Con el proyecto de Costanera Sur, Larreta cumple el sueño de Elsztain y profundiza su histórica relación con IRSA

El jefe de gobierno porteño y el dueño de IRSA, en abril.

Casi como parte de la campaña electoral, Horacio Rodríguez Larreta avanzó en las últimas semanas con un proyecto que beneficia a uno de sus interlocutores principales en la Ciudad, el Grupo IRSA. Logró que la Legislatura porteña apruebe por 37 votos a favor y 20 en contra la media sanción al convenio urbanístico con la desarrolladora inmobiliaria que es propiedad de Eduardo Elsztain para autorizar la construcción de edificios de hasta 45 pisos en la ex Ciudad Deportiva de Boca. 

En el predio de 71 hectáreas que se ubica en la Costanera Sur, IRSA proyecta levantar una urbanización bautizada “Costa Urbana” y la media sanción del proyecto 1831-J-2021 le otorga la posibilidad de edificar hasta 145 metros de altura en 4 de sus 59 parcelas. 

Aunque todavía falta la audiencia pública que fue convocada para el 15 de septiembre y la aprobación de la iniciativa en segunda lectura, el paso que dio Larreta en plena campaña tiene relevancia histórica: hace un cuarto de siglo que Elsztain esperaba darlo. IRSA compró los terrenos en 1997 y desde entonces pretendió en cinco oportunidades que la rezonificación prosperara sin éxito en la Legislatura. El predio está ubicado al sur de la Reserva Ecológica, frente a Puerto Madero y pegado al barrio popular Rodrigo Bueno. IRSA pagó 51 millones de dólares por esas tierras ribereñas y el cambio urbanístico propiciado por Larreta lo habilita para avanzar con un negocio inmobiliario que, según los cálculos de la oposición, redundaría en ingresos por entre 1.000 y 1.500 millones de dólares. 

Esta vez las cosas fueron diferentes y la velocidad de los acontecimientos sorprendió incluso a los altos mandos de la desarrolladora que es dueña de activos en la Ciudad entre los que figuran Alto Palermo, Abasto Shopping, Patio Bullrich, DOT Baires, Alcorta Shopping y Distrito Arcos. ¿Qué cambió en esta oportunidad? Las fuentes involucradas en la negociación coinciden: esta vez, hubo un cambio en la modalidad y se decidió ir más allá del pacto entre cúpulas. Lo que Rodríguez Larreta y Elsztain acordaron más de una vez en forma personal fue refrendado por todos los bloques aliados al jefe de gobierno porteño: la Coalición Cívica de Elisa Carrió -alguna vez la más dura detractora de Elsztain-, Evolución de Martin Lousteau, el socialismo de Roy Cortina y Confianza Pública de Graciela Ocaña. Larreta le pidió a IRSA que buscara el consenso con sus socios de Juntos y la desarrolladora inmobiliaria se lanzó a un inédito trabajo de lobby que incluyó a parte de los diputados de la oposición que, de todas maneras, votaron en contra. 

El alcalde porteño puso a su secretario de Desarrollo Urbano, Alvaro García Resta, como enlace con los gerentes de IRSA. Así y en plena campaña electoral, el jefe de gobierno porteño exhibe su alianza con un gran financista de todas las campañas, incluida la del PRO.

Para Elsztain, que tiene a su hermano Daniel a cargo del real estate en el rol de CEO de IRSA Propiedades Comerciales, la reserva de tierra es su principal activo y el Estado en todos sus niveles es considerado siempre como un socio. 

