La amenaza de una economía mediocre se cierne sobre un 2023 en el que Massa se juega el resto

Sergio Massa, el jueves, durante la presentación de una nueva etapa del Plan Gas. La moneda del ministro, en el aire

Aunque Sergio Massa niegue sus ambiciones presidenciales y no esté al borde de retirarse de la política a sus 50 años, ha puesto toda la carne al asador al aceptar el ministerio de Economía. Sabe que si en 2023 le va bien, puede aspirar a la Casa Rosada. Y si no, a lo mejor que se olvide. Salvando las distancias, lo mismo le pasaba a Leo Messi con el Mundial de Qatar: era su última Copa del Mundo, o lo ganaba o se retiraba sin el máximo logro.

Celulares y zapatillas, desinflación y dólares, la receta de Massa

Celulares y zapatillas, desinflación y dólares, la receta de Massa

Aunque lejos de un Mundial estelar, como el de Leo, a Massa lo espera el año próximo, el de las elecciones presidenciales, la amenaza de una economía mediocre, con crecimiento bajo o incluso con contracción, como le sucedió a Mauricio Macri en 2019. La inflación tampoco promete dar respiro, según la previsión de economistas de bancos y consultoras locales e internacionales, centros de estudios y universidades consultados tanto por el Banco Central como por la firma española FocusEconomics. El estancamiento no sólo afectaría a la Argentina sino a casi todo el mundo, en especial a Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de Latinoamérica, aunque al menos por esos lares las alzas de precios amainarán más que en estas pampas.

Pronosticar el futuro es una invitación al error, pero al menos elDiarioAR prefirió consultar a los analistas que más acertaron en sus predicciones de 2021 y 2022 tanto en el relevamiento de expectativas de mercado (REM) del Central como en el LatinFocus Consensus Forecast de la consultora española. Entre ellos figuran Marina Dal Poggetto, de la firma Eco Go, que tituló su último reporte de 2022 como “Pronosticando el apocalipsis que no llega. Sacando conejos de la galera”. “Si bien el esquema no cierra y el intento de patear la pelota para la próxima gestión sigue conviniendo, los tiempos se extienden. Ya van casi cuatro meses de Massa como superministro y el mandato original de no devaluar de un salto el dólar oficial se cumple a rajatabla”, arranca el informe. En cambio, el ministro de Economía saca conejos como los dólares soja para reforzar las reservas.

Dal Poggetto calcula que este año se cerrará con un crecimiento del 5,3%, pero anticipa una caída en 2023: del 1,9% si Massa sigue consiguiendo conejos o del 2,7% si se le acaban. Así, esta economista que fue tentada por el ministro a sumarse a su equipo pero que prefirió quedarse con el presidenciable radical Facundo Manes describe dos escenarios posibles, ambos negativos. El malo y el menos malo. El malo prevé que el dólar oficial suba de $ 178 a fin de 2022 a $381 para diciembre de 2023, para cuando asuma el próximo jefe de Estado, ya sea Massa, Eduardo “Wado” de Pedro, Axel Kicillof, Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Manes o Gerardo Morales. El contado con liquidación (CCL) saltaría de $ 337 a $712. La inflación subiría de 98% el año actual a 142% el próximo y los salarios, que se elevarían sólo 95% en 2022, apenas se incrementarían 114% en 2023. El “sólo” y el “apenas” podrían sonar raros en otros países, pero no si se tiene en cuenta que los sueldos irían por debajo de los precios, con lo cual en el gobierno de Alberto Fernández se consolidaría la pérdida de poder de compra que se inició en el de Macri. El desempleo se elevaría de un promedio de 6,8% en 2022 al 7,1%. Hay un escenario menos malo, según la economista. En él, el dólar oficial subiría $ 315; el CCL, a 615; la desocupación, al 7,4%; la inflación, al 109% y los salarios, únicamente 97%.

La actividad permanecerá estancada, sobre todo viendo los efectos de la sequía sobre la producción de granos y carnes

Orlando Ferreres OF y Asociados

El consultor Orlando Ferreres anticipa que “la actividad permanecerá estancada, sobre todo viendo los efectos de la sequía sobre la producción de granos y carnes”. Es decir, la crisis climática ya nos pega de lleno en el bolsillo, no sólo en el ambiente y la salud. El estudio Ferreres prevé un crecimiento de sólo 0,3% del PBI. Ya en septiembre y octubre de 2022 la economía cayó respecto al mes anterior. Los bancos y las consultoras que participan del sondeo de FocusEconomics prevén que la Argentina crecerá apenas 0,2%, es decir, quedará estancada. Claro que anticipan lo mismo para Estados Unidos, con un 0,3% y la zona euro, con un 0%. Latinoamérica se expandiría sólo 1,1% porque sus mayores economías, Brasil y México, lo harán 0,9% y 1,1%, respectivamente. Entre las grandes potencias, apenas China tiraría para arriba pero ya no tanto como en las viejas épocas en que lo hacía al 9% sino al 4,7%, la mitad.

