Los que trabajan con cáñamo, entre las críticas y las expectativas por el proyecto oficial de cannabis industrial

El diseñador cubano Valery Martínez Navarro confeccionando "Las Cañameras", unas zapatillas con tela de cáñamo.

Desde principios de los años 40 hasta la última dictadura, en la Argentina se cultivaba y procesaba cáñamo, una variedad del cannabis. Las telas, lonas y sogas hechas con su fibra se vendían en todo el país. Había una industria que fue desarmada luego de que una ley de Jorge Rafael Videla prohibiera las cosechas de la planta. Por esa norma aún vigente, los productores que quieren utilizarla para desarrollos de productos se encuentran con dificultades para conseguir la materia prima y, por lo tanto, deben comprarla afuera. La reciente presentación del proyecto del Gobierno, que busca regular la industria del cannabis, tiene la intención de cambiar ese escenario restrictivo. Para entender lo que pueda suceder de acá en adelante, elDiarioAr consultó a algunos de los que trabajan con cáñamo en el país para que expliquen sus experiencias y las expectativas que tienen con la nueva iniciativa oficial.  

Mariano Percivale estudió diseño industrial en La Plata. Había diseñado una colección de anteojos pero sentía que para completar el proceso debían ser sustentables. En 2014 comenzó a trabajar con el cáñamo. Compró en ferreterías unos retazos que se usan como juntas para las canillas en lugar de teflón. Le permitió hacer los primeros prototipos. Poco a poco perfeccionó técnicas y procedimientos y sus lentes ahora tienen calidad similar a los de las grandes marcas, pero con la enorme diferencia de que es degradable. En los últimos años, comenzó a vender a Holanda, España, Ecuador, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay, algunos de estos países, con mucha tradición de compra de productos relacionados con el cannabis. “Fuimos el primer exportador de cáñamo manufacturado industrialmente desde hace más de cuarenta años”, señala Mariano, en referencia a Gaia Eyewear, el emprendimiento que lleva adelante y que lo encuentra ahora en plena expansión hacia otros rubros, como el de autopartes, bicicletas o el desarrollo de helicópteros. “El cáñamo como material tiene unas ventajas enormes. Primero que es una planta muy noble, que no perjudica los suelos. Además, que se la puede utilizar para diseños muy diversos porque es resistente”, explica.

Mariano tiene algunas diferencias respecto del proyecto que presentó el 2 de junio el Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas pero también piensa que hay que apoyar porque es mejor uno imperfecto que lo que sucedía hasta ahora. “Me parece que en este momento hay que ser pragmático y no pensar en las diferencias que podemos plantear respecto de los huecos que tenga el proyecto. Veremos a medida que se discuta en el Congreso. Creo que lo importante es que por primera vez en mucho tiempo se está hablando de cáñamo. Cuando empecé a trabajar con cáñamo hace unos años nadie tenía idea de qué se trataba. Solo sabían que era sustentable porque yo se los decía. Para tener una industria del cáñamo se tiene que conocer. Cuando podamos plantar se va a abrir un abanico enorme de posibilidades. Vamos a poder investigar más, a probar más”, proyecta y reflexiona: “Nada entusiasma más que colaborar con la industria nacional, con generar laburo. Un país se desarrolla con manufactura, con exportación con ingreso de divisas. Todo eso lo tiene la industria del cáñamo, además de la convivencia del medio ambiente”, dice.

Las bautizó “Las Cañameras”, son unas zapatillas hechas con tela de cáñamo. En abril el emprendimiento se hizo público y la demanda fue enorme. El cubano Valery Martínez Navarro tenía una larga historia de diseñador de calzados. Llegó desde La Habana en 1998 y desde entonces incursionó en esa industria. Integrante de Acción Cannábica, quiso que sus trabajos tuvieran un vínculo con la planta. Para probar sus primeros modelos recibió del Proyecto Cáñamo un enorme mantel hecho de las fibras del cannabis. Lo aprovechó al máximo y sacó los primeros prototipos. En este momento, produce junto a dos personas que cosen las zapatillas. Para dar el salto espera qué es lo que vaya a suceder con el proyecto oficial, que en breve entrará al Congreso. “Tenemos expectativas de que el Estado apoye a los sectores pequeños, que no sea una industria que sea copada por grandes empresas privadas. Que prevalezcan empresas medianas y cooperativas. Necesitamos que el Gobierno escuche a los que venimos trabajando y tenemos experiencia con el cáñamo. Este es el momento para que despegue la industria del cáñamo. En la Argentina tenemos la tierra, una enorme industria textil, industria automotriz, biocombustible, todos desarrollos que pueden estar relacionados con el cáñamo. Puede ser una especie de insignia industrial nacional hacia el mundo”, analiza Valery.

Otro pionero en el uso de fibras de cáñamo es Martín Alonso. Hace más de 20 años que  trabaja en la industria textil y hace seis años que armó un emprendimiento en Pampa del Indio, Chaco, donde junto a integrantes de una comunidad Qom, llevan adelante un proyecto de producción orgánica de algodón. Con esa experiencia en el manejo de fibras fue experimentando y llegó al cáñamo después de que se lo sugiriera el cantante de Intoxicados, Pity Alvarez. “Un día me dijo: ‘Tenemos que hacer remeras de marihuana. Ninguno tenía entonces la información sobre las características de las fibras. Pero comencé a investigar y me di cuenta que tenía características que nos interesaban muchísimo”. 

