Entrevista

Autocrítica de un influencer que quiso ayudar y terminó en un patrullero: "Me falta marco teórico y aprender a escuchar"

Santiago Maratea en Misión Chaqueña.

“Sí, varias autocríticas. Son todas constructivas y todas apuntan a lo mismo: tengo muchas ganas de mover algunas estructuras que generan injusticia. En la mitad me falta marco teórico y aprender a escuchar. Ser menos pasional, a veces, y más inteligente”, dice en un audio Santiago Maratea a elDiarioAR

La versión digital de muchos influencers es fácil y gratuita porque basta con chequear su perfil en alguna red social, sobre todo Instagram. Pero dar con ellos es difícil. Santiago se excusará: “Soy el peor con el teléfono” e indicará contactar a una miembro de su team “si la cuelga”. Pero resulta que es viernes y acepta responder unas preguntas vía WhatsApp. 

Esa es otra rareza. Del rostro hegemónico, de diseño, que luce cuando mira a la cámara frontal del teléfono, que afirma cuando se tira el zoom encima, que confirma cuando chivea una espuma de limpieza, a su voz, tan nítida salvo por el trino de los pájaros que se oyen de fondo. No son las mejores condiciones para una entrevista, pero acordamos.

Santi Maratea fue el chico que protagonizó una de las polémicas de la semana. La versión resumida de la controversia podría ser así: se le ocurrió donar una ambulancia a Misión Chaqueña, una pequeña localidad del norte salteño habitada por la comunidad wichí; posteó una storie invitando a sus seguidores a donar 10 pesos; en tres días recaudó 3 millones de pesos, una marca le dio, además, otra camioneta, y juntó ropa y alimentos que llenaron un camión de mudanzas; viajó a Salta; integrantes de otras comunidades wichís de la zona desconfiaron; hubo una asamblea en la que un cacique y otros referentes plantearon otras necesidades y también cuestionaron que esas donaciones fueran destinadas solo a un pueblo... Maratea debió salir escoltado por la policía. Querido lector, querida lectora: ahora puede respirar.

En un video posterior al viaje Maratea dirá que "fue el viaje más intenso de su vida". Lo suyo fue un récord y un gesto muy noble. Pero no contó con organización en territorio ni con conocimiento sobre la cosmovisión de quienes habitan ese territorio. La Fundación Pata Pila, que era la mediadora “administrativa” de la donación, se bajó luego de la pueblada. El intermediario entre el influencer y Misión Chaqueña fue Omar Gutierrez, un joven wichí que con mucho esfuerzo se instaló en Buenos Aires, en 2017, para estudiar Abogacía. El año pasado, la pandemia lo dejó sin trabajo y le escribió a Maratea pidiéndole ayuda. El influencer, conmovido, posteó la cuenta bancaria del estudiante: juntó medio millón en dos días. Las camionetas y el resto de las donaciones quedaron en Misión Chaqueña, a cargo de Omar.

En WhastApp la pregunta para el influencer es si siente cierto “poder” de convocatoria y, por supuesto, de recaudación: “Más o menos. Porque el poder no es tan mío, sino de la campaña. ¿Hubiera juntado la misma cantidad de plata si era para comprarle un pasaje a Cancún a Charlotte Caniggia?”.

Plata y redes

Santiago Maratea fue, primero, tuitero. Con el posteo de chistes desde su habitación de adolescente en San Isidro logró 50 mil seguidores. Después se mudó a Instagram. Su hit fue filmarse mientras se tiraba una tostada untada con dulce de leche en la cara. Con los días, reemplazó el dulce por líquido: un enchastre de jugo o leche o agua. En medio pasó a Youtube. Su canal sumaba 5 mil suscriptores por mes. Para 2015, Maratea tenía claro que la exposición fuera de los medios tradicionales podía ser un trabajo

El 2020, el año de la pandemia, fue su explosión mediática. Invitado al programa El precio justo, fumó marihuana en el baño de Telefé, experiencia que compartió vía Instagram. Condujo el programa Generación Perdida, por Vorterix, hasta octubre. Hubo versiones sobre su salida: que el dueño de la emisora, Mario Pergolini, lo desplazó; que él decidió irse porque “soy pendejo, quiero seguir tocando puertas y creciendo”. Cuestionó el uso despectivo de la palabra “mogólico”, también vía Instagram, y #MogólicoNoEsInsulto se convirtió en tendencia en Twitter. 

También invitó a reflexionar sobre la masculinidad tóxica. Y llegó a vender unos ejemplares de “Concha Potter”: tomó los libros de la saga de J.K Rowling, tachó el nombre Harry y lo reemplazó por “concha”. Un ejemplar fue vendido en 20 mil pesos. Se asoció con Yanina Latorre y otros influencers e hizo un “show” vía streaming al que llamaron Hashtag en vivo. La idea era monetizar las charlas que ofrecían gratis y para todo público en Instagram. Las entradas, a 400 pesos, volaron. Maratea se divierte y hace plata. A los 26 años, es uno de los influencers mejor “cotizados” de la Argentina, al punto de vivir exclusivamente de las redes sociales.

¿Sos un provocador?

Más que un provocador, me defino como un jugador. La provocación es una herramienta para el juego. Me gusta jugar con la contradicción. Me gusta ser, por momentos, lo más parecido a un chico facherito y medio pelotudo. Y por otros, poder defender una idea con argumentos y llevar un proyecto a cabo que genere un impacto positivo. Y después de eso ser un arrogante al que parece que le importan los likes. Y después de eso intentar meterme en algo donde el foco de la agenda mediática no está puesta y yo por ahí lo puedo lograr. Me gusta jugar. A veces provocar es parte de la receta.

¿Tiene un costo exponerte tanto?

No lo registro. No sé, no me imagino de otra forma. Lo llevo bien. No me imagino “no público”. También tiene que ver con mi edad, siento a la red social como parte de mi dinámica, como parte de mi vida. Pero tengo una intimidad. Mi intimidad es todo un mundo. No expongo todo. Pero exponer no me da miedo ni me parece un esfuerzo. Ya me acostumbre a que todos van a opinar. Son ajenas a mí. Es gente opinando de algo que… bueno: justo soy yo.

¿Por qué te sigue tanta gente?

Ya sé que es re aburrida mi respuesta, pero… Yo no sabría decirte por qué. Si te puedo decir que en este último caso (N. de la R.: se refiere a la campaña de recaudación para la comunidad wichí de Misión Chaqueña) este país está muy dispuesto a ayudar. En este último caso fui más una especie de instrumento. La gente me siguió en ésta porque era una movida que representaba la predisposición de la Argentina para ayudar a los más necesitados y salir adelante.

“Mi proyección a futuro siempre es en una casa en el sur con toboganes. Por ahí me lleva cinco años, por ahí me lleva diez. No proyecto más que eso”, sigue Maratea. Sí está seguro de su próxima plan: retomar Mil pesos de propina, una programa que ya hizo y transmitía por Twitch. La idea es ver (mejor dicho: que veamos) cómo pide una pizza y juntar dinero entre los que siguen el vivo hasta que llegue el chico del delivery. Una vez la propina fue de 35 mil pesos. Dice que ese plan lo tiene entusiasmado. La vida en redes.

VDM

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