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Feminismo ciborg o como combatir la desigualdad tecnológica

Efe Ce Ele, una de las artistas que estará en el Recoleta

Laura Haimovichi

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El diseño y la producción de tecnología se enlaza en forma directa con los imaginarios que dan forma al futuro. Pero ¿quiénes construyen lo que vendrá y cómo lo hacen? En general, son los hombres, dejando en evidencia el desplazamiento de la mujeres y diversidades en la toma de decisiones sobre ese tiempo por venir motorizado por la industria tecnológica.

 El Foro Económico Mundial prevé que, para 2030, el 77 % de los trabajos requerirá habilidades  tecnológicas. Hay una demanda creciente e insatisfecha en las ciencias, ingeniería y matemáticas, pero el déficit de mujeres en esos campos es notorio. Según la UNESCO, sólo el 35 % de los estudiantes de esas áreas son mujeres a nivel global. Y apenas el 25 % de quienes trabajan en el sector de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) son mujeres, según la ONU.

Esta falta de representación de ellas en el universo tecnológico arranca a edades muy tempranas y el panorama es aún más excluyente con relación a las diversidades de género. Los datos oficiales y las investigaciones de organizaciones feministas del tercer sector evidencian este analfabetismo digital, la ausencia de mujeres y disidencias de los lugares con poder para diseñar futuro.

 Este viernes 29 a partir de las 18 se debatirá esta desigualdad en el ciclo Feminismo Ciborg y Brecha Tecnológica, que tendrá lugar en el Centro Cultural Recoleta. La actividad será libre y gratuita y habrá un conversatorio, Género, educación y trabajo en TICs, con la participación de Steph Zucarelli de Women In Games y Nayla Portas, artista digital y docente especializada en temáticas de género. Participarán las artistas multimediales Sol Sarratea y Emilia Vega con una intervención audiovisual  en la que invitarán al público a una construcción colectiva explorando la marginalidad poética del software independiente y artesanal para desarticular discursos hegemónicos.

Asimismo, Sarratea dictará el taller Creación de videoarte con código y la artista Efe Ce Ele, que viene de una gira por España, Canadá y Colombia, cerrará con una performance transmediacreando música e imágenes con diferentes softwares. Utilizará recursos microbiológicos y digitales que generan entornos audiovisuales inmersivos. El concepto general es que no hay límite entre la naturaleza y ser humanx, hay que activar y reflexionar sobre la instalada Cuarta Revolución Industrial y analizar cómo se replica el abismal desbalance que afecta a mujeres y diversidades excluídas de los puestos privilegiados, para ampliar el campo de verdades.

El evento está organizado por Spam Arts, una plataforma productora de acciones que se presentó en sociedad en 2020 en el marco de Noviembre Electrónico, en el Centro Cultural San Martín. En 2021 organizó la experiencia artística-formativa Corporalidad y transterritorio. El pasado verano en la costa atlántica reunió a artivistas, VJs e investigadores y en Tecnópolis programó El código es nuestro, digitalidad Latinoamericanista. Este año, luego de Recoleta, convocarán acciones artísticas vinculadas al espacio público, promoviendo circuitos de encuentros en espacios no convencionales, inusuales para el arte digital, que provoquen investigar la ciudad y las actuales dinámicas de interacción de la comunidad.

 Luego de la pandemia, por ejemplo, el microcentro porteño se resignificó. Hoy hay geografías versátiles, en la periferia de la tradición y la costumbre artística, que pueden contribuir al desarrollo de una nueva identidad local a través de la tecnología y la creatividad.

Para la actividad en el Centro Cultural Recoleta programaron diferentes sets audiovisuales que muestran mapas de poder e identidad, problemáticas de género y critican el pensamiento dicotómico, binario.

La brecha digital de género se presenta en muchas áreas culturales, educativas y del mundo laboral, desde el acceso de las mujeres a internet, la baja presencia en carreras tecnológicas y en roles de conducción, hasta los salarios y las formas de liderazgo en la industria. La participación de mujeres y disidencias en colecciones de arte públicas y privadas sigue siendo menor con relación a los hombres. Y cuando aparece casi no se muestra. Vera Molar, en 1968, utilizó un ordenador para crear sus primeras composiciones algorítmicas, la programadora Cecilia Berdichevky, Mary Ellen Bute, Karen Paulsell, Narcisa Hirsh, Grete Stern, pasaron por esa situación y pocos lo recuerdan. El sesgo de género, además, impacta en las diferencias raciales y de clase social de manera interseccional.