La inflación, en cambio, desaceleraría mucho menos en la Argentina que en el resto del mundo, según FocusEconomics. Aquí llegaría al 95%, según el promedio de los vaticinios. Por el contrario, en Estados Unidos se recortaría a la mitad, del 8% al 4,1%; en la zona euro, del 8,3% al 5,9%; en Brasil, del 6% al 4,9%; en México, del 8,4% al 4,9%, mientras que en China prácticamente se mantendría en 2,4%.

Ferreres observa que en la Argentina “la inflación viene mejor”, a partir del dato de 4,9% en noviembre, “aunque los precios en diciembre van a crecer cerca del 6%”. “En 2023, se puede calcular parecida a la del 22 o algo menor, ¿85%?. Entendemos que muchos precios relativos van a quedar desajustados, como la luz, el gas, el agua, y el gasto público habrá que ajustarlo también, aunque viene licuándose bastante, pero aún falta mucho para equilibrar con las variables macro, como el tipo de cambio, por ejemplo. El salario real tendría un pequeño crecimiento, aunque desde 2018 perdería 22%”, rescata el ex viceministro de Economía.

Un escenario es un salto inicial del tipo de cambio y de la inflación y luego una estabilización programada. El segundo es continuar como hasta ahora. El tercero es que se descontrole

Daniel Marx Ex secretario de Finanzas

Daniel Marx, jefe de Quantum Finanzas, dibuja tres opciones para 2023: “Está mucho más abierto y variable que el 22. No sólo por las elecciones sino por cómo se mueve el Gobierno, la gente y el escenario externo, con muchos cambios”. Entre ellos, habrá que ver qué sucede con la guerra de Ucrania, que encareció alimentos y energía en todo el mundo. “Hay muchos desequilibrios que te pueden cambiar todo -cuenta Marx, ex secretario de Finanzas-. Un escenario es un salto inicial del tipo de cambio y de la inflación y luego una estabilización programada. El segundo es continuar como hasta ahora. El tercero es que se descontrole. En el primero, el Gobierno ve que este esquema se le agota, la inflación vuelve, la gente -en referencia a los inversores- ve cosas no resueltas y toma la iniciativa con los precios, y entonces se lanza un plan de estabilización. El Gobierno se anticipa al problema. Habría un leve crecimiento con una inflación muy alta al principio pero después bajando, lo que te da en el año 50 o 60%. En el segundo caso, el Gobierno ve que se puede seguir así. Considera que no están dadas las condiciones para una devaluación porque implica decisiones políticas que no sabe si la sociedad aceptará. Crece poco, pero con una inflación del 80 o 90%. En el tercer escenario, hay una corrida en el dólar paralelo, eso influye en las reservas y no se pueden controlar las variables. Puede haber decrecimiento, aunque al principio no porque la gente correrá a sacarse los pesos de encima y la inflación sería del 150 o 200%. Habrá que ver si hay sequía o no en 2023, si los productores presionan por un dólar soja 3.”

El renovado enfoque de política económica orientado a las elecciones amplía el rango de error que estamos manejando para 2023

Juan Miguel Massot Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Salvador.

“El renovado enfoque de política económica orientado a las elecciones amplía el rango de error que estamos manejando para 2023”, aclara el director del Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Salvador, Juan Miguel Massot. “El crecimiento del PBI podría rondar el 2 o 3%; la inflación, del 90 al 110%; el desempleo, del 6,5% al 7,5%, un saldo del comercio exterior entre 5.000 y 7000 millones de dólares y un déficit fiscal primario (antes del pago de deuda) del orden del 1,3 al 1,7% del PBI”, destaca Massot el sobrecumplimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que exige un rojo del 1,9%. Dal Poggetto anticipa que esa meta se puede cumplir en su escenario muy malo, pero no en el malo, en el que predice un 2,1%. “Puede haber novedades importantes en todas las variables -se ilusiona el profesor del Salvador-. La inflación de noviembre es el caso más reciente, pero son posibles otras sorpresas, como el PBI y el desempleo. La inflación de 2023 no está jugada todavía. Vamos a tener que revisar y trabajar las variables mes a mes”, habilita margen para una tenue esperanza.

En un banco extranjero en el que prefieren mantener el anonimato proyectan una caída del PBI de 0,5% porque observan que se agotan las capacidades ociosas en lo productivo, porque hay altas tasas de interés, porque continuará una fuerte restricción de importaciones, incluidas las de insumos, y porque la inflación elevada, con la que el Gobierno ajusta el déficit público, erosiona mucho el salario real. En esta entidad esperan una suba de precios del 105%. “Para llegar al final de mandato, habrá que hacer correcciones que impactarán en la inflación”, señalan. Al mismo tiempo, pese a la prudencia a la hora de financiar el rojo fiscal con emisión monetaria, prevén que la maquinita de hacer billetes seguirá funcionando a toda velocidad porque el Banco Central debe emitir para comprar dólares especiales como el soja, para adquirir deuda pública o para pagar las elevadas tasas de las Letras de Liquidez (Leliq). La capacidad de absorción de los pesos se acotará más, según el banco foráneo. El dólar oficial subiría de $ 175 a 330, un 90%. Sí le tienen fe a la meta fiscal con el FMI: un déficit del 2%, con esfuerzo en el comienzo del año para gastar cuando se acerquen los comicios, como en todo los años electorales.

AR

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