OPINIÓN
Sin amigos, sin lectores, sin política: el hombre transaccional
1 El hombre transaccional
Un hombre sale de su trabajo a las seis de la tarde. Está en la cola de Decathlon, esperando que le llegue el turno para pagar. Adelante suyo, un tipo intenta sin suerte que la máquina que registra la compra identifique sus productos. El primero se acerca y le dice cómo hacerlo. También le hace un comentario sobre las paletas de Ping Pong que había comprado.
Unos minutos más tarde, los dos hombres conversan de la vida, la familia, el deporte y otros temas. Uno propone tomarse una cerveza. Van, se toman cuatro a o cinco. Pasadas dos horas van camino al metro, medio tocados. Intercambian teléfonos y se despiden.
Unos días después, se vuelven a encontrar. Las charlas se profundizan. Casi no hablan de trabajo. Solo de temas aleatorios que comparten. Puede ser una comida que les gusta, un deporte, o una situación interesante, complicada, de la vida. Pasados dos meses, el ritual se repite. Los hombres se llaman mutuamente amigo. Ninguno ayudó al otro con plata, contactos, o algo por el estilo. Solo conversan, la pasan bien o mal.
¿Realidad o ficción?
2 Ojalá me lea un robot
Leí una nota días atrás. Decía que lo que va a matar la literatura no es la inteligencia artificial, sino la incapacidad de sentir lo que le pase a otro. La literatura, después de todo, lo que propone es eso. Hacernos vivir la vida de otro. Estamos tan preocupados por nuestro propio bienestar que es imposible reparar en lo que le sucede al otro. No hay escala de sufrimientos o pesares. La empatía murió en el altar de “mis problemas”.
No pasa nada…, pienso. Falta poco para que se cree una comunidad de robots lectores. Alguien les pagará. Alguien encontrará el sentido y el negocio. Un grupo de robots se reunirá o no, concienzudamente, pare leer a todos aquellos autores que ya no son más leídos por el humano. ¿Se dejarán barba? ¿Usarán anteojos de marco ancho? Si produjeran una devolución, un comentario, ¿cómo sería?
3 ¿Habrá una verdadera revolución en España? No lo creo…
Esta semana, varios miles de españoles protestaron por las condiciones del mercado de la vivienda. Años de alquiler de piezas debían llegar por fin a un cierre. Era dificil de creer que tantas personas formadas estuvieran dispuestas a dejarse el 50 por ciento o mas de su salario en una vivienda compartida con desconocidos.
La manifestación forzó una llamado anticipado a elecciones. No es algo menor. Sin embargo, ¿servirá para modificar en algo la situación? El PSOE, partido en el gobierno, ofreció algunos paliativos que, en el pozo de la crisis, no son más que eso. La derecha, por su parte, ofrece solo dejar que se profundice el estado actual.
No soy muy optimista. Lo ideal sería que surgiera un partido que realmente sacudiera el estado actual de la vivienda (y de los salarios, que no han crecido nada por años). ¿Un nuevo 15M? ¿Un podemos de la vivienda que termine como el podemos original?
4 La izquierda no es transaccional
No es descabellado pensar que la izquierda ya no lee; la izquierda ya no hace amigos. ¿A cambio de qué no fuerza los cambios que necesitamos? La respuesta tonta es “la corrupción”. No es eso (si tan solo fuera eso…). Son otras cuestiones, temas más profundos que ni siquiera explica la cultura transaccional.
Así y todo, votar a la derecha sigue siendo siempre peor.
6 Pechorin y Rimbaud ante un mundo roto
Culto, seductor, nihilista, cínico, así era Pechorin, el protagonista de El héroe de nuestro tiempo, un clásico de literatura rusa escrito por Lermontov. Pienso en él, el único modo de sobrevivir a este mundo, intentando joderlo (aunque después no se logre). El problema es que Pechorin era un aristócrata. Nadie puede darse ese lujo estos días…
Uno de mis amigos podría decime, Pechorin no, mejor Rimbaud. Arrogante, enojado y pesimista, de una brillantez borracha. Terminó traficando esclavos en África, pero dejó una de las obras poéticas más movilizantes de la historia.
Ambos, en todo caso, muertos jovenes, desafiantes de este mundo roto.