“No podemos plantar pero sí importar y confeccionar. Los principales proveedores mundiales de cáñamo con China e India. Nosotros también trabajamos con unos productores de Los Ángeles. Estamos esperando que el proyecto de reglamentación nos permita desarrollarnos localmente, que realmente sea un paso hacia una producción nacional”, se esperanza Alonso. Además señala los problemas que tienen para procesar las fibras de cáñamo para sus remeras. “Las empresas que tienen máquinas para hacer la 'cotonización' no te toman cantidades más chicas. Si tenés dos o tres hectáreas ni vayas. Y son 4 o 5 empresas las que lo hacen, con lo cual quedás medio a su merced. Ahora nos juntamos con 500 productores, que hacen pañales, toallas, lencería, remeras y otras cosas. La unión cooperativista de los microemprendedores funciona para vencer esas dificultades que tiene la producción del cáñamo”, agrega el dueño de Stay True. 

Alonso es crítico del proyecto de Kulfas. Dice que puso el foco en lo medicinal y que el desarrollo del cáñamo aparece de manera secundaria. “Es básicamente una iniciativa para el cannabis medicinal a la que le metieron el cáñamo. La verdad es que debería ser tratado como cualquier otro cultivo. No entiendo por qué un Ministerio como el de Desarrollo Productivo y una Agencia se ocuparán de los dos tipos de cannabis. Me llamó la atención el silencio de Agricultura y que en la presentación apenas se hablara de cáñamo. Esperaremos para ver qué sucede, pero creemos que tienen que escuchar más a las organizaciones que vienen trabajando hace más tiempo con el cannabis”. 

La Cámara Argentina del Cannabis (ArgenCann) se encarga de promover la investigación, el desarrollo, y expansión de esa industria y sus derivados. Pablo Fazio es el presidente de la entidad y dice que su trabajo se multiplicó. Desde que Kulfas los invitó a participar de la presentación, todas las semanas tienen reuniones con socios nuevos y personas interesadas en invertir. Sospechan que en cuanto el marco regulatorio esté sancionado, la Cámara tendrá que ampliarse de manera obligada. “Ese será nuestro momento, lo estamos esperando. Creo que lo que sucedió es histórico porque no es habitual que se cree una industria por completo. Para nosotros el proyecto está bien estructurado. Se está tomando de ejemplo proyectos que funcionaron, no es algo loco. El texto de la ley permite cosas que hoy no son posibles en países como Colombia o Uruguay, como las bebidas con CBD, productos veterinarios y cosméticos”, sostiene Fazio. “Me parece que el anuncio despertó el interés de jugadores que miran la región y que en cuanto estén las normas definidas verán cómo intervienen”, explica.   

Desde Proyecto Cáñamo, otra de las asociaciones que trabajan sobre los usos industriales del cannabis, también observan en proyecto con expectativa pero quieren piden claridad respecto de cómo se va a llevar adelante. Creen que Argentina debe tener su propio modelo y piden que, en lo que tiene que ver específicamente con el cáñamo, lo mejor sería alejarlo del tratamiento que recibe el cannabis medicinal. “No debería ser sometido a discusiones penales porque el cáñamo no tiene psicoactivos, está permitido en todo el mundo. Meterlo en la misma discusión no tiene sentido. Sería más interesante que se discuta cuál serán los beneficios agrícolas para producirlo”, señala Diana Barreneche, integrante de Proyecto Cáñamo.

La última experiencia de cáñamo en la Argentina 

En 1941, en la localidad de Jáuregui, a 20 kilómetros de Luján, se creó la empresa textil “Linera Bonaerense S.A.”, fundada por el belga Jules Steverlynck. Una década después, la compañía comenzó a sembrar cáñamo industrial, convirtiéndose así en la mayor firma a nivel nacional en utilizar los beneficios de ese cultivo. Como cuenta el periodista Fernando Soriano, en su libro “Marihuana. De Manuel Belgrano a las copas cannábicas”, la empresa llegó a tener casi 2.000 empleados y en 1970 sembró 400 hectáreas, unas 400.000 plantas de cuatro metros de altura, algo irrepetible en la historia nacional. Con esa materia prima se hacían lonas, telas, sogas y aglomerados. En cada cosecha, llegaban peregrinaciones de trabajadores del interior, especialmente desde Santiago del Estero, para poder dar abasto a los requerimientos de producción de la Linera. Dos años después de la muerte de Steverlynck, en 1977, Videla promulgó la aún vigente ley 21.671, que prohíbe la plantación, cultivo y cosecha del cáñamo. Ese fue el ocaso del sueño cañamero en el país. 

“En Jáuregui todavía está la empresa cerrada. Sería interesantísimo que el Estado invirtiera y que algunas de esas construcciones sean reabiertas para el proceso de producción. Sería un símbolo tremendo. En ese lugar que cerró la dictadura volveríamos a sembrar y procesar el cáñamo”, se entusiasma Valery Martínez Navarro.  

AM/WC

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