Telam agency advice

Bajas Calorías

Walter

0

¿No hay mal que por bien no venga? Tal vez de la sabiduría popular y de la compleja visita a Barranquilla emane una versión menos descafeinada de la que ofreció la Selección Argentina ante Chile en Santiago del Estero.

De momento, más valdría –sin margen para un tono escandalizado, por supuesto- tomar distancia de las excusas y las evaluaciones edulcoradas.

La inactividad y el poco tiempo de preparación es igual de influyente para la Selección albiceleste que para todas las demás: en materia de atenuantes, pues, suma cero.

También cabe poner en remojo las sorprendentes conclusiones optimistas de Lionel Messi, que no bien terminado el partido analizó el juego tal si Argentina hubiera saco un punto en condición de visitante, frente a una potencia mundial, y en inferioridad numérica.

Al margen de sensaciones y cuestiones opinables, en los propios pies de Messi (el único irremplazable: el Único), la Selección estuvo cerca de plasmar una victoria que tampoco hubiera estado demasiado alejada del desarrollo del juego.

Admitido lo cual no deja de ser llamativo que en el casillero del haber cueste bastante encontrar ingredientes más positivos que cinco intervenciones del crack rosarino (el gol de penal, dos tiros libros y dos remates desde afuera del área), el promisorio debut de Cristian Romero y cierta frescura impresa por Ángel Correa, Angelito que le dicen.

En general hubo pocos momentos de control real del juego y de inequívocas expresiones de jerarquía.

En tren de buscar una de muchas explicaciones posibles, con lo bueno y con lo malo de carecer de gente apta para recuperar la pelota y de un calificado interlocutor de Messi.

(Por exclusiva decisión del entrenador Lionel Scaloni, conste).

Hacia la mitad del primer tiempo y un largo tramo del segundo fueron evidentes los desacoples del medio campo en general y entre Leandro Paredes y Rodrigo De Paul en particular.

Uno (Paredes) equivale a pausa y toque. El otro (De Paul), equivale a dinámica, aceleración y, a veces, confusión. Uno es un disco en 33 velocidades y el otro en 78. Ambos, además, tienen escasa capacidad de corte.

Nótese que recién cuando Paredes salió y Scaloni instruyó a De Paul para hacer la tarea de contención y primer pase, el equipo salió de las brumas y del letargo y creció por lo menos al punto de sembrar las condiciones para sellar el triunfo.

Ni antes ni después, sin embargo, hubo geometrías profundas y buenas sensaciones por las orillas. De ahí, se explica, por ejemplo, lo expeditivo de Scaloni para ordenar el relevo de los tumultuosos y desordenados Ángel Di María y Lucas Ocampos.

Lautaro Martínez no fracasó, ni mucho menos (le cometieron el penal, mejoró cuando se alejó de la Troya para tomar contacto con la pelota), pero jugar demasiado de espaldas al arco rival mella su eficacia, sin contar, según parece, que a su entendimiento con Messi le faltan varias vueltas de tuerca.

También, en el contexto de una Selección ni muy afinada, ni muy intensa, ni muy impregnadora (más bien en clave light, liviana como un té de boldo), la gestión defensiva dejó que desear: despistes masivos en el gol de Chile, fisuras, salidas a destiempo de Lucas Martínez Quarta y las proverbiales desatenciones de Juan Marcos Foyth.

El muchacho platense tiene toques de calidad y a la vez tiende a arriesgar demasiado y pagar en salidas al bulto. De ahí provino –de una infracción evitable, torpe- la acción previa al empate trasandino.

Luego, si del recambio hablamos, Emiliano Martínez jugó un partido de tono neutro, el cordobés Romero dejó una muy buena impresión (determinado, imponente en el uno contra uno), el Correa del Atlético de Madrid ofreció interesantes pinceladas de “9 y medio”, Julián Álvarez compensó sus dificultades para incorporarse a la ilación de juego con un elogiable compromiso colectivo y Nahuel Molina tuvo poco tiempo para entrar el ritmo pero el suficiente como para dejar en claro que es un lateral natural y con oficio.

Así planteado el escenario, el punto sirve, cómo no, pero no en un marco de evolución incontrastable. Lo mejor de Scaloni se parece a lo peor: bosquejos, búsquedas, alternancias de nombres, experimentaciones.

Colombia renovada, agrandada y en su casa, forzará un mayor volumen de casi todo. Veremos.

Etiquetas
stats