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El Plan P

Peleada con Karina, Patricia Bullrich prepara una gira por el interior del país y fantasea con una fórmula nacional

El abrazo de Javier Milei y Patricia Bullrich en la Catedral

María Cafferata

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No fue sin querer, y Patricia Bullrich lo sabe. El día del Tedeum por el 25 de mayo, Karina Milei mandó a la senadora a sentarse al fondo de la Catedral durante la homilía de Jorge García Cuerva. No la invitó a subirse al escenario frente al Cabildo ni la sumó a la comitiva de funcionarios –entre los que se encontraba el monotributista Santiago Caputo– que recorrió, entre risas y gestos triunfantes, la distancia entre la Casa Rosada y la Catedral. Un castigo por haber sacado los pies del plato frente al escándalo de Manuel Adorni. Un intento de disciplinamiento de la hermana presidencial que, en el bullrichismo, se tomó como un desafío para redoblar la apuesta. 

Karina se equivoca. No le conviene que Patricia se ponga en jodida”, advirtió uno de los armadores de la ex ministra que trabaja en su candidatura. Para jefa de Gobierno porteño, para vicepresidenta o para presidenta de la Nación. Todavía no lo tiene en claro, solo sabe que será candidata a algo. Y por eso colabora, junto a un pequeño equipo de comunicación que sigue a Bullrich a todos lados, en la campaña digital que convierte cada sesión en el Senado, cada recorrida por la Ciudad y cada reunión política en un videoclip musical o postal de campaña con la que busca perfilarse políticamente.  

Para Bullrich, la caída en desgracia de Adorni significó un disparo de largada. El escándalo patrimonial del jefe de Gabinete, a quien siempre despreció, le sirvió como excusa para diferenciarse del Gobierno sin dinamitar su relación personal con Javier Milei. Primero se diferenció en privado, llamando por teléfono al Presidente para recomendarle que echara a Adorni. Y después lo hizo en público, exigiendo la declaración jurada de Adorni en cada entrevista y aparición pública de las últimas tres semanas. Y, como frutilla del postre, presentó su propia declaración jurada, en una última apurada destinada a desarmar la estrategia dilatoria de Adorni, que insiste en que todavía tiene tiempo hasta el 30 de junio para presentar la suya. 

La hermana presidencial, a su manera, la castigó. Le hizo saber que no era más bienvenida en las reuniones de Gabinete y, luego, intentó correrla del álbum de fotos del Tedeum con el que el Gobierno intentó simular cohesión política en medio de las internas. Quiso borrarla de todas las imágenes, pero no lo logró. Bullrich terminó participando de la reunión de Gabinete el lunes y, el martes, participó también de la reunión de la mesa política. Pero no solo eso. 

La mesa política del Gobierno, este martes, en la Casa Rosada.

El 25 de mayo, después del Tedeum, Milei invitó a la ex ministra de Seguridad al balcón de la Casa Rosada y le dio un abrazo. Juntos, de la mano, Presidente y senadora saludaron al grupo de gente que se había reunido en Plaza de Mayo. La secretaria de la Presidencia les dio la espalda, pero el equipo de Bullrich fue más rápido y, casi como si lo estuviera esperando, le puso un epígrafe presidencial a la imagen. Ahí estaba la fórmula de La Libertad Avanza para 2027

Patricia federal

Perro que ladra no muerde. Están con impotencia porque no pueden vengarse, que operen y que la operación se caiga al poco tiempo. Lo único que van a saber todos es que presionan y después no pasa nada”, apuntó un dirigente bullrichista poco después de que la ex ministra hubiera abandonado la reunión de la mesa política en Casa Rosada, y remató: “Nosotros vamos a seguir haciendo la nuestra”. 

Bullrich está decidida a hacer oídos sordos a las críticas dentro del Gobierno. La senadora sabe que el único motivo por el cual Karina no puede echarla, además del hecho de que la banca en el Senado no está a tiro de decreto, es porque tiene un caudal de votos propios que la hermana presidencial necesita. La ex ministra tiene peso político propio y esta fortaleza es un pasaporte que le permite traspasar las fronteras de la verticalidad libertaria. Con Adorni y, ahora, con su nuevo objetivo: empezar a recorrer las provincias. 

Patricia Bullrich en Expoagro

El primer destino será Mendoza, a donde viajará a participar de un seminario de Inteligencia Artificial. La visita será la semana próxima y tendrá parada obligada en la Gobernación, en donde Bullrich se reunirá con Alfredo Cornejo, quien en 2023 casi la acompaña en la fórmula presidencial. Luego, viajará a Neuquén, Chaco y Santa Fe. El objetivo es mantener una intensa actividad política de acá a agosto, intercalando una agenda federal con su labor legislativa como jefa de bloque del oficialismo en el Senado. 

“Nosotros no pedimos permiso. Ella está grande como para ir avisando sobre su agenda”, provoca un dirigente bullrichista cuando se le pregunta si la ex ministra mantiene al tanto al partido o a su líder, Karina, de sus idas y venidas que parecen más propios de una candidata nacional que de una aspirante a la alcaldía de la Ciudad de Buenos Aires. 

Patricia Bullrich y Pilar Ramírez, mano derecha de Karina Milei en CABA

Bullrich no esconde que tiene poco interés en desembarcar en la Ciudad. “No le interesa tapar baches en la calle”, advierten en su entorno, aunque cumplen con las reglas de juego: cuando organizan una recorrida por la Ciudad coordinan con Pilar Ramírez, la jefa del oficialismo de la Legislatura porteña. El foco de la ex ministra, sin embargo, está en otro lado. Está en un cargo nacional.

En sus momentos más entusiastas, Bullrich se permite fantasear con una candidatura presidencial. Voluntarios que se ofrecen a colaborar en una estructura nacional no le faltan –hay empresarios que ya le ofrecieron recursos para la campaña y gobernadores dispuestos a colaborar con la pata territorial–, pero la ex ministra no quiere anticiparse. Falta mucho para las elecciones, advierten cerca suyo, y todavía Milei tiene posibilidades de reelegir. Y son pocos los que se animan a hablar de una candidatura por fuera de una boleta de LLA. 

El plan que más le seduce es el de la vicepresidencia. Bullrich cree que tiene mucho que aportar a una fórmula presidencial y que, a falta del trono mayor, puede contentarse con operar como la segunda a cargo. Ella no será Victoria Villarruel, advierten en su entorno, aunque no queda claro si es un gesto tranquilizador o una advertencia. 

“¿Vos te imaginás lo que sería Patricia de vice? ¿Quién le va a confiar?”, ironizó, risueño, uno de sus colaboradores más cercanos.

MCM/CRM

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