Estampida malvinera de un admirador de Margaret Thatcher en la antesala electoral. ¿Dura? ¿Sirve?
El ruido generado por la estampida de Javier Milei desde la idolatría de Margaret Thatcher hacia la defensa de Malvinas como “causa nacional”, sin ahorrarse alguna insinuación militarista, coincidió con tres precisos pasos judiciales, reveladores del estado de situación.
- El miércoles, el juez Pablo Yadarola firmó el archivo de la investigación sobre el canal especial que se habilitó en Aeroparque el 26 de febrero de 2025, para que la joven Laura Belén Arrieta ingresara sin control unos diez bultos, transportados desde Miami en un vuelo privado del empresario Leonardo Scatturice. No se pudo dilucidar —no lo intentó— si en esas valijas había fajos de dólares, droga, contrabando o apuntes de la facultad de Arrieta, una empleada plenipotenciaria del Scatturice y gestora de la trumpista Conferencia Política de Acción Conservadora. El archivo de la causa fue la última decisión de Yadarola en el juzgado en lo Penal Económico número 2, antes de pasar a la Cámara Federal en lo Criminal de CABA, silla que ganó con el voto de senadores del oficialismo, el cristinismo y otras filiales peronistas y ultras. Scatturice, muy cercano a Santiago Caputo y Daniel Hadad, sube y sube. A sus empresas de lobby, inteligencia, aviación privada (Royal Class) y tecnología en seguridad (OCP Tech), sumó en años recientes Flybondi, el correo OCA y el Grupo Flecha. El amparo judicial del que goza el magnate combina con la censura de prensa. Scatturice es innombrable en la mitad de los medios.
- Yadarola —también conocido como pasajero del Grupo Clarín en la excursión de lujo a Lago Escondido de 2022—, se privó de dar un doble golpe en 48 horas, que acaso habría significado la acción más indecorosa de la historia judicial argentina. Un favor burdo a Milei el día en que se consuma un ascenso judicial es admisible para la bajísima vara institucional argentina; dos en simultáneo sería demasiado. Sus nuevos colegas de sala en la Cámara Federal, Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens, confirmaron el viernes el archivo de la causa por presunto fraude cometido por Mauricio Macri y varios funcionarios al contraer el préstamo de US$57.000 millones con el FMI, récord en la historia del organismo (se entregaron US$44.500 millones). Aunque pudo, Yadarola decidió no demorar la decisión de Bertuzzi y Llorens de que las políticas económicas no son judicializables en función de sus malos resultados. Los camaristas de la Sala I avalaron el fallo de María Romilda Servini, eterna jueza de primera instancia en Comodoro Py. Queda una instancia de apelación ante Casación Federal, que dada la composición de la sala, no habilita mayores expectativas. La imputación del fiscal Franco Picardi indicó que Macri y los otros acusados —entre ellos, Federico Struzenegger, Luis Caputo y Nicolás Dujovne— tomaron el préstamo sin intervención del Congreso, ni evaluación del Banco Central, ni expediente administrativo en el Ministerio de Economía, y luego instrumentaron mecanismos que permitieron la evaporación de esos fondos. El fiscal pidió analizar las omisiones en su conjunto, como parte de un plan, y no una mera falta administrativa aislada, y se apoyó en un dictamen detallado de la Auditoría General de la Nación. Como explicaría el propio Macri, miles de millones de dólares fueron sacados del país por inversores que huían de Argentina sobreendeudada por esos mismos funcionarios, ante el “miedo al kirchnerismo”. Desde el momento en que Servini comenzó a acunar la causa, Macri alcanzó a terminar su gestión, fueron electos dos presidentes, pasó una pandemia y Caputo y Sturzenegger, retornados a funciones ejecutivas con Milei, pactaron otro crédito de US$20.000 millones con el FMI. El peso de una deuda con el organismo —extraordinaria bajo cualquier parámetro histórico— atenaza al gobierno de Milei y lo hará con los próximos. Bertuzzi y Llorens —nombrado por Macri en 2018— eligieron una prosa desganada y displicente para concluir el asunto. “Quisieron dar un mensaje a todo Comodoro Py y a quienes los designaron”, analiza un protagonista del edificio de Retiro. Entre gallos y medianoche, Comodoro Py ratificó que a Macri no se lo juzga por nada del mundo.
