Súper Niño: qué es y cuáles son los impactos en la Argentina
¿Qué son El Niño y un “Súper Niño”?
El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre en el océano Pacífico ecuatorial. Se produce cuando los vientos habituales se debilitan y las aguas superficiales del centro y este del Pacífico se vuelven más cálidas de lo normal. Ese calentamiento modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo.
“Súper Niño” no es el nombre de otro fenómeno ni una categoría científica oficial. Es una expresión utilizada para referirse a un evento de El Niño excepcionalmente intenso. En la clasificación utilizada actualmente por la NOAA, (National Oceanic and Atmospheric Administration, por sus siglas en inglés) corresponde a un calentamiento igual o superior a 2 °C en la región del Pacífico que se utiliza para medir su intensidad.
Los eventos de El Niño suelen aparecer, en promedio, cada dos a siete años y generalmente duran entre nueve y doce meses, aunque cada episodio es diferente. Su presencia aumenta la probabilidad de determinadas condiciones climáticas, pero no permite anticipar con exactitud dónde ni cuándo ocurrirá una tormenta, una sequía o una inundación.
¿Cómo se relaciona con la crisis climática?
Si bien El Niño es un fenómeno natural, hoy ocurre sobre un planeta más caliente como consecuencia de la actividad humana y sobre territorios profundamente vulnerables, y sus impactos se vuelven más peligrosos. La crisis climática no crea El Niño ni permite atribuirle de manera automática todos sus impactos. Pero eleva las temperaturas de base, aumenta la cantidad de humedad que puede contener la atmósfera y agrava distintos eventos extremos.
A esto se suman territorios debilitados por la destrucción de humedales y bosques, la urbanización de zonas inundables y la falta de infraestructura adecuada.
Situación actual
El Niño está consolidado y continúa fortaleciéndose.
Según la actualización del 8 de octubre, la NOAA confirmó que El Niño continúa fortaleciéndose y estimó una probabilidad superior al 83% de que se mantenga con intensidad fuerte o muy fuerte hasta comienzos de 2027. Además, calculó un 83% de probabilidad de que alcance una magnitud histórica durante octubre-diciembre de 2026.
Por su parte, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que El Niño ya presenta una intensidad fuerte y estimó un 100% de probabilidad de continuidad durante octubre, noviembre y diciembre. Estas proyecciones se refieren a la evolución del fenómeno, no a la probabilidad de inundaciones en Argentina.
¿Qué puede significar para Argentina?
En Argentina, El Niño suele aumentar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal principalmente en el este del país, especialmente en el Litoral, el noreste de Buenos Aires y sectores de la región pampeana, sobre todo durante la primavera y el verano.
Esto no significa que vaya a llover más en todo el territorio nacional. En otras regiones del país la relación con El Niño puede ser más débil, variable o incluso diferente según la época del año y las características particulares del evento.
De hecho, durante 2026 ya se registraron señales de precipitaciones compatibles con los patrones históricos de El Niño en distintas regiones argentinas. Según un informe especial del SMN publicado en octubre, hasta septiembre el Litoral norte había acumulado excesos de lluvia similares a los observados durante eventos fuertes de El Niño. En el Litoral sur, se registraron precipitaciones inusualmente abundantes, especialmente durante julio y agosto, mientras que la región central también presentó lluvias superiores a lo normal. Sin embargo, los efectos no fueron uniformes: el centro-este de Buenos Aires registró precipitaciones inferiores a lo habitual.
A este escenario se suman las crecidas recientes de los ríos de la Cuenca del Plata. Según el Instituto Nacional del Agua (INA), durante octubre se registraron crecidas importantes en los sistemas de los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay. Al 13 de octubre, Puerto Iguazú y Paso de los Libres superaban sus niveles de evacuación, mientras que se proyectaban nuevos ascensos del Paraná en los días siguientes. La situación refuerza la importancia de contar con sistemas de alerta temprana, infraestructura adecuada y medidas de prevención que permitan reducir los impactos sobre las comunidades.
A su vez, en lugares afectados por la sequía, puede provocar recuperación de la humedad de los suelos y favorecer algunos cultivos, especialmente en zonas que tienen un buen drenaje. Pero también puede aumentar el riesgo de:
● lluvias muy intensas en períodos cortos;
● lluvias persistentes durante varios días;
● inundaciones urbanas y rurales;
● anegamientos prolongados en campos y zonas de llanura;
● daños en viviendas, escuelas, centros de salud, comercios, rutas, puentes y caminos rurales;
● evacuaciones y desplazamientos de familias que viven en zonas ribereñas o inundables;
● interrupciones del suministro eléctrico, del agua potable, del saneamiento y del transporte;
● contaminación de fuentes de agua y mayores riesgos sanitarios después de una inundación;
● impactos variables sobre la producción agropecuaria: las lluvias pueden mejorar algunos cultivos, pero el exceso de agua puede anegar campos, favorecer enfermedades, demorar las cosechas y dificultar el traslado de animales y mercaderías;
● problemas de abastecimiento y aumentos de precios cuando las pérdidas productivas o las dificultades logísticas son importantes;
● erosión y degradación de los suelos;
● daños y desplazamientos de fauna en ambientes ya degradados o fragmentados;
● mayor exposición de las comunidades que viven en zonas inundables;
● mayores pérdidas económicas para las familias, los productores, los comercios y el Estado.
Hoy existe un escenario suficientemente relevante como para seguir las actualizaciones del Servicio Meteorológico Nacional y exigir medidas preventivas antes de que ocurran los impactos.
El Gobierno Nacional puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027 para la Cuenca del Plata, orientado a organizar acciones de prevención y respuesta frente a posibles inundaciones, crecidas y otras emergencias hidrometeorológicas.
Si bien es un paso necesario para prevenir y mitigar, no reemplaza las medidas estructurales que también deben implementarse antes de que lleguen estos eventos climáticos: infraestructura adecuada, ordenamiento territorial, protección de humedales y bosques, fortalecimiento de los organismos científicos y políticas de Estado para reducir las emisiones que agravan la emergencia climática
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