La jubilación ya no alcanza: cada vez más adultos mayores salen a trabajar y engrosan el empleo precario
El mercado laboral muestra un crecimiento de la actividad que, lejos de reflejar un dinamismo generalizado, se apoya en la incorporación de adultos mayores. Según el último informe del Instituto Argentina Grande (IAG), la tasa de actividad alcanzó el 48,6%, el registro más alto para un tercer trimestre desde 2016. Sin embargo, el documento advierte que esa suba responde en gran medida a que cada vez más jubilados vuelven al mercado laboral para complementar ingresos y cubrir gastos básicos.
Entre las personas de 66 años o más, la actividad creció 11% interanual. El IAG define ese ingreso como “supervivencial”, es decir, no responde a una elección sino a la erosión del poder adquisitivo de los haberes previsionales.
Los ejemplos abundan. En la Ciudad de Buenos Aires, Marta Beatriz Fernández, 75 años, jubilada de la administración pública porteña, empezó hace un año a limpiar casas de conocidos en Caballito y Almagro.
“Trabajé 35 años en el Estado. Cuando me jubilé pensé que iba a estar justa, pero tranquila. Con lo que cobro hoy no pago medicamentos, expensas y supermercado”, cuenta.
Hasta hace poco, sus dos hijos la ayudaban a completar gastos. “Ahora ya no pueden. A uno le nació el segundo hijo hace tres meses y están con la soga al cuello. Entonces yo salgo a limpiar para sostenerme y si puedo les doy una mano”, explica la mujer que trabaja cuatro veces por semana.
La escena se repite en distintos barrios porteños. “Muchísimos jubilados y jubiladas o pensionados están trabajando en limpieza, cuidado de enfermos, venta ambulante, jardinería y otros rubros”, señala Nora Biaggio, docente jubilada y referente del Plenario de Trabajadores Jubilados.
Con una jubilación mínima que, con el bono incluido, ronda los 429.000 pesos, “nadie puede vivir un mes”, afirma. “Solo los medicamentos, que ahora hay que pagar, insumen la mayoría de los haberes”.
Trabajo por necesidad
El IAG vincula el fenómeno con el encarecimiento de medicamentos y servicios de salud, así como con la pérdida de poder adquisitivo de las jubilaciones. En paralelo, el trabajo desprotegido alcanza al 44,2% de los ocupados y supera por primera vez los 6 millones de personas.
La precarización también atraviesa a Raúl Osvaldo Benítez, 80 años, que vive en un departamento alquilado en Chacarita. Durante cuatro décadas trabajó en una imprenta en la Ciudad. Se jubiló hace 15 años, pero desde 2024 maneja un Uber al menos ocho horas por día.
“Si no salgo a trabajar, no llego al alquiler. Así de simple”, dice. “Entre el alquiler, las expensas y la comida, la jubilación se me va en cinco días”.
Raúl arranca a las 10 de la mañana y vuelve por la tarde. “Es cansador y triste. El cuerpo no es el mismo. Pero no me queda otra”, agrega.
Biaggio advierte que esa inserción se da casi siempre en condiciones informales. “Son empleos en negro. Es además un sobreesfuerzo que hacen los mayores, teniendo que desplazarse, cumplir horario y sostener tareas físicas exigentes”, sostiene. “El dato de crecimiento de la actividad es un síntoma de deterioro social, de ninguna manera puede ser un indicador de recuperación económica”.
El avance del “desempleo encubierto”
El dossier del IAG también incorpora un indicador de “desempleo encubierto”, que incluye a quienes buscan trabajo pero solo consiguen ocupaciones de pocas horas y alta precariedad. La tasa asciende al 13,8%, más del doble del desempleo oficial (6,6%).
En el caso de los jubilados, el desempleo encubierto creció 34,1% interanual, reflejando que muchos necesitan trabajar más horas para sostener ingresos básicos.
Mientras tanto, la actividad de los jóvenes de entre 18 y 26 años cayó 1,6%, lo que refuerza el carácter atípico del fenómeno: el mercado laboral no se expande por dinamismo económico sino por la necesidad de los adultos mayores.
“Yo ya trabajé toda mi vida”, dice Marta. “No tendría que estar limpiando casas a los 75”.
“Es realmente triste tener que hacer de chofer a los 80 años”, coincide Raúl. “Pero qué otra cosa puedo hacer”.
Para Biaggio, el cuadro es claro: “No estamos ante jubilados que buscan mantenerse activos. Estamos ante personas que, después de haber trabajado décadas, vuelven al mercado porque la jubilación no alcanza para vivir”.
LN/MC
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