- Los jueces Bertuzzi y Llorens repitieron su mayoría para excluir a los querellantes privados en la causa $LIBRA, la más grave que enfrentan los Hermanos Milei, dado el cúmulo de pruebas sobre su presunta implicación directa. Trasladado a la Cámara Federal por el dedo de Macri en 2018 —sin concurso—, Bertuzzi se ató a la silla y cumplió con todo lo que se esperaba de él. Sobrevivió hasta que Milei lo acomodó en un concurso (pasó del puesto 21 a integrar una terna) y fue confirmado en el cargo por el Senado días atrás. El expediente por la aparente criptoestafa cometida en febrero de 2025 por una gavilla de cryptobros desde la misma oficina presidencial reboza de indicios de participación de los Milei a cambio de millones de dólares. El fiscal Eduardo Taiano y el juez Marcelo Martínez de Giorgi hacen lo indecible para lastrar la causa. Para ello, el segundo dispuso apartar a querellantes que afirman haber sido perjudicados por la maniobra de Mauricio Novelli, Hayden Davis y los Milei. El juez sostuvo que se trató de un memecoin de alto riesgo —y no una oportunidad de financiamiento a las pymes para el desarrollo nacional, como dijo Milei en su post de X—, por lo que los inversores sabían a qué jugaban y no fueron víctimas. Si el Presidente fue el vehículo para un fraude de unos US$100 millones orquestado por una banda con información privilegiada no es objeto de Comodoro Py. La causa agoniza.
El fraseo burocrático de los jueces de la Cámara y primera instancia expuesto en esas tres decisiones es una huella largamente consolidada en el caso de Macri. Por sobreseimientos dictados bajo ruido o en vísperas de Año Nuevo o Navidad —un clásico—, o por simple cajoneo, el expresidente logró enterrar las múltiples causas sobre espionaje ilegal que lo involucraron, la presunta coacción de una mesa judicial denunciada por jueces, las offshores en Panama y Luxemburgo, la sucesión de probables desfalcos canalizados a través de su primo Angelo Calcaterra o firmas familiares en el Soterramiento del tren Sarmiento, el Paseo del Bajo en Puerto Madero, la compraventa de parques eólicos, el Correo Argentino y la renegociación de los peajes. Nada de eso requirió siquiera un llamado a indagatoria del expresidente o alguno de sus allegados.
El fraseo a desgano de los jueces de la cámara y primera instancia expuesto en esas tres decisiones para consagrar la impunidad es una huella largamente consolidada en el caso de Macri
Entre jueces y fiscales prevalece la convicción de que el reformateo de Comodoro Py ejecutado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques —uno de los funcionarios legados por Macri al Soez—, estructurará el fuero federal para los próximos 25 años. La percepción es compartida tanto por magistrados premiados por Mahiques y el cortesano Horacio Rosatti, como por quienes quedaron segregados.
Las terminales del ministro no se acaban en los Menem y los Milei —también están la AFA, el establishment del fuero y cierto kirchnerismo—, pero la lectura en Comodoro Py es que las designaciones despejarán el frente judicial para la cúpula gobernante en el corto plazo. Javier y Karina Milei corroborarán en algunos años del grado de lealtad de su ministro.
La retórica ultra
El Presidente y sus sucesivos ministros de Exteriores, Diana Mondino, Gerardo Werthein y Pablo Quirno, eligieron el seguimiento pavloviano de Estados Unidos e Israel —más precisamente, de Donald Trump y Benjamín Netanyahu—, a diferencia de la política internacional de Macri, marcada por una alineamiento nítido con Washington en la agenda de América Latina, pero sin resignar una intención de multipolaridad en otros temas.
En cuanto a Malvinas, las administraciones de Cambiemos y La Libertad Avanza tocaron la misma sintonía hasta la semana pasada. La estrategia de acercamiento a Londres y relegamiento de la agenda Malvinas, con algún condimento de fascinación por el contacto diplomático, dio paso e 2016 al famoso pacto entre el vicencanciller Carlos Foradori y el ministro Alan Duncan, acordado por el primero en estado de ebriedad a altas horas de la noche en una cava de la Embajada de Londres en Recoleta, según narró el segundo en un libro.
Milei siguió por esa línea e incluso fue más allá. Alabó a Margaret Thatcher por sus reformas económicas y su liderazgo político, y puso un retrato de la primera ministra conservadora en su despacho en Casa Rosada. Así es la simbología de la ultraderecha gobernante: un día juega con retórica e iconografía nazi, otro asume la narrativa sobre los desaparecidos de Emilio Massera, y al siguiente expresa admiración por una británica acusada de un crimen de guerra contra soldados argentinos, además de aliada de Augusto Pinochet.
El 2 de abril del año pasado, Milei puso en palabras lo que el entorno intelectual macrista había insinuado antes: “Si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros dejamos en claro que el voto más importante de todos es el que se hace por los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”. Con esa expresión trillada e irreflexiva, el Presidente argentino dio entidad a la voluntad de la población implantada por la potencia ocupante, algo totalmente contrario al interés nacional y el mandato constitucional.
Así es la simbología de la ultraderecha gobernante: un día juega con retórica nazi, otro asume la narrativa sobre los desaparecidos de Massera, y al siguiente expresa admiración por una primera ministra británica aliada a Pinochet contra soldados argentinos.
Milei anunció un giro de 180 grados en su abordaje de Malvinas en una cadena nacional de días atrás. Actuó impulsado por par de respuestas al paso de su amigo Trump, en plena pulseada con Londres para lograr mayor implicación militar en la fallida guerra de Irán. El republicano quiere compartir el gasto de su aventura en el estrecho de Ormuz, y encontró en Malvinas una herramienta para torcer la voluntad del laborista británico Andy Burnham. Dados los antecedentes, el ardid de Trump puede profundizarse o esfumarse mañana.
