Geopolítica de las vacunas(2): globalización not dead

Pfizer, la gigante farmacéutica estadounidense.

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Cinco días después de las elecciones de Estados Unidos, Pfizer anunció que su vacuna tenía una efectividad del 90%, convirtiéndose en el primer laboratorio en inaugurar la serie de buenas noticias. Furioso, Donald Trump sugirió que la compañía había demorado a propósito los resultados para no beneficiar sus chances de reelección. “Como he dicho durante mucho tiempo, Pfizer y los demás sólo anunciarían una vacuna después de las elecciones, porque no tuvieron el valor de hacerlo antes”, tuiteó. 

El episodio es apenas una ilustración de la capacidad que tienen las empresas multinacionales de marcar la agenda en la discusión y gestión de la vacuna. No se trata solamente de las pruebas y los resultados. Toda la cadena que va desde el desarrollo científico hasta la distribución de las dosis revela que los estados no están solos, y que muchas veces entran en tensión con compañías que son capaces de imponer sus condiciones. Si en mayo el semanario británico The Economist decretaba en su tapa el fin de la globalización, unos meses después esta ha demostrado su vigencia. Pero las tensiones entre Oriente y Occidente y la preocupación sobre el origen de las dosis también desnudan de qué manera ésta ha mutado. 

¿El fin de la globalización?

Es curioso que los decretos de defunción de la globalización hayan aparecido con una pandemia que es, precisamente, hija de ésta. La propagación del virus es el reflejo de un mundo hiperconectado, donde el aleteo de un murciélago en Wuhan provoca el cierre de todas las fronteras y el confinamiento de millones de personas en apenas unas pocas semanas. El argumento, en verdad, hacía alusión a lo que vino después: las fronteras se cerraron de manera repentina y muchas veces sin aviso a países vecinos, las instituciones como la Unión Europea y otras de corte multilateral quedaron impotentes, la cooperación global brilló por su ausencia y las poblaciones se replegaron en sus estados. A los pronósticos de menor flujo de comercio, capital y personas se sumó la agudización de tensiones geopolíticas, anteriores a la pandemia. Eso hizo que la narrativa acerca del fin de la globalización ganara fuerza entre algunos analistas, periodistas y académicos. 

El episodio vacunas no fue el que desmontó la narrativa: a los meses quedó claro que había sido exagerada. Las escenas que vemos hoy, cuando el foco se ha trasladado desde el desarrollo hacia el acceso, la producción y la distribución son un recordatorio del poder que tienen las empresas y de qué manera se vinculan con los estados. 

“Los fundamentos de la dinámica globalizante siguen estando. Lo que la pandemia acelera son las dificultades en la gobernanza multilateral. Esta falta de respuesta de las instituciones multilaterales junto a la reacción inicial de los estados, que fue fuerte, contribuyó a la narrativa del fin de la globalización”, explicó a elDiarioAR Julieta Zelicovich, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Pero los niveles de interdependencia económica siguen estando y las compañías transnacionales también han ganado poder. Esto, que es claro en los casos de las tecnológicas Amazon o Zoom, también se observa con los laboratorios. “La investigación, producción y distribución de vacunas hoy está en manos de empresas multinacionales que son ganadoras de la globalización”, dijo. 

La cooperación científica entre laboratorios, universidades e instituciones del Estado en diferentes partes del mundo fue clave para obtener una vacuna en sólo diez meses. Ambos actores –Estado y empresas– fueron cruciales, pero el proceso de investigación y desarrollo de la vacuna no se puede desprender de las dinámicas globalizantes. La discusión que predomina hoy, cuando el foco se ha alejado del desarrollo hacia  desafíos de logística, demuestra el poder que todavía conservan los actores privados, que son capaces de imponer condiciones a los estados.

La tensión que puede existir entre laboratorios como Pfizer y el gobierno de Estados Unidos, ya sea por los anuncios en el escenario electoral o demoras en la oferta de vacunas, no se puede comparar de todos modos con las lógicas que predominan en países como Rusia y China, donde el sector privado suele responder a los intereses y lineamientos del Estado, que es quien lidera el proceso de desarrollo y distribución de la vacuna en ambos casos. 

