Día clave

El último paso de la misión Artemisa II tras rodear la Luna: cómo ver en directo el regreso de los astronautas que hicieron historia

Antonio Martínez Ron

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A escasas horas para amerizar sobre el Pacífico, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen repasan los procedimientos finales y empaquetaron todos sus equipos para su regreso a la Tierra. La llegada se producirá alrededor de las 20 de este viernes (hora argentina) y pondrá fin a un viaje espacial de diez días, el primer vuelo tripulado tras las misiones Apolo y el preludio, según la NASA, al establecimiento de futuras bases lunares. Se podrá ver desde este link.

Tras completar su sobrevuelo lunar y convertirse en los seres humanos que viajaron a mayor distancia, los tripulantes de la cápsula Orión dedicaron parte de su tiempo a ensayar el pilotaje manual de la nave y a probar un traje especial “anti-G” que visten debajo de su indumentaria, diseñado para ayudar a mantener su tensión arterial dentro de los márgenes correctos durante el severo impacto del descenso.

Últimos ajustes para la reentrada

Desde que la cápsula superó la cara oculta de nuestro satélite y completó la inyección translunar, la tripulación viaja de regreso hacia la Tierra inmersa en una trayectoria de retorno libre que aprovecha la gravedad como vehículo natural. Durante estos días de tránsito por el espacio profundo, el Módulo de Servicio Europeo (ESM) tuvo que encender sus motores para realizar correcciones en la trayectoria orbital.  

El momento decisivo de la reentrada comenzará cuando el módulo de servicio, que proporcionó propulsión y soporte vital a los tripulantes, se separe de la cápsula y se queme de manera programada en la atmósfera. A partir de ese instante, la supervivencia de los astronautas dependerá en exclusiva del escudo térmico de la Orión. Esta protección deberá resistir la brutal fricción contra la atmósfera a velocidades vertiginosas, soportando un calentamiento extremo que rondará los 1.650 ºC. Este componente es uno de los que más inquietud genera, ya que durante la misión no tripulada Artemisa I el escudo térmico sufrió una degradación superior a la prevista, motivo por el cual la NASA ajustó el perfil de la reentrada actual intentando evitar daños similares.

Unos minutos de infarto

Durante este descenso, el intenso calor bloqueará por completo las señales, sumiendo a la nave en unos minutos de apagón de comunicaciones y tensa espera para el control de misión. Una vez que la Orión sobreviva al pico térmico y pierda altitud, comenzará una espectacular coreografía para frenar su caída libre: la nave desprenderá su cubierta protectora y desplegará una precisa secuencia de once paracaídas en total (incluyendo paracaídas de frenado, piloto y tres principales de 35 metros de diámetro). Este sistema reducirá de forma drástica la velocidad de la cápsula hasta depositarla en el agua a unos suaves 27 km/h.

Si todo sale como está previsto, en torno a las 20 de este viernes, la cápsula amerizará en las aguas del océano Pacífico, frente a las costas de San Diego. Allí, un amplio operativo compuesto por buques y personal especializado de rescate de la NASA y del Departamento de Defensa aguardará su llegada, preparados para asegurar la integridad de la nave y extraer a la tripulación en un margen de tiempo que no superará las dos horas.

De completarse con éxito, este amerizaje pondrá fina una misión que salió casi a la perfección y sin sobresaltos. Artemisa II batió el récord absoluto de lejanía de la Tierra que ostentaba el Apolo 13 (llegando a unos 406.000 kilómetros), y permitió por primera vez a una mujer, un afroamericano y a un ciudadano no estadounidense (el cándense Hansen) contemplar un sobrevuelo por la cara oculta de la Luna que dejó imágenes espectaculares

La expedición también validó el rendimiento del soporte vital de la cápsula Orión y albergó experimentos médicos pioneros, como el sistema de órganos en un chip AVATAR. Todo ello conforma un ensayo general impecable que, según la NASA, sienta las bases técnicas para el regreso inminente de la humanidad a la superficie lunar y, más adelante, para el gran desafío de pisar Marte.