Entrevista

Mariel Fernández, intendenta de Moreno: “El conurbano tiene una dimensión ancestral que está ahí todavía y que es la comunidad”

La intendenta de Moreno, Mariel Fernández

Mariel Fernández es la primera intendenta mujer del partido de Moreno. Su triunfo significó la conquista del más importante cargo obtenido por un referente de los movimientos populares en elecciones generales. Con 44 años gobierna uno de los municipios más empobrecidos del conurbano bonaerense. El último censo de 2010 contó medio millón de habitantes, pero las proyecciones actuales estiman unos 700.000, crecimiento fundamentalmente sostenido en la expansión y creación de asentamientos urbanos. Moreno se encuentra dentro de los siete partidos que alcanzan un valor de Necesidades Básicas Insatisfechas alto porque supera el promedio del conurbano en las cinco dimensiones del indicador: vivienda de tipo inconveniente, vivienda sin baño, hacinamiento crítico, hogares con niños en edad escolar (6-12 años) que no asisten a la escuela y hogares con cuatro o más personas con miembro ocupado y jefe de hogar con bajo nivel educativo (dificultad para garantizar la subsistencia). 

Recorrer la vida de Mariel Fernández desactiva cualquier reflejo miserabilista. A partir de su historia hablé con párrocos, manzaneras, compañeras de la organización comunitaria. Ese tejido de voces muestra capas superpuestas y marcas subjetivas.

Las manzaneras, por ejemplo, que reivindican la asistencia como un acto de amor, por fuera de la política, pero a la vez son indisociables del trabajo del cuidado y el valor que crea la organización comunitaria. Las fábricas cerradas y la economía popular como concepto y acción desde abajo. Una Iglesia que descalifica las ocupaciones. Otra que se instala en las tierras tomadas. El evangelismo que crece. Mariel nombró una mujer evangelista como responsable de culto, que brinda capacitaciones a las pastoras para intervenir en situaciones de violencia de género. La violencia desatada del narcomenudeo. Los espacios creados en los barrios para curar y proteger a los jóvenes. Las ollas que se multiplican en un santiamén, como ahora. Y esos ciclos largos donde la política vive temiendo el estallido mientras el conurbano es un gran interrogante.

Una vida en Moreno

Mariel vivió toda su vida en Moreno y buena parte en Cuartel V, un conjunto de barrios alejados del centro. “Cuando era chica vivíamos en una casillita de madera vieja mientras hacíamos la casa de material. Pero yo fui a una escuela del barrio con 100% de subvención, era privada y bastante exigente. El que podía hacía ese esfuerzo y en general el trabajador en blanco mandaba a sus hijos ahí y yo sentía mucha vergüenza de mi pobreza. Mis compañeros eran hijos de obreros pero tenían casa de material y eso nos diferenciaba. No lograba comprender esa desigualdad a pesar de que éramos todos hijos de trabajadores”, dice.

Con padre albañil, Mariel recuerda a su mamá calentando ladrillos y bolsas de tela rellenas de arena para aliviarle los dolores de espalda a este correntino que antes de migrar hasta Buenos Aires trabajó en el campo chaqueño, desde muy niño. Poco después de cumplir 40 ya tenía el físico dañado. Su mujer le propuso poner un kiosco polirrubro y él aceptó. Mariel habla con alegría sobre aquel tiempo (fugaz) en que quedaron atrás situaciones de violencia familiar y las carencias más extremas. “Mi papá era un tipo muy bueno pero, como los albañiles y la gente que viene del campo, tenía un consumo de alcohol”, relata. “Ellos recompusieron (la relación) cuando mi papá dejó de trabajar de albañil, porque se amaban mucho, ese amor estaba presente aunque se pelearan. Y siempre tuvieron una cuestión de mucho cuidado con nosotros, para que estudiemos y vayamos al secundario”. El 31 de diciembre de 1995, a los 47 años, su padre falleció como consecuencia de un asalto violento: “Unos tipos venían robando y le quieren sacar el auto para escapar. Prácticamente lo acribillaron”. Mariel tenía 18 años y fue quien le dio la noticia a su hermano más chico.

Hoy, dice Mariel, puede definir a su mamá como una trabajadora de la economía popular. Fue empleada doméstica y luego obrera en un taller textil que quebró a finales de los ochenta. Entonces se compró una máquina de tejer: “Es una mujer muy inteligente, aprendió sola. Durante años vendió miles de pulóveres para todo el barrio. De mucha calidad y muy hermosos. Y dejó de hacerlo cuando se empezaron a traer cosas importadas. Siempre las crisis nos golpeaban mucho por la falta de trabajo en blanco”.

