A PROPÓSITO DE "LA VIS CÓMICA", OBRA TEATRAL DE MAURICIO KARTUN

La dramaturgia es un animal que muerde

La vis cómica

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Dom, 25 oct 2009, 16:57: le envío el primer mail de mi vida a Mauricio Kartun. La soberbia juventud vuelve irreproducible aquí el contenido completo del mensaje que se pavonea entre halagos, felicitaciones y un manifiesto descontento con la época a la que llamo el hoy por hoy. Me atrevo a un fragmento: “El viernes fui a ver ”Ala de criados“, y no quería dejar de decirte que me dio mucho placer. Tengo 18 años y a veces siento que hoy por hoy no encuentro gente que tenga ganas de hacer pensar y criticar. (...) Simplemente quería hacerte saber que fue muy motivador.”

No sé por qué aclaro mi edad. Acaso para justificar la exposición que me genera manifestar en igual medida placer y descontento. Acaso intuya que trece años más tarde volveré sobre este mensaje. Estoy segura de que Kartun respondió. No encuentro el mail pero sé que lo hizo. Recuerdo cómo entré al colegio al día siguiente. Una sonrisa despampanante. Los ojos altos de la Anunciación: harás teatro. Mi metro cincuenta montado sobre los coturnos de la certeza: haré teatro. La caminata ansiosa de quien vislumbra un camino gustoso que todavía no ha pisado. El grito histérico de mis amigas acompañando el entusiasmo con el tono agudo que usábamos para las mejores noticias: un chape, una fiesta, un amor. Es que en definitiva esta era una forma más del amor y nuestra experiencia adolescente sabía celebrarla. Me había enamorado del teatro. No solo eso. Me había animado a declararlo. Y, como dice Barthes, como deseo, la carta de amor espera respuesta, y a mí me había llegado. No era el teatro quién respondía. No todavía. Lo haría más tarde, entre ensayos, funciones, camarines y borradores.

Por ceremonia metonímica fue Kartun quién contestó. No recuerdo qué. Poco importa. Lo necesario era encontrar la réplica a mi primer texto. El pie para la siguiente línea. Un parlamento que se dejara continuar. Una voz capaz de contagiar el entusiasmo y hacer brotar la tinta. Fue Kartun, el mismo que se dedicaría años más tarde en sus clases de dramaturgia a desglosar el entusiasmo: Estar en tu Zeus, decía agravando la voz para demostrar que era cosa seria. Para escribir había que dejarse atravesar por ese divino soplo interior. Entrar en ese estado de total verborragia. Fluir con la ginebra de la noche y corregir con el mate de la mañana.

Pero el entusiasmo necesita complicidades, y Kartun al replicar mi impulso adolescente, afirmó el camino barroso que de otro modo no me hubiera atrevido a pisar. Porque como lo demuestra el poeta de La vis cómica acompañado por su perro hasta en el llorón soliloquio, la escritura, por más monologal que sea, no es posible en el puro solipsismo. Isidoro, el poeta, es aquel que nunca pierde la compañía. Y cuando ésta se desmorona, el poeta rigurosamente torpe en los movimientos del cuerpo pero singularmente hábil en los de las emociones, es capaz de tejer nuevas alianzas y reconstruirse en la grupalidad. Es que lo que vuelve dramaturgo al poeta es esa búsqueda de convivencia. El dramaturgo es un poeta que necesita cuerpos. La dramaturgia, un animal que habla y muerde.

¡Estrenar la puta madre, lo que el poeta quiere es estrenar!, grita y suplica Isidoro, consciente de que el texto debe ser masticado. Por eso, en La vis cómica, las palabras exigen romperse en duelo mortal con el comediante. El teatro abre sus puertas sólo cuando el poema es herido de cuerpo. Un cuerpo que sangra por imagen o convención. Un cuerpo aludido o animal. Y abierta la herida, mancha la metáfora. El público se ensucia y, aunque el teatro se deja coser, Doña Toña -la encargada de reparar los agujeros- abandona los telones y se escapa con el amor tras bambalinas. Ahí está: Teatro. Atrás. En los costados. Bordeando la escena. Teatro. Donde los ojos no llegan y la interlínea se ensancha. Teatro, agravando la voz para demostrar que es cosa seria. Teatro, más barato que la vida, teatro.

Querido Kartun, hoy volvería a escribirte el mismo mail entusiasmado. Acomodaría algunas comas y pasaría al texto por ese filtro de tacañería que traen los años. Pero, sobre todas las cosas, pesistiría en el agradecimiento.

La vis cómica puede verse los jueves, viernes y sábados 20h en Caras y Caretas (Sarmiento 2037)

LS

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