La negociación por la deuda

Un informe de Massa estima el “precio de la guerra” y es el fundamento para pedir que el FMI flexibilice las metas del 2023

Massa y Georgieva, en la sede del FMI en Washington en septiembre pasado.

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El número final es U$S 4.949 millones. Ese fue, para Argentina, el precio de la guerra: es decir, los costos extra que tuvo que pagar en energía, fertilizantes y fletes a raíz del aumento de los precios internacionales producto del conflicto bélico que desató la invasión de Rusia a Ucrania. El dato figura en un informe que el miércoles, en Bali, el ministro de Economía, Sergio Massa le entregó en mano a Kristalina Georgieva, la titular del FMI.

El texto, en inglés, aporta elementos que estarán en la mesa cuando staff del organismo y el equipo económico discutan sobre cómo continúa el acuerdo en el 2023. El argumento de Massa, que escoltó a Alberto Fernández en un encuentro de casi una hora con la jefa del Fondo, es que ese desembolso extra de dólares en el otoño-invierno del 2022 debería ser contemplado cuando se defina la “prospectiva” del año próximo. Más simple: que el FMI flexibilice las metas de ajuste fiscal y monetaria y acumulación de reservas en el año próximo, electoral, al considerar que en el 2022 hubo un fenómeno exógeno de alto impacto que implicó erogaciones no previstas de casi U$S 5.000 millones.

Según confiaron fuentes de la comitiva oficial a elDiarioAR, en la conversación en el hotel Meliá de Bali, Indonesia, Georgieva anticipó que el FMI está dispuesto a analizar el planteo argentino. Aparecen, sin embargo, dos objeciones. Una general: que la guerra afectó a todo el mundo, por lo que no podría tratarse de una consideración exclusiva para la Argentina. “Sí, pero no todos los países tienen un acuerdo con el FMI”, dicen en el Gobierno. Otro puntual: en un análisis propio, el Fondo estima otro monto: calcula U$S 3.400 millones de costo, en vez de los U$S 5.000 millones del “paper” argentino.

Esa cuenta, citada por funcionarios argentinos, da un número menor porque observa que el Gobierno no instrumentó, como se había comprometido, una segmentación de tarifas que hubiese permitido una reducción del consumo de energía y, por derivación, de gasto en energía durante el otoño/invierno del 2022. Ese fue uno de los debates más duros dentro del oficialismo entre el ex ministro de Economía Martín Guzmán y el ex subsecretario de Energía Eléctrica Federico Basualdo, que respondía a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El informe que Massa le entregó a Georgieva fue elaborado por la mesa chica de Economía que comparten Marco Lavagna, Leonardo Madcur, Lisandro Cleri y Flavia Royón. El planteo surge luego de una actividad que el ministro compartió con Georgieva y el titular del Banco Mundial (BM), David Malpass, en los que se habló del “costo de la guerra para Europa”. De ahí surgió el planteo argentino que tuvo, como andarivel político, la postura de Fernández sobre el daño económico en el hemisferio sur.

El “paper” del equipo del ministro elabora la siguiente cuenta para concluir los costos económicos para la Argentina de la invasión de Rusia, país exportador de hidrocarburos y granos, a Ucrania, otra potencia agrícola: “La guerra en Ucrania provocó cambios importantes en el escenario económico mundial, lo que generó un impacto negativo de 4.940 millones dólares en la balanza comercial atribuido a un shock de base amplia en los precios internacionales del sector agropecuario (la soja subió 9,4%, el trigo 33,7% y el maíz 17,8%) y en los precios de los combustibles (el gas boliviano se encareció 114%, el natural licuado, GNL, que viene en barco desde Estados Unidos o Qatar, 233% y el gasoil 85%). El valor de las importaciones de combustible aumentó a US$ 5.756 millones, desde US$ 1.999 millones proyectados a precios de antes de la guerra, lo que resultó en un aumento neto de 3.757 millones. En relación al complejo agroexportador, las exportaciones netas fueron US$ 617 millones superiores a las proyectadas antes de la guerra”. Sin embargo, hay un matiz: “El costo de envío de exportación sufrió un aumento de US$ 1.800 millones con respecto a las estimaciones anteriores a la guerra”. Por eso, “el impacto final del aumento de los precios internacionales por el conflicto en Ucrania se estimó en US$ 4.940 millones”.

En otro capítulo se evalúa el impacto fiscal. “El shock en el precio de los combustibles generó un aumento en los subsidios energéticos transferidos por el Gobierno Nacional durante 2022”. Según estimaciones, se espera que las transferencias de subsidios asciendan a 1,7 billones de pesos este año. Así, el aumento de los precios de las materias primas a causa del conflicto se traducirá en un aumento de los subsidios por 587.934 millones de pesos. El costo extra sería menor si la Argentina hubiera eliminado antes las subvenciones a los que más tienen y hubiera reducido antes las ayudas a la clase media.

Massa admite un impacto beneficioso inicial de la guerra librada desde febrero en las exportaciones agrícolas, por el mayor precio de los productos básicos, pero advierte de que a partir de julio Rusia y Ucrania pactaron que se permita la salida de granos ucranianos, con lo que las cotizaciones bajaron. “Tras el estallido de la guerra, se produjo un shock generalizado de precios que incrementó los valores de venta de granos hasta mayo de 2022: soja: 9,4%, trigo: 33,7% y maíz: 17,8%. Sin embargo, en los meses siguientes se produjo una reversión de los precios como consecuencia de las medidas de los países para mitigar el efecto de la guerra, con un nuevo repunte en agosto de 2022”.

“Los aumentos en el precio del gas natural (un insumo clave para los fertilizantes nitrogenados) y de los combustibles líquidos (principalmente el diésel) tienen un impacto directo en el precio de la mayoría de los bienes agrícolas”, alerta el trabajo. “Asimismo, un factor determinante en este aumento es el incremento de la relación insumo-producto de la producción agrícola: a pesar del alza en los precios de los granos, la cantidad de grano necesaria para comprar una tonelada de fertilizante aumentó, manteniéndose en niveles superiores a los observados antes de el conflicto.” Ni que lo hubiera escrito un productor agrícola en contra de que le cobren menos impuestos.

En cuanto a los precios de fertilizantes, “se estima que Argentina importa el 70% de los necesarios para su producción agrícola”. “Suponiendo importaciones para 2022 iguales a las del período 2020-2021, y manteniendo los precios actuales durante el primer semestre de 2022, las importaciones de fertilizantes ascenderían a US$ 4.400 millones para todo 2022. Esto representa un incremento del 93% con respecto a las importaciones en 2021, que ascendieron a USD 2.285 millones (considerando que 2021 fue un año récord en consumo de fertilizantes).”

Por último, los valores de los fletes también se encarecieron. “Como resultado de la salida de la pandemia y la guerra en Ucrania, el costo del flete marítimo ha aumentado para el período 2021-2022. Estas tarifas de flete más altas se pueden atribuir a los cuellos de botella posteriores a la pandemia. La Bolsa de Cereales de Rosario estima un incremento en los costos de las exportaciones totales de cultivos cercano al 62% respecto a la campaña 2020-2021, lo que representa un incremento de US$ 1.850 millones. En cuanto a las importaciones, la misma fuente estima un costo adicional de US$ 1.217 millones para las importaciones en 2022.”

PI-AR.

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