Mariel asistió a ollas populares y comedores durante las sucesivas crisis económicas. Me lo cuenta Ana, manzanera del Barrio San Norberto. El entonces párroco de Cuartel V, Sergio Gómez Tey, reconstruye la etapa de Mariel como catequista y el bautismo de su segundo hijo: León. Al primero, Joni, lo adoptó en un hogar de niños en el que trabajó poco tiempo después de la muerte de su padre. 

Un documental sobre la vida de Mariel Fernández, que se estrenó el último 9 de julio y alcanzó las 100.000 vistas en un día, recupera los testimonios de su familia más directa, incluido el de Esteban “Gringo” Castro, su marido y compañero en el ambicioso armado comunitario que iniciaron juntos a comienzos de siglo. El Gringo es el actual secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, la organización que muestra una recomposición singular: lazo comunitario, identidad trabajadora, herramienta gremial y la idea vertebradora de masividad que Mariel desarrolla durante nuestra conversación. 

Durante la hiperinflación de Alfonsín “llegó a haber 200 lugares donde se daba de comer. La olla popular en la esquina con la bandera argentina puesta”, cuenta Gómez Tey. 

Ana tiene dos recuerdos más: el saqueo a un vecino que tenía un criadero de gallinas en el fondo de su casa y la deforestación fulminante de una zona rural de Cuartel V: “Es que todas las ollas que hacíamos en ese tiempo eran a leña; cuando volví a esa parte del campo no quedaban árboles, me impactó”. El 2001 les hace recordar las guardias que montaron en cada esquina, en especial los varones, para enfrentar saqueos que, según me cuentan, no llegaron. Mientras, las mujeres y los niños se refugiaron en las casas mejor terminadas. El 2001 superpuso muchas formas de final de juego.

Tras la muerte de su padre, Mariel comenzó a trabajar en El Colmenar, una mutual con una historia sorprendente. Los de Cuartel V, alejados y un poco olvidados, como dice Gómez Tey, crearon su propio transporte de pasajeros con tarifas más baratas y gratuidad para quienes la necesiten, que llegó a trasladar 12.000 pasajeros por día uniendo cuarenta barrios entre sí, entre otros servicios, como proveeduría, farmacia, un campo de deportes y un centro policultural.

“La experiencia comunitaria de El Colmenar fue fundante, mítica”, dice Eduardo Farrell, otro de los curas de Cuartel V que define así su función: “Yo me siento un pastor, un cura. Descubro que hay que acompañar a las personas pero también los procesos políticos y a las organizaciones. Mi tarea no es ser un militante sino bendecir y alentar todo lo bueno que hacen los militantes”. Farrell fue testigo directo de muchas tomas de tierra en Moreno y se enorgullece al reconocer el acompañamiento de la iglesia: “Hicimos primero una capilla que se llamaba San Roque Gonzalez. Después, de la mano de Misioneros de Francisco, hicimos otra: Santo Cura Brochero. Esas capillas y otras se hicieron en las tierras tomadas. Para mí esto tiene una significación enorme”. 

“En Moreno –dice Mariel– seguíamos con la idea de que no íbamos a quedarnos en un solo lugar con un trabajo prolijo y bonito, sino que íbamos a expandirnos porque ya teníamos el concepto de masividad”. El despliegue territorial abarcaba el Centro Cultural La Chicharra –con sus proyectos de Rutas Argentinas y el Taller de Leyendas–, un terciario, cooperativas de construcción, una radio, comedores y un sinfín de proyectos. 

En 2004-2005 decidieron dar el salto a la política e ingresaron al MTD, que poco tiempo después se transformó en una de las organizaciones sociales más grandes del país: el Movimiento Evita. A Mariel no le interesa armar relatos rosados sino ubicar las tensiones de ese proceso de confluencia: “Veníamos de distintas construcciones, el Evita venía más de una historia de montoneros, no de lo comunitario. Para Emilio [Pérsico] la militancia era el que iba al barrio, pero nosotros éramos del barrio. Yo sentía que nosotros, con nuestra concepción de identidad cultural, podíamos expresarnos y ser la conducción política de este trabajo. Nosotros siempre sentimos que podíamos hacer cualquier cosa, por eso soy intendenta, porque nos pusimos objetivos grandes”.

