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Investigan si hay una organización detrás de los casos de venezolanas víctimas de trata en Mar Chiquita

El momento en que se llevan detenido al entrenador de handball, en Mar Chiquita.

Alejandro Marinelli

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Las dos jóvenes venezolanas cuentan un relato similar. Las captaron a partir de un grupo de Facebook de compatriotas que buscaban emigrar de su país. Comenzó a escribirles un argentino que les prometió trabajo en cabañas de la Costa Atlántica. A una de ellas, la Policía Federal la encontró atada debajo de una cama en la localidad de Mar Chiquita. Al conocerse el caso, la segunda, que había sufrido lo mismo tiempo antes, decidió hacer la denuncia, con la idea de que ya no le vuelva a ocurrir a nadie más. Ahora la Justicia intenta determinar si detrás de esta captación hay una red que trae personas desde Venezuela y si el acusado era el primer enlace con una organización para prostituir a las víctimas. 

“Estamos vinculándonos con las fiscalías de los distintos países por los que las dos chicas pasaron para ver cuál es el tipo de información que ellos tienen sobre posibles organizaciones de tráfico de personas. Las dos fueron pasando por varios países hasta llegar a Bolivia. Queremos entender si el detenido era parte de una organización, porque durante el momento en que estuvo encerrada en su casa, apareció otra mujer venezolana y en conversaciones él mencionó a otra”, explica la fiscal federal de Mar del Plata, Laura Mazzaferri, que lleva adelante la causa. A los investigadores les resulta extraño que alguien con ingresos discretos pague al menos 1.000 dólares para el traslado a la Argentina de cada una de sus víctimas. El sospechoso es entrenador de handball de adolescentes en una escuela de General Pirán, a una hora de Mar del Plata. 

G. tiene 21 años, un hijo en su país y estaba buscando destinos para ir a vivir. No tenía trabajo ni profesión. Su situación era muy delicada y no veía un horizonte. Hace 8 meses, un hombre argentino de 52 años le escribió por Facebook. Las charlas se repitieron durante meses hasta que él le dijo que la quería ayudar. Le propuso que venga a la Argentina a trabajar en un resort, con la idea de que pudiera mandar dinero a su país y que luego podría traer a todos sus familiares. El arregló con una organización que se encarga de pasar gente por la frontera de San Antonio del Táchira a Cúcuta, del lado colombiano. Para eso, según le dijo, tuvo que pagar 830 dólares a una mujer. Luego le giró dinero para que ella tuviera para comer y dormir hasta que llegó a Mar del Plata. En el recorrido, la joven pasó además por las fronteras de Ecuador, Perú y Bolivia. 

En su declaración, ella dijo que escuchó que había otra mujer venezolana mencionada y que además otra apareció por la casa. Los investigadores están tratando de llegar a ellas. “Estamos investigando si detrás de él hay una organización. Es probable que haya otras víctimas. Estamos tratando de entender la envergadura y la habitualidad con que este hombre cometía estos hechos”, agrega Mazzaferri. 

La liberación de G.

El 15 de marzo la joven llegó al país. Los días pasaron y de la oferta laboral no había noticias. Fueron tres semanas con distintas excusas. El abusó sexualmente de ella varias veces y decidió atarla bajo una cama cada vez que ella se iba. La víctima había traído un teléfono que le había dicho al llegar que no funcionaba más, por eso él no se lo quitó. Ella lo cargó a escondidas y llamó a la Policía Federal. Como no tenía idea de dónde estaba, los agentes le dijeron que abriera el Google Maps. Así les dio la orientación y el nombre del captor. A las pocas horas, la fiscal consiguió la orden de allanamiento. Luego detuvieron al entrenador.

Al conocerse el caso, W. de 27 años, también decidió denunciar lo que le había pasado en noviembre. En un relato casi calcado llegó a la Argentina pero vía Mendoza. Ella tiene dos hijos en Venezuela y es diseñadora gráfica. A diferencia de la otra víctima, W. discutió un día, le sacó la computadora que él le  había quitado y salió corriendo a la calle. El la persiguió pero pasó un patrullero y la víctima se acercó a unos policías. Entonces, el entrenador se fue. Los dos policías, la ayudaron a que llegara a Buenos Aires, donde ella tenía un conocido, pero nunca le tomaron la denuncia. Hasta que en abril, una amiga le mostró una información de la otra joven liberada.

Por el primero de los hechos, la fiscal Mazzaferri pidió el procesamiento con prisión preventiva. Lo acusa por los delitos de trata de personas bajo la modalidad de captación, transporte y recibimiento agravado por el abuso de la situación de vulnerabilidad, en concurso real con abuso sexual agravado.

Durante el tiempo que ellas estuvieron cautivas, el detenido les decía de manera sistemática que tenían una deuda con él por haberlas traído y que para irse le iban a tener que pagar. Tanto el ofrecimiento de dinero para salir, como el reclamo para tenerlas bajo control son rasgos del accionar de quienes cometen el delito de trata. Ese mecanismo extorsivo, sumado a la situación de aislamiento, encierro y explotación generada a la víctima, terminó de completar la calificación legal.  

La semana pasada fue la indagatoria por el segundo hecho, aún se espera la decisión de la Fiscalía luego de que analice esa declaración. En la computadora del argentino aparecieron los datos de otra mujer venezolana. En varios grupos de Facebook en los que personas de Venezuela buscan destinos fuera del país se informó sobre el caso: primero para alertar a otras mujeres y para que si aparece alguna nueva víctima lo denuncie a la Fiscalía Federal Nº1 de Mar del Plata. 

AM

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