En los hechos, Milei se anotició de que una ley vigente desde 2011 impone sanciones a empresas que intervengan en la explotación offshore de las aguas circundantes de Malvinas. La británica Rockhopper y la israelí Navitas se aprestan a iniciar el proyecto Sea Lion en la cuenca Malvinas Norte, con meta de producción en 2028. Una obstrucción decidida de Argentina de la prestación de servicios y el vínculo logístico con Chile podría frustrar el intento.
Otro capítulo que Milei no sólo desatendió, sino que combatió desde que asumió, fue la construcción de una base naval y logística integrada en Tierra del Fuego. La obra fue entregada con un avance de 10% por el gobierno de Alberto Fernández. Desde entonces, como toda la obra pública, quedó paralizada. Recién ahora el Ejecutivo habilitó fondos para continuar la construcción.
De la sobreactuación al equívoco
El presidente argentino debe sortear un problema de cara a la reelección, meta ineludible a la hora de encontrar explicaciones al manotazo Malvinas.
Luis Caputo anunció en abril que se vendrían los mejores 18 meses de la historia, pero desde entonces se profundizó la recesión en las actividades que emplean a la gran mayoría de los trabajadores: industria, construcción, comercio y Estado.
Milei, que cada tanto hace filtrar a través de sus voceros del periodismo que pondrá en pausa sus agresiones procaces, apareció en los últimos meses en un chapoteo discursivo interminable de “mierdas”, “soretes” y “basuras inmundas”. Los casos de probable corrupción de José Luis Espert, Manuel Adorni, ANDIS y $LIBRA mostraron el verdadero rostro de outsiders que llegaron a combatir a “los chorros de los políticos”.
Ni los economistas más optimistas —que abundan— se animan a pronosticar meses inmediatos de gran crecimiento y expansión del poder adquisitivo de los hogares. Si todo sale bien, Milei podrá mostrar en el camino una inflación entre 1% y 2%, dólar bajo y controlado, y auge del agronegocio y Vaca Muerta, que empuje un crecimiento nominal del PBI.
Dado el problemático activo con el que cuentan los Hermanos para la carrera electoral, Malvinas puede ser una vía para dotarse de una narrativa. ¿Sirve? ¿Dura?
A los efectos prácticos, nada cambia en las herramientas de la política argentina sobre Malvinas. Milei y Santiago Caputo trataran de avivar su repentino malvinismo con artilugios y ruido en redes. Alerta: hay gurúes gastados y uno de ellos se encuentra detenido en Bolivia. En el gobierno afinan proyectos legislativos y diseñan una puesta en escena que convoque a los gobernadores, con el objetivo ulterior de incomodar a Axel Kicillof.
Las pantallas de los canales de noticias oficialistas entraron en éxtasis al finalizar la cadena presidencial del jueves. Sus presentadores repasaban letra por letra el texto monocorde de Milei como si hubiera sido una pieza de Julio César en las Galias.
Se registró incluso alguna sobreestimación de las palabras de Milei en pantallas no enroladas con el gobierno. En equívoca veneración, opositores destacaron una supuesta sagacidad del mandatario al “subirse” a la causa Malvinas, sin sopesar ningún contexto, y omitieron el rasgo xenófobo que atribuyó una supuesta “decadencia” del Reino Unido a la inmigración, en sintonía con la derecha supremacista británica.
Como antecedente, los gobiernos de Raúl Alfonsín, los Kirchner y Alberto Fernández reivindicaron en forma más solvente el derecho legítimo en tribunas nacionales e internacionales, sin caer en insinuaciones militaristas con las que se tentó Milei en redes sociales.
Por sobre todo, se destacaron aliados de Milei para todo servicio. Si hay que exhibir desprecio cínico de esas lejanas islas, los incondicionales dicen presente, y si hay que quemar la Union Jack, también.
El ejemplo más cómico fue el de la diputada Sabrina Ajmechet, transportada desde el ala “liberal” del macrismo a la fe esotérica del mileismo. Ajmechet emitió parrafadas en X bajo la consigna “las Malvinas son argentinas”. “Estoy”, se alisto. “Vengan de a uno con mis tuits de 2012 absolutamente sacados de contexto”, se atajó.
Fueron de a uno y le recordaron una multitud de posteos socarrones de 2012 (“las Falkland Islands son de los kelpers”, “las MALVINAS no son ni NUNCA fueron argentinas”), 2015 (“la creencia de que las Malvinas son argentinas es irracional”) y 2020 (“no hay ninguno que crea que hay que soltar y dejarles las Malvinas a los falklanders”).
Con estas armas y estos soldados, Milei se prepara para la batalla electoral de 2027.
SL
slacunza@eldiarioar.com
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