La relación estrecha entre el jefe de gobierno porteño y la desarrolladora inmobiliaria es reconocida tanto en la política como en el sector privado. Está marcada por el rol de Augusto Rodríguez Larreta, el hermano del alcalde que reportó durante 12 años a Elsztain como gerente de Relaciones Institucionales del Grupo IRSA. El menor de los Larreta, que había trabajado antes con el ex ministro de Economía menemista Roque Fernández, dice haber conocido al magnate inmobiliario en un viaje a Davos durante la década del noventa. Pero ese vínculo de lo más estrecho terminó cuando Augusto se sumó al equipo de Emilio Monzó en la Ciudad, durante el último mandato de Macri. El larretismo afirma que fue en 2012 y desde entonces el contacto con Elsztain se interrumpió. Lo mismo aseguran desde IRSA. A un lado y al otro insisten en negar el rol del hermano de Larreta como puente entre las partes. No hace falta intermediación, dicen: el contacto entre el jefe de gobierno y Elsztain es directo y personal.

Socio del Estado nacional en el Banco Hipotecario, dueño de un millón de hectáreas de alta cotización en la Argentina y con una presencia creciente en Israel, el desarrollador inmobiliario vio en el triunfo municipal de Mauricio Macri en 2007 una gran oportunidad para avanzar con sus proyectos truncos. Sin embargo y pese al “compromiso histórico” que el ex presidente asumió con el empresario, nunca hasta hoy el proyecto de Costanera Sur avanzó como quería el zar de los shoppings. Le toca a Larreta, según parece, hacer realidad el anhelo de Elsztain. 

En el camino, el gigante que cotiza en la Bolsa de Nueva York y es desde la década del noventa la mayor empresa de bienes raíces de la Argentina cedió más de lo que hubiera querido. Salvo que la audiencia pública o la segunda lectura se frustren, el convenio urbanístico que obtuvo media sanción le permitirá a IRSA modificar el tipo de uso del suelo de un predio que sólo tiene autorización para actividades deportivas. A cambio, la desarrolladora de Elsztain se comprometió a ceder el 67 por ciento del predio -41 hectáreas- para que se convierta en un parque público y a hacerse cargo de su mantenimiento por un lapso de 10 años. Esta semana, en una entrevista en el programa “Fuego Amigo” de Canal 9, Larreta dijo que lo que IRSA le entregará a la Ciudad será menos: el 50% de los terrenos, unos 35 hectáreas.

Desde la oposición denuncian que la sanción del convenio viola la Constitución de la Ciudad, el Plan Urbano Ambiental y el Acuerdo de Escazú por no haber convocado a audiencia pública previa a este tratamiento legislativo y no haber realizado la evaluación de impacto ambiental correspondiente. Con los dos pasos, responden los defensores del pacto, se cumplirá en los próximos meses. La audiencia, en dos semanas; y el estudio de impacto ambiental, en un plazo estimado de tres o cuatro meses. Donde tampoco hay acuerdo es en la mayoría que se requiere para una ley de este tipo: el convenio se aprobó con la mayoría absoluta pero los críticos del proyecto afirman que corresponde que se vote con la mayoría agravada, dos tercios, lo que haría necesarios 40 votos para su habilitación. Por último, desde el Observatorio del Derecho a la Ciudad, afirman que Larreta le cede a Elsztain la posibilidad de construir torres de aproximadamente 900 mil metros cuadrados, en detrimento de uno de los pocos humedales que quedan en la Ciudad. Sostienen que el impacto ambiental será irreversible y pondrá en riesgo la Reserva Ecológica y el barrio Rodrigo Bueno con impactos sonoros, modificación del asoleamiento y afectación del escurrimiento superficial y subsuperficial de las aguas y los vientos.

Desde la empresa aseguran que todavía no hay un proyecto y por ahora solo existe el Masterplan, el código urbanístico habla de capacidad constructiva y le permite a IRSA tanto edificar torres como hacer un desarrollo de mayor extensión y menos altura. 

Quienes impugnan el convenio de la Ciudad con IRSA recuerdan que el predio de la ex Ciudad Deportiva era propiedad del Estado nacional hasta que en la década de 1960 fue donado a Boca, con el objetivo de construir un estadio y canchas auxiliares, y con la prohibición de que luego fuera vendido a privados. Con la media sanción de la Legislatura, el valor del suelo se elevará a la enésima potencia. 

DG

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