Mariel habla de su campaña electoral en 2019, en un momento dramático de Moreno, bajo gobierno macrista en nación y provincia y una desastrosa gestión municipal “propia”. 

Contabas sobre las tensiones con el Evita, cuyos cuadros venían de otra historia. ¿Qué otras tensiones encontraste en ese proceso de incorporación?

En el Evita tuvimos que lograr que se entienda que una experiencia comunitaria puede ser una experiencia política. Y después la pelea por el rol de las mujeres. A mí, sin estar vinculada al movimiento feminista, el tema de la desigualdad de la mujer me molestaba mucho. Después algunas compañeras del barrio empiezan a participar de los Encuentros de Mujeres y, si bien es muy diverso, yo no me sentía muy identificada con esa experiencia. Para mí se trataba de buscar cuál es nuestro feminismo. Y es el de las mujeres de la organización comunitaria, es el feminismo comunitario, con el que después, leyendo a Rita Segato, me recontra identifiqué. Todo eso tiene algo de indigenista, porque por más que yo sea gringa y una mezcla de orígenes, es esa cosa criolla e indigenista que está en los barrios, está todo compuesto por la cosmovisión de las personas que vienen de las demás provincias, del interior profundo de nuestro país. Eso es el conurbano, una dimensión ancestral que está ahí todavía y que es la comunidad. Me identifico con ese feminismo. 

Hay distintos feminismos porque hay distintas identidades y hay que respetarlas. Después, el machismo en la política es durísimo. En esta acumulación se genera cierto desorden y veo, por ejemplo, que en el Secretariado Nacional (del Movimiento Evita) somos dos mujeres, cada vez menos. Increíble, porque las mujeres somos mayoría. Ahora tengo poco tiempo para seguir batallando esas cosas, aunque siempre las planteo. En un momento habíamos avanzado, habíamos llegado a la paridad en los cargos. Un tiempo estuve a cargo del Frente de Mujeres de la Provincia de Buenos Aires, y estábamos aplicando el protocolo interno del Movimiento Evita. Había muchos cambios y me mandan a Moreno. Me dicen: “Estamos viendo que tal compañera podría hacerse cargo del Frente de Mujeres”. Me doy cuenta de que me están sacando. Vuelvo a Moreno, está bien, pero para qué, porque ¿cuánto más podía hacer en Moreno?, ¿un Estado paralelo? ¿Cuántos centros culturales más tenía que armar? Ya estábamos haciendo cooperativas de viviendas conducidas por mujeres arquitectas, capatazas. Por eso le dije a Emilio: como militante tengo la responsabilidad de transformar y creo que por lo que construimos estamos en condiciones de pelear por la gobernación de Moreno. Nadie me creyó, salvo Luis Cáceres (responsable en el Movimiento Evita de la primera sección electoral de la provincia).

¿Cuál fue tu armado electoral?

Moreno estaba muy mal. Nosotros habíamos construido una articulación con los movimientos sociales para enfrentar al macrismo, la crisis alimentaria y los aumentos de tarifas. Justo se daba que estaba María González de la CCC, yo estaba a cargo del Movimiento Evita y también había mujeres a cargo de Barrios de Pie. Estaba el MTL, nos llevábamos bien con ATE, salíamos juntos a la calle y justo fue lo de la explosión de la escuela 49, donde murieron Sandra y Rubén. Ya veníamos haciendo movilizaciones por el deterioro que había en las escuelas, no porque pensáramos que alguien se podía morir. Los movimientos veníamos denunciando, después se sumó SUTEBA y la CGT regional. Habíamos hecho tres movilizaciones por la crisis alimentaria; en las escuelas no se cocinaba porque estaban todas rotas: tenían mal el gas, los freezers. Entonces se nos llenaban los comedores. Cuando murieron Sandra y Rubén, los movimientos tuvimos un rol protagónico porque sostuvimos el acampe frente al Consejo Escolar. Los docentes no se iban a quedar a dormir ahí, el docente es docente, el compromiso troncal fue de los movimientos. Fue un momento muy difícil porque no había gobierno. El intendente no podía continuar, era un desastre. Ya lo sabíamos, pero al principio nos convocó a todos y tratamos de ayudar. Yo estuve un año y medio a cargo del Instituto Municipal de Desarrollo Económico Local y no pude tener una sola reunión con (el entonces intendente) Walter Festa. No le interesaba nada. 

¿Cómo se logró que hubiera PASO? Porque al principio no era una posibilidad, ¿no?

