oficiales para impulsar la “familia normal formada por padre, madre e hijos”; la puesta en marcha de una campaña titulada #deutschedenken (“pensar alemán”), que sustituya a la actual campaña #moderndenken (“pensar moderno”), con la que AfD apunta directamente contra la escuela arquitectónica Bauhaus por considerar que corporiza el “desarraigo nacional” –algo que ya dijeron los nazis, por ejemplo–; la introducción del trabajo obligatorio y no remunerado para aquellos peticionarios de asilo que reciban algún tipo de ayuda pública en Sajonia-Anhalt. En Alemania, buena parte de los solicitantes de asilo no tienen derecho a acceder al mercado de trabajo de forma legal hasta que las autoridades deciden si reciben el estatus de refugiados.
Consecuencias incalculables
El alcance de las consecuencias políticas de un posible Gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt para el resto de la República Federal es hoy difícil de calcular. Pero no es exagerado predecir que el primer Gobierno regional de una ultraderecha rayana con el neonazismo pudiese llegar a costarle el cargo al canciller Friedrich Merz.
En las federaciones germano-orientales de la Unión Cristiano Demócrata se acumula desde años el descontento por el veto a una ultraderecha que consideran un socio de gobierno natural. El Gobierno de Merz y sus reformas se enfrentan a una verdadera prueba de fuego que marcará los tres años de legislatura que quedan en Alemania.
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