Cinco lecciones urgentes para la Argentina de la victoria electoral del pueblo brasileño
La histórica victoria electoral de Lula y del pueblo brasileño tiene una enorme trascendencia no solo para el país hermano, sino para toda la región y, en particular, para la Argentina. Desde la colonización, América Latina ha transitado procesos de características similares que han mostrado una profunda vinculación entre nuestros orígenes, realidades y destinos.
En las últimas décadas, casi todos los países de la región han transitado dictaduras que fueron derrotadas por sus pueblos y dieron lugar a procesos de democratización simultáneos. Todas esas democracias débiles de características neoliberales aplicaron las políticas llamadas del “Consenso de Washington”. Ello permitió que, a partir de sus fracasos, desde principios del siglo XXI surgieran procesos nacionales y populares que abarcaron casi todo el continente.
La ofensiva de los sectores más conservadores, ahora a partir de la implementación del lawfare, y las propias limitaciones de estos procesos permitieron la restauración oligárquica, cuyo éxito parecía asegurado a partir de los vientos que llegaron del norte.
El nuevo intento de Trump de generar un “patio trasero” homogéneamente alineado con sus políticas coloniales acaba de sufrir su más dolorosa derrota. Su voluntad hegemónica ha sido derrotada en Brasil y ello abre grandes posibilidades para el despliegue de estrategias de recuperación de la iniciativa popular para el conjunto de nuestros países.
Brasil y México, los dos países que se rehúsan a seguir sus órdenes, concentran alrededor del 52 % de la población y el 56 % del PBI de América Latina y el Caribe. Nada le será fácil a Trump en la región.
Para el caso de Argentina, las características particulares del triunfo en el “mata-mata” de Lula nos dejan enormes enseñanzas. Dada la brevedad y la urgencia del artículo mencionaré sólo cinco.
La primera de ellas es que la ofensiva de las posiciones de extrema derecha, que combinan un neoliberalismo radical con posiciones antiestatistas extremas, rasgos profundamente autoritarios, políticas discriminatorias contra los derechos humanos y alineamiento internacional automático, no es imparable. La victoria de Lula puede convertirse en la señal necesaria para recuperar la confianza en que se puede triunfar electoralmente con un proyecto de futuro que coloque en un lugar central el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo y la soberanía del país. Esta mirada exige poner en el núcleo de la arena del debate una agenda y un programa propios, que no corra hacia la discusión de los temas que quiere imponer el gobierno de Milei, sino que dé respuesta a los reclamos y necesidades de las grandes mayorías nacionales.
La segunda enseñanza es que no debemos tomar como una regla que estamos en una época en la cual necesariamente ganan las oposiciones. Lula mostró que cuando una gestión pública, a pesar de las limitaciones del contexto y las presiones externas, es eficiente, representa principalmente los intereses de los sectores mayoritarios y es coherente con las propuestas que le permitieron llegar al gobierno, recoge el acompañamiento del pueblo que oportunamente confió en él. Es imprescindible también no perder las bases de apoyo, no dejarse aislar y confrontar con inteligencia con los sectores y las fuerzas que pugnan por no dejarlo avanzar.
En tercer lugar, la conformación de un frente electoral que concite el apoyo de la mayoría requiere combinar identidad y apertura. La fuerza hegemónica del PT dentro del frente “Brasil Pronto pra Mais” no impidió que la conformación de la coalición electoral permitiera incorporar con pluralidad y respeto otras seisfuerzas políticas que compartieron el programa propuesto. Pero esta coalición política fue sustentada también por una gran articulación de sectores sociales que se vieron representados en la propuesta.
Es evidente que el liderazgo personal de Lula y la organización del PT fueron la columna vertebral del frente. Pero quedó claro que sin el aporte de las otras fuerzas el triunfo hubiera sido imposible. La reflexión sobre la necesidad de unidad y liderazgo del peronismo en la conformación de un frente nacional y popular que se oponga a Milei, pero también sobre la exigencia de ampliar la mirada con pluralismo y generosidad, es imprescindible. No cabe duda de que la elaboración participativa de un programa de gobierno es la clave para definir las incorporaciones y los límites de la coalición.
Una cuarta enseñanza es la necesidad de la articulación del papel de la militancia territorial y del activismo de las redes en la campaña electoral. El propio Lula, en su discurso posterior al triunfo, recuperó la importancia que tuvo la conducción unificada y la masificación del trabajo en las redes sociales para revertir el resultado de la primera vuelta. No se puede dar por sentada la supremacía de los monopolios informáticos o de las usinas de trolls en este campo. Pero tampoco dejar de lado el papel de la militancia territorial y de la responsabilidad personal de cada ciudadano en definir una elección tan ajustada.
El agradecimiento final de Lula tanto para el “General” André Janones, que comandó el canal de WhatsApp “Exercito de Lula”, como para quienes participaron de las masivas movilizaciones y para quienes llevaron a sus abuelos o familiares enfermos a las mesas de votación marcó la necesidad de esta complementariedad como clave del triunfo.
En quinto lugar, debemos aprender del optimismo en el futuro y la fe en el pueblo que solo la fuerza y la convicción de un líder de la talla de Lula puede transmitir. Muchos de nosotros pensamos que la confianza que Lula expresaba en sus discursos y en su esfuerzo por conducir personalmente la campaña de norte a sur del país era parte de la retórica necesaria, pero que era casi imposible dar vuelta el resultado. Pero no fue así. Lula supo llegar al corazón, no solo a la razón del pueblo brasileño.
Únicamente con la convicción de quien enfrentó la dictadura, de quien supo construir de la nada un partido de los trabajadores, de quien supo aprender de sus derrotas electorales, de quien padeció sin doblegarse la injusticia y la cárcel y de quien supo recuperar el gobierno para ponerlo al servicio de quienes más lo necesitan, fue posible reponerse en tan poco tiempo del resultado adverso de la primera vuelta.
Tenemos mucho que aprender.
Gracias, Lula.
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