Empresarios prevén un 2027 peor, aunque se aferran a Milei y prefieren a Massa antes que a Kicillof
Una Mar del Plata invernal pese a la primavera, sede del 62 coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), ha sido fiel reflejo del clima que percibe la mayoría de los hombres y mujeres de negocios aquí reunidos. Y ya no son sólo los que se dedican al mercado interno, al consumo, la industria y la construcción, sino también los de los sectores exportadores boyantes, el agro, la minería y los hidrocarburos, que prevén inversiones pero sopesan retrasarlas hasta después de las elecciones presidenciales del próximo año.
“La opción de esperar es razonable”, les reconoció Javier Milei en una videoconferencia que les ofreció este miércoles desde París, donde está promocionando la inversión en la Argentina. Se conectó desde la habitación de su hotel, con una imagen bastante casera, aunque siempre con un plano picado que evita enfocarle la papada. Planteó que el país votará entre ser “grande o miserable”, “cambio o decadencia”. Del otro lado, en el Sheraton marplatense el auditorio lo acompañó con tibios aplausos. El economista anarcocapitalista nunca fue el candidato preferido del establishment, que en 2023 prefería a Horacio Rodríguez Larreta o a Patricia Bullrich.
Lo que sorprendió es que este jueves tampoco la exposición pública de la jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza en el coloquio logró superar a la de Milei en el aplausómetro. Sólo logró que los empresarios batieran fuerte las palmas cuando propuso eliminar lo que ellos llaman “impuestos al trabajo”, las contribuciones patronales. Vaya a saber cómo se financiarán entonces las coberturas médicas y las jubilaciones. Que cada uno se las arregle.
“Guste o no las formas, no hay otra que Milei”, sostenía uno de los empresarios más ricos del país al salir de una de las disertaciones del coloquio. “Conozco mucho a Patricia y creo que va a ser sensata y apoyará la reelección”, agregaba. Coincidió con el pedido de paciencia que formuló Milei en su discurso. Claro que no todos los argentinos pueden esperar tanto. El empresariado en general espera que ni los gobernadores de la cordillera, del norte al sur, ni la clase media permitan que un futuro gobierno desarme el RIGI, el superávit fiscal y la apertura económica. Pero reconocen la volatilidad de los votantes, no sólo en la Argentina, con lo que el péndulo puede volver a cambiar de lado.
El presidente del encuentro y CEO del Grupo Financiero Galicia, Fabián Kon, lo planteó en la apertura del miércoles: “Apoyamos todas las medidas y reformas”. El establishment apoya el ajuste del Estado, las rebajas de impuestos, las desregulaciones y la flexibilización laboral. Por eso, muchos acompañan la reelección. Los matices comienzan cuando se pone sobre la mesa la apertura indiscriminada de las importaciones, por la vía legal o por contrabando, por altos costos o bajo tipo de cambio, una liberalización que bien han aprovechado las manufacturas chinas. O cuando se discuten las formas, desde la construcción de un Poder Judicial corrupto hasta el maltrato a los empresarios y trabajadores perdedores del modelo libertario. De ahí que gustara tanto a algunos coloquistas la disertación previa a la de Milei, la del expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou, un conservador de buenos modales y rostro humano.
Algunos empresarios industriales desearían que Bullrich se candidatee. La ven más sensible a sus reclamos. No es que estén en desacuerdo con sus métodos represivos de cuando era ministra de Seguridad. Pero se preguntan si Milei admitiría unas primarias con ella o si la senadora podría volver a cambiar de partido, dejar LLA y erigirse en postulante de una tercera vía entre el presidente y el peronismo. Después se responden que esas elucubraciones parecen difíciles de concretar y terminan resignándose a promoverla como vicepresidenta de una fórmula libertaria.