Acá nos decidimos primero las mujeres de los movimientos sociales. Como Moreno era un gobierno kirchnerista, aunque fuera desastroso, se suponía que no iba a haber PASO. Y dimos la pelea. Las distintas fuerzas que iban a conformar el Frente de Todos no se animaban; los varones no querían. Entonces hablo con las compañeras de los movimientos sociales y les digo “los tipos no se animan”. Lo que hicimos en ese espacio fue un acuerdo feminista. La próxima intendenta tiene que ser mujer, es una afirmación. Y todas nos vamos a sumar a la lista de la candidata con más posibilidades. Acordamos eso. 

¿Y cómo llevaron adelante la campaña electoral, algo completamente novedoso para ustedes en medio de candidaturas de varones muy empapados en ese juego político?

Claro, porque logramos la PASO pero se sumaron muchas listas. Walter Correa, Ishi tenía su candidato, Massa también, Festa tenía un montón de plata y nuestra lista era muy pobrecita en comparación. De hecho solo pudimos poner un cartel grande a la altura de Liniers y nos había alcanzado para un lado nada más. Todo lo demás eran mesas en barrios y casa por casa. Tres veces hicimos casa por casa y llegamos a todo Moreno. Ninguna otra lista tenía nuestro armado territorial. Es el despliegue de los movimientos sociales justamente, una historia de mucho arraigo en la comunidad: el Movimiento Evita, Barrios de Pie, la CCC, en ese conjunto éramos muchos. Así ganamos las PASO. 

Después de este triunfo definimos que no podíamos hacer la campaña tradicional porque la gente estaba muy mal, entonces empezamos a hacer jornadas solidarias y ahí se ve el contenido comunitario de nuestra propuesta. Eso generó mucha mística. Conseguíamos unos cascotes y en un bache inundado íbamos con palas. Así fue nuestra campaña política, un esfuerzo enorme. Y ganamos en todas las localidades. En la general soy la Intendenta más votada de toda la historia de Moreno; nunca el peronismo había ganado en Moreno centro y nosotros ganamos. Fue muy épico. Yo desde el escenario veía toda nuestra historia de militancia, estaban todas las pibas del Taller de Leyendas, los clubes de barrio, ese proceso de años de construcción estaba sintetizado ahí. 

Entonces Mariel intendenta…

A tres meses de asumir: pandemia mundial. Menos mal que tocó con nosotros. En definitiva nos íbamos a hacer cargo igual pero sin poder estar en los lugares de decisión. Este municipio ahora tiene superávit, cuando llegamos tenía 1.000 millones de pesos de deuda. Acá hubo mucha resistencia porque cuando asumimos ya sabíamos que teníamos que transformar la recolección de residuos, que se llevaba la mitad de la recaudación municipal y más a veces. Se contrataba a una privatizada para el servicio, que era carísimo, ineficiente. Como resultado de eso terminamos con 400 basurales a cielo abierto, barrios enteros en los que no había recolección y fue el empobrecimiento de Moreno. Era el concepto de hacer caja para la política, para comprar voluntades. Ese concepto horrible de la política que no genera nada; ahí no hay mística, no hay sueño común. Nosotros rompimos con todo eso, hicimos gestión, cambiamos el sistema de recolección, hicimos un sistema mixto, sacamos a la empresa histórica, El Trébol, que nadie podía creer que pudiéramos sacar. Fue un gesto importante para mostrar que venimos a hacer algo diferente, porque todos sabían que esa era la gran caja millonaria del municipio, de la política en realidad. Logramos ponernos de acuerdo con Camioneros porque tenía que ser con ellos, si no era imposible. Arrancamos con tres meses de deuda de la recolección que Festa no había pagado. Aparicio (secretario gremial de Camioneros) sugería traer otra empresa más barata. Pero le digo: “¿Más barata cuánto? No podemos, no tenemos”. Y entonces Pablo (Moyano) se compromete a acompañar, nos sugiere conocer una experiencia anterior de Avellaneda, una propuesta mixta entre la cooperativa de Camioneros y el municipio (ahora cambió, se municipalizó totalmente). Entonces los trabajadores se organizaron en esa cooperativa, se respetó el convenio de Camioneros y la antigüedad. Así y todo es más barato y el municipio se encarga de los camiones. Todavía estamos alquilando algunos. Pero a través del Ministerio de Ambiente y algunos ATN (recursos del tesoro nacional) completamos la flota. Es una propuesta que funciona muy bien: una zona es municipal, las demás son con esta propuesta y todos los barrios, incluidos los asentamientos, tienen recolección. Solo quedan exceptuados algunos por tener calles muy angostas. Para poder entrar ahí compramos un camión liviano. Es una propuesta integral porque estamos trabajando con los carreros, pusimos en funcionamiento la Planta de Separación Municipal, que se inauguró en la Intendencia de Mariano West y jamás se usó. Y sacamos varias tercerizaciones del municipio que no tenían sentido. Como la empresa TIPSA, que se llevaba el 31% de la recaudación de las tasas municipales. Moreno tenía en ese momento solo un 25% de recaudación, entonces ¿cómo te vas a llevar el 31%? Supuestamente esa empresa iba a asegurar un aumento de la recaudación, pero eso no sucedía. Desde que asumí aumentó del 25 al 65% la recaudación. Hoy tenemos superávit. Aunque es tal la gravedad de los problemas que no alcanza para nada, pero en principio los trabajadores cobran el primero de cada mes.

