Opinión

Ese invento del marketing llamado comida infantil

"La Cajita Feliz", un ícono de la comida procesada para la infancia

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Postres lácteos rosa chicle. Cereales crocantes de azúcar. Jugos hechos con perfume de frutas que no existen. Pescado, pollo, milanesa: todo congelado, empanado, para comer con la mano y en un santiamén. Panes más mullidos y blancos que una almohada de hotel. Menús que prometen a la vez indulgencia y nutrición. Paquetes tan animados como un programa de la tele. Juegos, juguetes, personajes en los que se puede creer, a los que llegamos a querer. 

La comida infantil es un invento del marketing.

Miles de productos diseñados por ingenieros y publicistas que las criaturas desean y a nosotros, adultos a cargo, nos tranquilizan. En los que confiamos, como antes confiábamos en las abuelas.

En la comida infantil reconocemos muy pocos ingredientes: azúcar, harina, aceite, leche. Pero con ellos vienen muchos otros sobre los que no sabemos nada: colorantes, conservantes, saborizantes, emulsionantes. 

Hace cien años, ni la comida infantil ni esos aditivos existían. El menú es una novedad para los cuerpos, un experimento. Y no está saliendo bien. 

La comida infantil es hoy el primer obstáculo que tiene una persona para llegar sana a la adultez. Y las marcas que la crean lo saben pero no están dispuestas a dar ni un paso atrás. Abrazadas a sus símbolos, libran una batalla entre sí por conquistar a las criaturas.

En este nuevo especial de Bocado nos metemos adentro de la historia, las fórmulas y las ideas que hacen de los grandes íconos comestibles lo que son: ese éxito y ese problema enorme. 

Cinco textos desde la Guatemala donde se inventó la Cajita Feliz de McDonalds; una Colombia donde, tras el fenómeno que inauguró Doritos, cada vez más niños llevan snacks en sus loncheras; ese México sin sindicatos y con pocos derechos laborales que es tierra de Bimbo, la panificadora ultraprocesada más grande de la región; el Chile que sacó a al Tigre Tony (o Toño) de las cajas de Kellogg’s y la Argentina donde Danonino diseminó con más eficacia sus mandatos de crecimiento de dinosaurio.  

Pero hay más. Porque en esta entrega saltamos de los textos hacia una nueva aventura: un podcast de seis episodios que hemos titulado Marcados. Conducidos por mí, Soledad Barruti, y por mi hijo Benjamín, quien tras una infancia de ultraprocesados hoy es redactor de Bocado y comensal en deconstrucción. Pasen, vean, lean, escuchen y compartan. Que de esto se trata esta red que hemos creado. 

SB

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