Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
A cargo de Lebón y Aznar

La vuelta de Serú Girán: réquiem del rock nacional y Charly García en cada canción

David Lebón y Pedro Aznar se hicieron cargo de la versión 2026 de Serú Girán, que ya llenó siete Movistar Arena y va por el octavo.

Mauricio Caminos

0

Qué estamos esperando para recibir amor... Serú Girán lanza su botella al mar con David Lebón en la voz y Pedro Aznar en la guitarra y comienza así el viaje en el tiempo al que invitan dos de los miembros fundadores de la primera gran banda del rock nacional. A casi 50 años de su debut, el trayecto será una celebración con bordes de nostalgia por el cuarteto que lideró Charly García y completó también Oscar Moro. Ausentes ellos dos, están presentes en el aire esta noche en el Movistar Arena.

Es que la versión de Serú que armaron para este año Lebón y Aznar poco hace extrañar al sonido original. Y el público lo aplaudió. Ya agotaron siete recitales –el último fue el domingo pasado– y sumaron una noche de cierre extra para fin de año.

Lebón y Aznar, en el show de Serú Girán el domingo pasado.

“Parado en el medio de la vida”, del disco Peperina, funciona como primera parada del viaje, con Lebón y Aznar solos en el escenario. Uno, el compañero de Charly en su incursión a Búzios, Brasil, a fines de los 70, luego de haber cerrado el ciclo Sui Generis y tras el experimento de La Máquina de Hacer Pájaros. El otro, el bajista que siendo adolescente prodigio fascinó a García en un club de Buenos Aires. “Bueno, llegamos”, le confió León ante el público que lo volvió a ver en este ciclo de regresos que comenzó el 19 de junio y terminará recién el 22 de noviembre próximo, luego de su presentación en 2025 ante 150 mil personas en el Quilmes Rock y con su exitoso paso por el Festival Cordillera de Bogotá.

Aunque no están, las huellas de García y Moro aparece en todas partes. Las fotos en las pantallas, los recuerdos al micrófono. Pero también el sonido de los cuatro músicos que acompañan a Lebón y Aznar (Federico Arreysegor y Fermín Ferraris en teclados, Fernando Cosenza en guitarras y Matías Sabagh en batería): reproducen con exactitud sublime sus notas y arreglos. Aznar canta las partes que cantaba Charly y el espectador está congraciado: “Charly, estás acá”, gritan desde las tribunas.

Fue Aznar el motor de la sala de máquinas: le dio rienda suelta a su obsesión por la técnica para producir esta serie de show excelsos. Desde la puntualidad en el comienzo hasta el cambio sistemático de bajos, guitarras y contrabajos (toca tres bajos distintos y un contrabajo eléctrico), pasando por la selección de sesionistas que logran representar sin fisuras el arte de Charly en los teclados y el de Moro en la batería. “Ellos dos están presentes en toda la música”, explicó Aznar sobre Charly y Moro. “En el respeto con el que nosotros preservamos los arreglos.”

Los Serú en tiempos de Alicia en el país... en pantalla, ahora con Lebón y Aznar en el escenario.

La historia de la banda va más allá de lo musical. “Nos tenemos mucha confianza”, dijeron en algún momento Aznar y Lebón. Y hay un documento que mide ese camino de vida. El 9 de marzo de 1988, en el barrio porteño de Almagro, dos jóvenes periodistas, Luciano di Vito y Fernando González, consiguieron sentar juntos a Charly, Lebón, Aznar y Moro, seis años después de la despedida en Obras y cuatro antes de la vuelta en River. Fue un encuentro artesanal que los comunicadores amateurs se tomaron como una misión propia: tocaron el timbre a cada uno de ellos. De manera casi increíble, el primero que aceptó sin poner peros fue García: “Si los muchachos están...”. Y el más difícil fue Moro, porque no lo encontraban en ningún lado --tiempos sin celulares ni redes sociales--. El destino quiso que se lo cruzaran en un almacen una noche de verano.