La discriminación y la desigualdad de salarios por las mismas tareas, los trabajos de cuidado no remunerados, la falta de acceso a educación y tecnologías que imposibilitan alcanzar una independencia económica también son enfrentados por mujeres y otrxs géneros que sufren aún más la problemática.

Los informes de investigaciones oficiales y de agrupaciones feministas dan cuenta de esta brecha en el acceso y la participación de las mujeres en tecnología. Apenas un 30 % de quienes investigan en el mundo y un 35 % de los y las estudiantes de áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y/o matemáticas son mujeres. Solo el 16% de las mujeres tiene acceso al conocimiento de las TICs. Es imperiosa la necesidad de generar políticas con perspectiva de género esenciales para recalibrar esta situación, además de fomentar el interés en niñes y jóvenes por la tecnología. 

Para Marcela Andino, programadora de la jornada Feminismo Cyborg y Brecha Tecnológica que se hace en Recoleta el arte digital tiene una relación estrecha con la cultura desde sus orígenes en el Net.art. “Lo digital se ramificó entre una corriente que corre detrás de la innovación impulsada por el marketing y la obsolescencia, y otra, vista como nicho, que promueve el código libre, las hackatón y el cibercirujeo, es decir la reutilización y reciclaje de hardware. Son distintas premisas para vincularse con la tecnología. El diseño y la producción de tecnología tiene un lazo directo con la materialización de imaginarios que dan forma a la idea de futuro”, asegura. “El arte digital viene teniendo cada vez mayor anclaje en la escena cultural local, se convirtió en un canal para la creación. Con mirada crítica, las artistas alientan aprendizajes alternativos y comunidades de código abierto que circulan fuera de la red industrial”. 

“La falta de acceso a la economía formal, a la educación, a la salud, los lugares tradicionales asignados a las mujeres, que en su mayoría implican empleos mal pagos, son los principales obstáculos. Provocan la feminización de la pobreza. Mujeres que tienen un rol en la economía y a la vez son jefas de hogares, marcan un mundo más pobre que frena el crecimiento”, continúa Andino y advierte que “aunque el uso de los diferentes dispositivos parece posible para todas las clases sociales, la conectividad es una limitación, que se vio plasmada durante la pandemia. Esa falta de acceso profundiza la desigualdad”. 

Un informe del INDEC de 2020, con datos de accesibilidad de hogares distribuidos en 31 centros urbanos del país, indica que el 60,9% de ellos tiene acceso a una computadora, el 82,9% a Internet y el 84,3% a un celular, con igualdad entre hombres y mujeres (siguen faltando datos sobre otros géneros). Pero, el 80% tiene dispositivos de baja calidad que no les permiten realizar actividades relacionadas a la educación o el trabajo.

Fue la estadounidense Donna Haraway quien en 1983 publicó el ensayo Manifiesto Cyborg y examinó los discursos científicos y tecnológicos cómplices del patriarcado-capitalista-blanco. Ella introdujo la metáfora del cyborg para hablar de identidades y romper con binarismos de género, de construcción de conocimiento, de la posibilidad de apropiarse de las tecnologías que nunca son neutrales.

Los sistemas de símbolos, valores, creencias, ideas, no actúan individualmente y la innovación puede encontrarse en el arte. La pasada experiencia en Tecnópolis de una performance audiovisual de memoria incorporó el acordeón de une artista, con técnicas de sampleo y live coding sonoro de otrx. Fue una narrativa con imágenes del monte chaqueño, de donde es oriunde une y el conurbano bonaerense de otre, con las tensiones contradictorias de materia orgánica y digitalidad, ciudades y tierras no intervenidas, asimilación de culturas oprimidas y opresoras, el tiempo humano y el tiempo astral, la oralidad y la escritura.  

La democratización real de la vida digital, sugiere Nayla Portas, “implica salir del perfeccionismo y solucionismo tecnológico en el que se vive hoy y atraer a personas excluídas del imaginario Sillicon Valley. Dependemos del acceso y la inclusión que brinde el Estado”, para que la población marginada y empobrecida se expanda desde las redes, en un mundo que se pretende cada vez más conectado, pero cuya pobreza está feminizada.

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