La FIFA se juega en la televisión su mayor negocio en el Mundial con un historial manchado por irregularidades y sobornos

Foto de archivo de la sede de Bein Sport, uno de los principales actores en los derechos deportivos del Mundial

Diego Larrouy

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Horst Dassler es un desconocido para gran parte de los aficionados al fútbol actual. Sin embargo, su manera de entender la generación de ingresos televisivos para la FIFA cambió por completo cómo el seguidor se sienta en su salón a ver los partidos de su selección. Hoy, cuarenta años después, este negocio supone para el órgano regulador del fútbol mundial la principal fuente de ingresos de cara a su cita más importante y también uno de los principales focos de corrupción de las competiciones de la FIFA.

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La historia de la FIFA en las últimas décadas ha estado marcada por distintos escándalos que han manchado el nombre del organismo y de sus competiciones. La elección de sedes del Mundial, de presidentes del mayor órgano de gobierno del fútbol, o los programas de inversión en países en desarrollo han causado un fuerte deterioro de la imagen del ente federativo. Y, por supuesto, el principal negocio para la FIFA, la televisión, no se escapa de esta alargada sombra, incluso desde su inicio.

Las cámaras se enfocarán en todo el mundo hacia el balón cuando eche a rodar en Qatar este domingo. La selección local y Ecuador disputarán el partido inaugural del mundial más polémico de los últimos 40 años. Pese a las numerosas denuncias sobre la explotación laboral en la construcción de los estadios o de los incumplimientos de los Derechos Humanos en el país, la FIFA aspira a incrementar sus ingresos de pasadas citas mundialistas. El organismo no ha hecho pública su previsión de ingresos vinculada directamente con el Mundial. Para conocer esta estimación hay que acudir a las cuentas de la FIFA, que se realizan por ciclos entre campeonatos mundiales, cada cuatro años, siendo esta competición el grueso de la facturación. En el actual (2019-2022), la federación internacional aspira a ingresar 6.440 millones de dólares. De ellos, más de la mitad, 3.300 millones corresponden a los derechos televisivos. En el anterior periodo, que acabó con Rusia 2018, los ingresos audiovisuales fueron de 3.100 millones.

Las cifras constatan la relevancia del evento para las televisiones y el interés por hacerse con los derechos. Los derechos audiovisuales son a día de hoy uno de los principales negocios del fútbol mundial. Prueba de ello han sido operaciones como la venta de un porcentaje de LaLiga, en España, o de la LFP, en Francia, al fondo de inversión CVC, a cambio de una parte de los ingresos televisivos. La liga alemana, DFL, también busca su socio financiero desde el verano. El Mundial, no es menos. Según datos de la propia FIFA, el pasado Mundial lo siguió una audiencia acumulada de 3.672 millones de personas. La final que Francia ganó a Croacia fue vista por 516 millones de espectadores, lo que lo convierte en uno de los eventos deportivos más seguidos del mundo. Una reciente encuesta realizada por Ipsos en 34 países señalaba que el 55% de la población adulta tenía previsto seguir algún encuentro del campeonato.

En España, el mundial podrá verse de dos maneras. Por un lado, la televisión pública, TVE, emitirá los partidos de la selección española, así como encuentros destacados de cada fase. Por otro lado, Movistar, que emitirá todos los partidos y contará con un canal 24 horas. Sin embargo, los derechos pertenecen a Mediapro, la productora con capital chino afincada en Barcelona y dirigida por el empresario Jaume Roures. Se hizo con esta potestad en enero de 2019, por un importe que no se hizo público.

Fuera de España, hay multitud de actores nacionales con derechos para el Mundial, pero también hay gigantes regionales que retransmitirán los partidos en decenas de países. Es el caso de la propia catarí BeIn Sports, dirigida por Nasser Al-Khelaifi, dueño del PSG. La compañía estatal ha tenido un papel clave en los derechos televisivos en países como Francia o, en el pasado, en España. Su participación se ha visto salpicada en ocasiones por escándalos de corrupción para obtener este producto. Será la encargada de emitir el Mundial de Qatar en Francia, sus territorios de ultramar, y la mayor parte de países musulmanes. Otros actores relevantes en el reparto son la sudafricana Supersport, que retransmitirá el Mundial en 43 países africanos, o New World TV, que estará en el África francófona. En Europa, la UER, propietaria de Eurovision, distribuye los derechos en 37 países. Fox, por su parte, será quien lo retransmita en EEUU.