¿Cuánto es hoy el peso de los salarios en la recaudación?

Ahora los salarios de los municipales se pagan con recaudación propia, antes se usaba lo que venía para educación. Por eso no fue casualidad lo de la escuela, no solamente porque el macrismo no invirtió, sino que el estado municipal usaba el fondo educativo para pagar salarios y no para arreglar escuelas. Ahora los fondos que llegan para salud se gastan en salud, en educación lo mismo. Nosotros asumimos con deudas, no se le pagaba a nadie nada. Por supuesto que se pagaron solo las deudas que estaban documentadas.

Qué fixture tan difícil

Sí, hay que plantarse. Una quiere ganar todas las batallas. Pero ya haber sacado a El Trébol es muy importante, ahí se enojaron personajes del peronismo de muchos años (si bien hace mucho que se fueron del territorio y no expresan el mundo de Moreno, más que algunos acuerdos y algunos amigos empresarios). No voy a dejar de hacer cosas para mejorar la dignidad del pueblo. Fue muy importante Máximo (Kirchner). Juan Grabois me hizo el vínculo. Máximo ya tenía claro todo lo que estaba pasando acá. Le conté que quería ser candidata y lo invité a la inauguración del edificio Néstor Kirchner. Mirá qué paradoja: mientras en Moreno explotaba una escuela, el movimiento social inauguraba otra. Y ese mismo día me llaman para confirmar que Máximo vendría. Era un acto, pero el hecho político es que él había venido justo cuando se hablaba de la unidad del peronismo, entonces esa foto, más allá de que me ayudó en Moreno, trascendió mucho para afuera porque cortamos la cinta el Chino Navarro, Máximo, Leo Grosso y yo. Fue la foto de la unidad, una síntesis de la unidad que vino después.

Y hacia adelante ¿cuáles son tus iniciativas en un municipio con tantas familias en situación de pobreza y necesidades básicas insatisfechas? 

Hay propuestas estudiadas y elaboradas. Estoy conversando para presentar un proyecto legislativo de Reparación Histórica para algunos municipios. Porque el Estado mismo genera desigualdad y la coparticipación es hoy que los municipios pobres reciben poco y los ricos reciben mucho. Ya hay antecedentes con provincias. Moreno es un amor no correspondido, un municipio muy castigado que siempre votó al peronismo. Estamos presentando lo del aeropuerto de cargas. Para no ser el collar de melones de la provincia y la nación tenemos que promover iniciativas que nos permitan tener cierta autonomía. Es totalmente posible, estamos realizando el estudio de factibilidad con la Universidad de San Martín; hay inversiones privadas interesadas porque lo ven viable y hay estudios privados que confirman. Después está la propuesta de turismo de cercanía. Tenemos 1.000 hectáreas de parque natural que son hermosas, 300 hectáreas de bosque y uno de los espejos de agua más grandes de la Provincia de Buenos Aires. Es la cuenca alta, no está contaminada y es hermosa para explotación turística, estamos a media hora de la ciudad. Pero necesitamos inversiones. Son dos propuestas que impulsamos para que se pueda reconstruir un poco este distrito. Además somos capital del Plantín Floral, por eso el lema “Que nazcan mil flores”, y en honor a Néstor también. Acá se radicó una comunidad japonesa que trajo la producción del Plantín Floral, en su momento mucho más importante que la que está en Escobar. La mayoría de los productores de la Fiesta de la Flor residían y producían en Moreno. 

[Este texto es parte del libro en preparación El otro movimiento obrero. Una historia de la economía popular en la Argentina, de próxima aparición en Siglo XXI Editores]

PAM/CB

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