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PERFIL

Melissa Aldana, la primera mujer en entrar en la lista de los 5 mejores intérpretes de saxo tenor del mundo

Melissa Aldana

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La lista de los cinco mejores intérpretes de saxo tenor, en la última encuesta entre críticos de jazz de la revista especializada Down Beat –el prestigioso Critics Poll que publica anualmente desde 1952–, incluye, junto a Charles Lloyd, Chris Potter, Joe Lovano y James Brandon Lewis, a Melissa Aldana. No resulta sorprendente, para cualquiera que haya escuchado su último disco, 12 Stars –el primero en el sello Blue Note–, su solo en “Goddess of The Hunt”, el tema que abre el primer álbum del grupo Artemis, o la extraordinaria versión, grabada en vivo, de “The Peacocks” en que se suma al dúo de la cantante Cécile McLorin Salvant y el pianista Sullivan Fortner. 

Pero se trata de la primera vez que una mujer aparece en los primeros puestos de esa selecta lista en una categoría como el saxo tenor, que hasta hace muy poco parecía exclusivamente masculina –allí han estado John Coltrane, Sonny Rollins o Branford Marsalis, por solo nombrar algunos–. Y es la primera ocasión, también, en que una música nacida en Chile merece tales honores. “A partir de la pandemia comencé a reflexionar bastante acerca de la responsabilidad que significa ser latinoamericana en ese contexto”, dice Aldana a elDiarioAr en las vísperas de sus próximas actuaciones en Buenos Aires. “El folklore chileno no fue algo cercano para mí en mi infancia –cuenta–. En casa  se escuchaba jazz”. De hecho su padre, Marcos Aldana, también saxofonista, fue su primer maestro. “Pero en los Estados Unidos, y en el jazz, ‘latino’ significa caribeño. Y mi tradición es muy distinta. Pienso que una debe ser fiel a sí misma. Mi verdadera cultura es la de una hija de un saxofonista de jazz nacida en Santiago de Chile, una capital cosmopolita. No creo que sea honesto negar ninguna de esas cosas. Ni lo chileno ni el jazz. Posiblemente mi manera de tocar no sea exactamente igual a la de otros. Pero tampoco me interesa hacer postales falsas. Mi responsabilidad es ser yo misma.”

Melissa Aldana actuará el lunes 24 y el martes 25, ambos días en dos funciones (a las 20 y a las 22.45) en el Bebop Club (Uriarte 1658). Estarán junto a ella Lex Korten en piano, Pablo Menares en contrabajo y Kush Abadey en batería. “Ser mujer y ser chilena tal vez me haya significado un esfuerzo mayor para convencer a otros. Pero desde que llegué a los Estados Unidos hubo siembre músicos que me escucharon, me enseñaron y me apoyaron”. No es un dato menor que entre esos músicos hayan estado George Coleman, Jimmy Heath, Joe Lovano, Bill Pierce y Greg Osby. Ni que un jurado integrado entre otros por Wayne Shorter, Bobby Watson y Branford Marsalis le otorgara el Premio Thelonious Monk en 2013. De aquel tribunal también formó parte la gran Jane Ira Bloom, figura central en su instrumento, el saxo soprano. “12 Stars es un disco más íntimo que los anteriores –explica Aldana–. El título remite al Tarot y a la carta de la emperatriz. Y su música es el producto de mis reflexiones en soledad, durante el confinamiento.”

El escritor Raymond Carver decía que todo buen cuento debe ser inquietante. La definición bien puede extenderse a todo el arte. Y el estilo de Melissa Aldana lo es. En el centro hay una técnica deslumbrante, que le permite saltar hacia un agudo en pianísimo, casi en sordina, o hacia un grave extremo sin cambiar un ápice la intensidad del sonido (escuchar, por ejemplo, “Los ojos de Chile” en su último disco). O “desafinar” con precisión milimétrica los milagrosos microtonos en la lectura de “The Peacocks” mencionada con anterioridad (“No fue nada preparado; me invitaron a subir al escenario, después de un día en que habíamos estado comiendo asado y tomando vino, y surgió eso”, relata). Pero ese es apenas el medio. Jamás su control sobre el instrumento está en primer plano. Lo que se escucha, en cambio, es esa inquietante contigüidad entre un sonido contenido hasta el extremo, usualmente sin vibrato alguno, casi implosivo, y desarrollos de ideas eruptivas, expansivas, hasta violentas. El sonido, la máxima obsesión de los músicos de jazz, significa, en ese género, mucho más que el timbre. Involucra el fraseo, las respiraciones, los impulsos. Es ni más ni menos que el estilo. Desde King Oliver en adelante todo músico de jazz ha buscado su propio sonido. Melissa Aldana lo ha encontrado.

DF

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