Aquella entrevista comienzó con risas y terminó en una zapada mágica de la que durante años sólo circularon fragmentos hasta convertirse en un mito urbano y musical. Por suerte, en 2024 la editorial Vademécum la publicó en un libro --La entrevista imposible. Una tarde con Serú Girán-- y las grabaciones están colgadas en YouTube.

Ahí hablan los cuatro. Charly explica cómo empezó todo: “Yo quería trabajar con David. Me iba a su casa y trataba de convencerlo”. Y Lebón completa: “El día que fue con una botella de JB me convenció”. Aznar dejó la frase que hoy suena a profecía: “Nosotros somos como Hendrix, más tiempo estamos separados, más discos hacemos. Es como una especie de milagro”. Treinta y ocho años después, en el Movistar Arena, dos hablan por todos.

La banda que se escucha ahora es la que nació hablando en clave. La grasa de las capitales (1979) abría con una parodia de la música disco y de las revistas de chismes, y su intro con “Frecuencia modulada”, que se burlaba del pop vacío que dominaba las FM, es la apertura del show tras “Parado en el medio de la vida”. Luego vendrán, del mismo disco, “Viernes, 3 A.M.”, una canción sobre un suicidio que la dictadura prohibió en las radios por considerar que incitaba a matarse. Y “Canción de Alicia en el país”, donde Aznar destaca cómo Charly usó la metáfora del cuento de Lewis Carroll para hablar de una Argentina a la que no se podía nombrar.

Charly, presente en cada canción de Serú que interpretan Lebón y Aznar.

Pero la genialidad de García llega cuando se interpretan, conectadas, “Cinema Varieté” y “Desarma y sangra”. El público, completamente en silencio, solo deja que la poesía en el piano que inventó Charly ocupe el centro de escena.

“Los dejo un ratito con David”, dice luego Aznar y se abre el momento solista que García había bautizado en Obras en 1981. “Como Rubén Rada”, dice Lebón para tocar en las congas “En la vereda del sol”.

La respuesta al réquiem llega hacia el final. Para “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, Aznar convoca a Juanito Moro, el hijo de Oscar, y lo presenta con ternura: “Era chiquitito, estaba en una valijita mientras ensayábamos en Brasil”. Juanito toca –no podía ser de otra manera– la batería. Es la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en la sangre.

Serú Girán modelo 2026, con Juanito Moro (primero a la izquierda) como invitado de especial.

El final llegó rápido para la banda que se consideró “los Beatles argentinos”. Aznar quiso estudiar en el Berklee College of Music, en Boston, y cuando aceptó una oferta para sumarse a Pat Metheny el resto entendió que su bajo no se podía reemplazar. Volvieron en 1992, luego de aquella entrevista artesanal y zapada que derivó en disco y el show en River. “Nos separamos culpa de Pedro, que tenía una novia japonesa, se pasaba el día en la tintorería”, inventó Charly ante los jóvenes periodistas aquel 9 de marzo del '88, anécdota que genera un coro de risas.

Ya no hubo regresos después, sobre todo cuando Moro murió en 2006. Charly, Lebón y Aznar dijeron entonces que no habría un regreso definitivo sin él.

Lo que sostienen ahora no es una reunión, sino un viaje sin tiempo de almas conectadas. “Podemos hablar a corazón abierto sobre cualquier cosa”, dijo Aznar a la Rolling Stone, sobre el vínculo con Charly y Lebón.

Por eso el cierre, con “Peperina” y “Seminare”, pega distinto. La primera tiene una historia que la música nunca terminó de despegar de una persona real: la joven cronista de la revista Expreso Imaginario que en 1979 escribió una crítica demoledora de un show en Córdoba. Charly respondió en 1980 diciendo que la periodista “no entiende nada de nada” y, en 1981, la canción “Peperina” abrió el disco homónimo con un retrato de ella como una groupie despechada.

“Seminare” es otra cosa. “Te quiero mostrar una canción que creo que vos podés haber compuesto, por los acordes”, le dijo Charly a Lebón en la playa de Búzios. Una canción sobre alguien que todavía no sabe que está en el final de algo. El domingo se cantó en versión colectiva. Charly no estaba en el escenario. Estaba, como en toda la noche, en cada canción.

Etiquetas
stats