Para Bernabé Malacalza, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Quilmes, la discusión y gestión por las vacunas refleja las tensiones entre la geopolítica de los estados y la globalización de las empresas. Antes de la pandemia, el primer caso estaba marcado por la competencia entre Estados Unidos y China, mientras el segundo por la relocalización de cadenas globales de valor. “En la discusión por las vacunas se observa cómo la variable geopolítica incidió en la narrativa de quién llegaba primero a descubrir y patentar la vacuna, mientras que en el segundo caso notamos cómo las empresas son capaces de resistir a las tendencias geopolíticas. Hablábamos del fin de la globalización y hoy hablamos de las cadenas globales de valor refrigeradas, para distribuir la vacuna”, dijo en diálogo con elDiarioAR.

La discusión sobre los problemas y los límites de la globalización son previos a la llegada de la pandemia. A medida que la crisis del orden liberal y las instituciones multilaterales se hizo más evidente, sumado a la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, una potencia ascendente que no viene de Occidente, las preguntas sobre el futuro de la globalización escalaron. El episodio vacunas también demuestra de qué manera el proceso cambió con el nuevo escenario global. 

En cierto modo, el rango de acción de los laboratorios como Pfizer o Moderna y la vocación de países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido y Canadá de priorizar esos desarrollos antes que otros no occidentales son un reflejo de cómo las empresas operan en un marco de mayor competencia geopolítica, donde la narrativa de la seguridad internacional entra en la ecuación. 

Para Zelicovich, “uno de los rasgos de este nuevo paradigma es que si antes la eficiencia económica era el principal factor a tener en cuenta, ahora la securitización de la agenda, la geopolítica, también juega un rol importante. En el caso de la vacuna, la disputa entre estados cumple una función en la fabricación y aprovisionamiento de las dosis, como también en los tiempos y dinámicas de autorizaciones”, dijo a elDiarioAR.

Si antes las empresas se guiaban únicamente por la eficiencia en pos de mejorar la rentabilidad, hoy los cálculos deben incorporar las variables geopolíticas, que en el mundo corporativo se traduce como riesgo. “Las decisiones hoy pasan más por la aversión al riesgo que por la eficiencia. Las empresas buscan certezas en la incertidumbre”, explicó Malacalza. 

Una de las tendencias que se observan en este nuevo paradigma es cómo las empresas pueden tener roces con los estados donde fueron creadas y de donde proviene la mayoría de su capital pero a la larga alinearse en materia geopolítica. O cómo muchas empresas, especialmente las tecnológicas, tienen una determinada esfera de acción que está limitada por su origen. Así, China puede prohibir Facebook en su territorio y Estados Unidos obligar a TikTok a venderse a capitales nacionales para operar en el país. 

En la discusión por el acceso a la vacuna es posible advertir de qué manera se dividen las opciones occidentales y no occidentales. Uno de esos efectos colaterales son las sospechas en países occidentales acerca de la validez de vacunas no occidentales, también conocidas como “la vacuna china” y “la vacuna rusa”. Esta tendencia también puede rastrearse en la discusión sobre 5G, donde se sospecha –sin evidencia– la tecnología que proviene de China. Acá hay otro elemento en común: son pocos estados los que pueden elegir. Para los países de bajos ingresos, la prioridad son las opciones de menor costo. En la discusión sobre vacunas se agrega la cuestión de la oferta limitada, que genera movimientos como los que vimos esta semana en Brasil, donde Bolsonaro, que inicialmente se había negado a incluir “la vacuna china” en el plan de vacunación, tuvo que hacerlo ante la falta de otras alternativas. 

La discusión por la vacuna demuestra de qué manera las empresas han tenido un rol más importante de lo que se les auguraba al comienzo de la pandemia, donde se decretaba el fin de la globalización y la victoria definitiva del Estado nación. Pero la coyuntura también desnudó de qué manera han operado las tensiones geopolíticas, donde los discursos acerca de la seguridad y el origen de los capitales cumplen un rol importante. 

JE

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