Este negocio ha estado salpicado en el pasado por una continua sombra de sospecha. El citado Dassler fue dueño de Adidas, colaborador de la FIFA. Decidió crear en los ochenta International Sport & Leissure (ISL), una compañía con la que empezó el boom de la explosión comercial del mundial de fútbol. Adidas era ya, junto a Coca-Cola, uno de los principales patrocinadores de la FIFA y Dassler, conocedor del potencial de negocio, comenzó a explotar a través de ISL todos los ingresos comerciales y de televisión del Mundial y el resto de competiciones.

Un reciente documental emitido por Netflix, ‘Los entresijos de la FIFA’, se adentra en la relación entre Dassler y el entonces presidente del organismo, João Havelange, durante más de una década. En este periodo, ISL explotó este creciente negocio a cambio de sobornos hacia el presidente. El documental señala a esta compañía como un “banco” para la FIFA, al ser el proveedor de sus jugosos ingresos. La compañía quebró a comienzos del siglo XXI, ya con Joseph Blatter al frente de la FIFA, dejando una situación económica compleja. 

“Conducta delictiva” de una filial de Mediapro

Pero este no ha sido el único caso de corrupción vinculado a la emisión del Mundial en televisión. Uno de ellos afectó a Mediapro, la compañía de Jaume Roures. La sociedad, hoy propiedad de grupo chino Southwind, reconoció en 2018 al Departamento de Justicia de EEUU un sistema de sobornos a directivos de la federación de fútbol de los países caribeños y de América Central para emitir los partidos de clasificación para los mundiales de 2018 y 2020.

“Imagina Media —filial de Mediapro— ha aceptado la responsabilidad por su conducta delictiva y la de su subsidiaria Imagina US, y también ha aceptado la responsabilidad por no haber llevado a cabo una pronta investigación interna al conocer las acusaciones contra sus agentes”, señaló el Departamento de Justicia en un comunicado. A cambio de evitar el juicio, la compañía tuvo que abonar 22 millones de dólares. Está asunción de actuaciones corruptas no le ha impedido ser una de las empresas que gestiona los derechos televisivos del Mundial de Qatar.

Dos años después, se conoció una investigación mucho más amplia en EEUU contra directivos de la FIFA por aceptar sobornos en la concesión de la organización de los mundiales de Rusia y Qatar. Estas investigaciones alcanzaron a directivos de grupos mediáticos por presuntamente haber sobornado a ejecutivos del fútbol para obtener los derechos audiovisuales, salpicando a grandes compañías como Fox, Televisa o Globo. El dueño del PSG y director de Bein Sports, el qatarí Nasser Al-Khelaifi, y el que fuera número dos de la FIFA, Jerome Valcke, también han sido enjuiciados en Suiza por presunta corrupción en los contratos televisivos para distintos campeonatos.

Adidas y Coca-Cola, fieles a la FIFA

Pero los ingresos de la FIFA para este mundial van más allá de los derechos televisivos. El 51% procede de este negocio, mientras que la segunda es el marketing, con el 28%. Ambos negocios explotaron bajo el acuerdo que sellaron Dassler y Havelange y se mantienen como las principales fuentes de ingresos para el organismo. Hoy aportan a la FIFA 1.760 millones entre 2019 y 2022, frente a los 1.600 millones del periodo anterior. Los escándalos del campeonato en Qatar no han mermado, aparentemente, la previsión de ingresos del organismo

Algunos de estos “socios” de la FIFA se mantienen desde hace décadas. Es el caso de Coca-Cola o Adidas, quienes estuvieron detrás de la profesionalización de los patrocinios en los campeonatos organizados por el organismo. Ambas empresas han evitado hacer una condena firme sobre la elección de Qatar como sede, pero tuvieron que salir al paso de las críticas reconociendo que “se puede hacer más” para garantizar los Derechos Humanos en el país o posicionándose en favor de las compensaciones para los trabajadores migrantes.

A estas dos marcas se unen dos multinacionales qataríes, como Qatar Airways y Qatar Energy. Completan la lista de patrocinadores otras grandes compañías como Visa, Wanda, o Hyundai. Las criptomonedas y las NFT, que se han convertido en un actor cada vez más importante para los patrocinios en el mundo del fútbol también están presentes en los acuerdos de la FIFA para Qatar. El gigante Crypto.com, uno de los principales actores de este sector, firmó en marzo un acuerdo de patrocinio con el organismo.

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