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MUNDO

La versión castellana del poema que leyó Amanda Gorman en la jura de Biden

Amanda Gorman en la jura de Biden

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Todo el planeta conoce a Lady Gaga o a Jennifer Lopez. Pocas personas conocían a Amanda Gorman, a sus 22 años la poeta más joven entre quienes compusieron poemas flamantes para el primer día un nuevo presidente de EEUU en el poder. Y sin embargo, produjo un efecto que los medios aseguran que fue mayor que el de las populares celebrities de la música.

Amanda Gormen nació y se crió en Los Angeles y se graduó en la Universidad de Harvard en 2020. Desde 2017, es la Poeta Laureada de EEUU, designada por el Estado, no el gobierno de turno. Se espera que quien ocupa este cargo componga poemas para marcar acontecimientos públicos de primer orden, como lo fue la jura de Joe Biden como 46° presidente de la Unión.

Ella recitó su poema en una performance vibrante que duró cinco minutos. Lo había compuesto, en parte, días atrás, como respuesta inmediata al asalto del Capitolio por la turba de trumpistas que buscaba impugnar el resultado de la elección en la que Biden había resultado triunfante. Los aplausos fueron inmediatos, audibles y visibles, en especial los de Michelle Obama, que estaba ubicada exactamente detrás de Gorman (https://twitter.com/MichelleObama/status/1351970102699294729)

 

A continuación, una versión castellana del texto completo en inglés del poema inaugural de Amanda Gorman:

 

Cuando el día llega, nos preguntamos ¿dónde encontraemos luz en estas sombras sin fin?

Cargamos con nuestras pérdidas, y tenemos que marchar sobre las aguas del mar.

Le hemos hecho frente a las entrañas abiertas del monstruo.

Aprendimos que la calma no es lo mismo que la paz,

y que las normas y conceptos que dicen qué es ‘justo’ no son lo mismo que la justicia.

Y a pesar de todo, la aurora fue nuestra antes de que lo supiéramos.

De algún modo, lo hicimos.

De algún modo atravesamos la intemperie y dimos testimonio de una nación que no está quebrada,

sólo está incompleta.

Somos los herederos de un tiempo y un país donde una niña negra, delgada, descendiente de esclavos y criada por una madre soltera puede soñar con ser presidente, y estar aquí recitando un poema para un presidente.

Y sí, qué lejos estamos de aquel lustre de lo que está limpio, de aquel esplendor de lo sin mácula,

pero esto no quiere decir que no estemos marchando hacia una unión que es perfecta.

Nos dirigimos a formar una unión que tiene un destino.

Vamos a componer un país comprometido con todas las culturas, con todos los colores, con cada una de las variantes de la condición humana.

Y entonces lo que miramos no es lo que se interpone entre quienes estamos aquí: lo que miramos es el futuro que está por delante.

Cerramos las grietas porque sabemos que, si queremos priorizar el porvenir, debemos dejar de lado nuestros diferendos.

Abrimos los puños para poder darnos la mano.

Que nadie sufra los perjuicios de la exclusión, que nadie quede por fuera del bien común de la inclusión.

Y nuestro planeta, al rotar, dirá que esto es verdad.

Que nos enlutaban nuestras pérdidas, pero crecíamos.

Que sufríamos, pero esperábamos.

Que nos extenuaban nuestros esfuerzos, pero seguíamos esforzándonos.

No es que nunca más volveremos a probar el sabor, sino que nunca más volveremos a sembrar la semilla de la división.

Las Escrituras nos invitan a contemplar un horizonte donde cada persona podrá sentarse bajo su parra y su higuera, y nadie les dará miedo.

Si queremos estar a la altura de nuestros tiempos, la victoria no está en la hoja de la espada, sino en todos los puentes que sepamos tender.

Podemos llegar a un claro en la espesura, podemos llegar a la cima de la colina, sólo hay que osar y atreverse.

Porque ser americano es más que un orgullo heredado.

Es el pasado sobre que el que caminamos, y el que reparamos con cada nuevo paso.

Hemos visto una fuerza capaz de hacer pedazos a nuestra nación en vez de fortalecerla en su unión.

De destruir nuestra nación y postergar la democracia.

Esa fuerza casi prevalece en sus esfuerzos.

Pero si alguna vez la democracia puede sufrir una demora,

nunca jamás será derrotada para siempre.

En esta verdad, en esta fe, confiamos:

mientras nuestros ojos miran al futuro, la Historia nos está mirando.

Ha llegado la era de la redención por la justicia.

Cuando germinaba, temimos y temblamos.

Nos sentíamos débiles, no creíamos poder cargar con tan pesada herencia,

pero ahora que ya estamos aquí, sacamos fuerzas para escribir un nuevo capítulo, para abastecernos de alegría y esperanza.

Aquella vez nos preguntamos ‘¿Podremos vencer a las catástrofes?, hoy les preguntamos ‘¿Cómo harían las catástrofes para vencernos?’

No recorreremos el camino en marcha atrás para volver a lo que fue, siempre avanzaremos hacia lo que será y todavía no es:

un país herido pero entero, bueno pero no blando, seguro de sí y de su libertad.

Las intimidaciones no nos harán retroceder ni nos detendrán, la inacción y la inercia no serán nuestro legado a la próxima generación.

Nuestro desatino sería su destino.

Una cosa es segura:

si fusionamos piedad y poder, y poder con deber, entonces el amor será el giro que le dimos a las cosas, y el derecho congénito que le habremos ganado a la próxima generación.

Dejemos un país mejor que el que nos dejaron.

Con cada bocanada de aire que salga de un pecho fraguado en bronce, haremos de este mundo lastimado un universo prodigioso.

Marcharemos desde las doradas colinas del oeste.

Marcharemos desde las orillas marítimas del noreste, que el viento barre, donde nuestros ancestros hicieron por primera vez una revolución.

Marcharemos desde las ciudades al borde de los lagos en los estados del medio oeste.

Marcharemos desde el sur que sol abrasa.

Vamos a reconstruir, a reconciliar, a recuperar.

En cada encrucijada conocida de nuestra nación, en cada esquina que llamemos patria,

nuestro pueblo, diverso y hermoso, se levantará, golpeado y hermoso.

Cuando el día llegue, saldremos de las sombras, flamígeros y sin temor.

Una nueva aurora florece porque le arrancamos las cadenas al día.

Porque siempre hay luz,

si tenemos el coraje para ver,

si tenemos el coraje para ser.

 

Traducción: Alfredo Grieco y Bavio

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