En las filas de Bullrich aseguran que Paolo Rocca, el dueño del grupo Techint, la fogonea, pero en el conglomerado petrolero-industrial lo niegan. Cerca de Don Chatarrín, como lo apodó Milei tras acusarlo de proteccionista, señalan que también Daniel Hadad, propietario de Infobae, anda contando en las múltiples reuniones que mantiene con otros empresarios que Rocca lo respalda. “Todos se cuelgan de él”, sonríen. Al menos rescatan que el ministro de Economía, Luis Caputo, esté intentando reunir a los proyectos del Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) con proveedores nacionales. Bullrich, en su discurso público, criticó que Neuquén y San Juan impongan un compre-provincial que deje afuera a los competidores de otros distritos.
Más de un empresario desearía que la alternativa a Milei fuese otro candidato comprometido con el superávit fiscal, pero reconocen que está difícil de construirlo. No sólo Bullrich les resulta inviable sino mucho más la opción de un outsider como Hadad o el dueño del Banco Macro y expresidente de River, Jorge Brito. Ninguno de los dos despega por ahora en las encuestas. Igual, el empresario de medios aclara en sus citas privadas con colegas que él no pretende el sillón de Rivadavia sino ser ministro de Educación. Se ve como un Sarmiento, a quien le dedicó un documental.
A la pesca en el río revuelto de votantes que apoyan parte del recetario de Milei y rechazan el regreso al peronismo, pero se perciben perdedores y huérfanos de espacio político, también aparecen dos autoproclamados candidatos presidenciales: Hernán Lacunza, del PRO, y el radical Ernesto Sanz, de regreso a la arena política. Lacunza pasó por el coloquio. IDEA organizó este jueves dos almuerzos privados: uno con él y otro con Bullrich, mucho más concurrido. Está complicada la continuidad de las reformas sin Milei, pero ella está atenta a percibir el desgaste del votante con el Presidente. Por eso, en público dijo que no puede ser que caigan la industria, el comercio y la construcción, y en privado aseguró que lo importante es la reelección del modelo, sin mencionar a su supuesto jefe político de turno.
Cualquier alternativa es mejor para los coloquistas que Axel Kicillof, a quien recuerdan como el ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner, el que expropió YPF, no le pagó a los fondos buitre, mantuvo la manipulación de las estadísticas públicas y desbordó el gasto público. Como en todas las ediciones del encuentro de IDEA, siempre se invita al gobernador bonaerense de turno. Kicillof nunca vino, pero este año por primera vez no “les clavó el visto” a los organizadores del convite y al menos respondió que no asistiría. Les contó que podría asistir a una reunión a puertas cerradas, pero no a una disertación abierta al público de empresarios y periodistas. De hecho, compartieron un almuerzo tiempo atrás en la ciudad de Buenos Aires.
Incluso algunos ejecutivos llegan a admitir que preferirían que el aspirante peronista fuera Sergio Massa antes que Kicillof. Si bien quedaron con una mala imagen suya como un ministro de Economía irresponsable con las cuentas fiscales y con una inflación peor, también confían en su pragmatismo, el mismo que lo llevó del kirchnerismo a apoyar el inicio del gobierno de Mauricio Macri. Son los que se ilusionan con que Cristina Kirchner y los gobernadores peronistas del interior lo apoyen frente al mandatario bonaerense para terminar de girar al peronismo hacia una suerte de progresismo con orden fiscal, como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Yamandú Orsi en Uruguay o como lo fue Gabriel Boric en Chile. Ya hay algunos que le piden cita. Igual, la mayoría desconfía del abogado trigrense. También subestiman sus posibilidades de conquistar el voto de las mayorías tras su inflacionario paso por el Ministerio de Economía.
La bendición del establishment, sin embargo, tampoco asegura un triunfo. Por más que se traduzca en financiamiento para la campaña. “El empresariado siempre se equivoca en el candidato al que apoya”, reconoce uno de los que más ha crecido en la era libertaria. En general, el postulante que ellos más prefieren no suele vencer en las urnas. Por eso, aunque prefieran a Bullrich, Hadad, Brito o Lacunza, terminarán conformándose con más Milei. Y eso que a algunos coloquistas les provocó escozor cuando este miércoles el libertario prometió que aceleraría las reformas si consigue la reelección. Incluso evalúan que esa promesa puede desalentar el voto de los perdedores del modelo que aún lo escogerían con tal de evitar el regreso al peronismo.
Son pocos los empresarios que respaldan una opción progresista al estilo Lula, Orsi o Boric. Uno de ellos es Sebastián Ceria, fundador y exdueño de la empresa de gestión y control de riesgos financieros Axioma y actual propietario del Racing de Santander. Como presidente de Fundar, promueve un modelo productivo pero sin volver atrás a una economía cerrada. Apoya al colectivo digital Popurrí, que está armando el Partido Regeneración para competir por la ciudad de Buenos Aires con la candidatura de María Migliore, exministra de Desarrollo Humano de Larreta. Migliore fue invitada al coloquio de IDEA para disertar este viernes sobre cómo construir influencia hoy en día. Otros que también están creciendo en las redes son Rosendo Grobocopatel, Ofelia Fernández y Pedro Rosemblat. A su vez, también hay otros empresarios que plantean en privado escenarios alternativos, como Miguel Galuccio (dueño de Vista Energy), Roberto Murchison (Grupo Murchison, del negocio portuario), Carolina Castro (Industria Guidi, autopartista) o Tommy Karagozian, CEO de la textil TN&Platex y cofundador y conductor de La Fábrica Podcast.
Más allá de las preferencias políticas, casi nadie en el coloquio imagina un 2027 con una economía boyante. Observan una industria que sigue cayendo, un consumo hundido y planchado, y una construcción que se recupera apenas desde el fondo. En los sectores exportadores están confiados de que todos los proyectos del RIGI consigan financiamiento porque el mundo necesita materias primas, pero admiten que muchos demorarán los desembolsos hasta que se clarifique quién presidirá la Argentina. Incluso admiten que todos los RIGI juntos sólo elevarían la inversión anual del país del bajo nivel del 16% del PBI actual al 18%, lejos del 25% necesario para el progreso nacional.
Es decir, el bolsillo de la mayoría de la población llegaría a las urnas un poco peor que ahora, sin crédito, sin recuperación del salario ni del empleo formal. En una consultora comentaban que las grandes empresas ya no contratan “juniors” porque la inteligencia artificial los ha reemplazado. En otra vaticinan que seguirán con el goteo de despidos, mientras reacomodan sus costos para ganar dinero con menores ventas y reemplazando producción local por importada.
“Veo a los argentinos cascoteados, lejos del espíritu triunfalista”, admite uno de los empresarios que más se han expandido con el gobierno libertario. “No sé cómo manejará el descontento de la gente, de los que apoyaban en un principio pese a que no les gustaban las formas pero ya se quedaron sin empleo o sin pyme, ya no llegan a fin de mes”, agrega. Otro coloquista coincide pero apunta que Milei no está perdido porque ha demostrado ya que es un as en campaña. Ahora ya la planteó como el dilema entre la nueva promesa de un futuro venturoso o una vuelta al pasado de ruina.
“En el primero y segundo año de Milei, muchos empresarios apoyaban sin importar lo mal que estaban, confiaba en una recuperación en V, pero en el primer trimestre de 2026 cayeron en la cuenta de que estaban muy mal, 10% o 15% abajo de 2023”, relata uno de los disertantes del coloquio. “Entones empezaron a rajar gente. Un hito fue el cierre de Fate y otro el caso Adorni, que desarmó el discurso anticasta. Ahora están preocupados por sus negocios, por lo que hace este gobierno y por si gana Kicillof; desearían que el sacrifico hubiese valido la pena. Se sorprenden de que se haya adelantado la campaña electoral. Temen que si se adelantan las elecciones bonaerenses, una victoria peronista ahí descalabre el clima financiero y perjudique al Gobierno. Al menos, si ganan plata, la cambian a dólares y se cubren de una futura devaluación”, se consuela. Pero fuera del Sheraton marplatense no todos tienen la misma paciencia ni la misma fortuna.
AR/MC