PARTICIPÓ DE LA COP27

Lula promete “tolerancia cero” frente a la deforestación de la Amazonía

El presidente electo de Brasil, Lula Da Silva, durante su participación en la COP27, en Sharm El-Sheikh, Egipto.

El presidente electo de Brasil, Lula da Silva, reiteró este mediodía que tendrá “tolerancia cero” con la deforestación del Amazonas. En el discurso pronunciado en Sharm el-Sheik, el balneario del Mar Rojo donde se realiza la conferencia de las Naciones Unidas por el cambio climático, COP27, el futuro jefe de Estado garantizó: “Brasil está preparado para unirse a los esfuerzos de construcción de un planeta más saludable; de un mundo más justo, capaz de abrazar con dignidad a la totalidad de sus habitantes, y no apenas una minoría privilegiada”. 

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Reveló que el combate a las emisiones de CO2 y la preservación de la selva tropical son una gran prioridad: “Tendrá el más alto perfil en la estructura del futuro gobierno”, aseguró.  Lo acompañaba, en la primera fila, la ex ministra Marina Silva, una de las estrellas de la conferencia de la ONU. En Brasilia, el vicepresidente Geraldo Alckmin, quien anunció que la ex funcionaria pasó a formar parte del equipo de transición bajo su comando, como también el senador Randolfe Rodrigues.

Lula mostró su percepción de lo mucho que está en juego. “La invitación que recibí no fue hecha para mí, sino para mi país y el pueblo brasileño. Es un reconocimiento de la prisa del mundo para que Brasil vuelva a participar de las discusiones sobre el futuro del planeta, que nos alerta sobre nuestra vulnerabilidad ante  la tragedia climática”. En su exposición también se refirió al agro de su país, de cuya producción depende la parte más gruesa de las exportaciones brasileñas. A ellos les dijo: “Tenemos 30 millones de hectáreas de tierra degradada y no precisamos deforestar ni siquiera un metro de vegetación para continuar como uno de los mayores productores de alimentos del mundo”. 

Advirtió, en ese contexto, que el mundo ignora en estos tiempos los alertas que da la naturaleza. “Gastamos billones de dólares en guerras que solo traen destrucción y muertes mientras 900 millones de personas en todo el mundo,  no tienen qué comer”, previno. Y se valió de ese momento para cuestionar, aunque sin mencionar específicamente a los contendientes, la guerra entre Rusia y Ucrania: “Sufrimos múltiples y crecientes tensiones geopolíticas, por la vuelta del riesgo de una guerra nuclear”. Como consecuencia “hay riesgos de desabastecimiento de comida, de energía y un aumento intolerable de la desigualdad”.

Convocó a las autoridades de las 193 naciones de la ONU, para actuar en la reversión  “de la escalada del calentamiento terrestre y sacar del papel los acuerdos que ya se firmaron. Para eso, es preciso poner recursos (financieros) a disposición de los países en desarrollo y en especial los más pobres, para que puedan enfrentar las consecuencias de un problema creado en gran medida por los países ricos, y que afecta de manera desproporcionada a los más vulnerables”.

Con voz ronca, debido a llagas en sus cuerdas vocales, debió detener su exposición al menos en dos oportunidades. Pero eso no desmereció en absoluto su disertación. Por el contrario, fue aplaudido al exponer los ejes de lo que será la política externa brasileña. Por ejemplo, durante el párrafo en el que objetó la guerra en Europa. Desde luego, no obvió criticar ácidamente a Jair Bolsonaro, quién continuará al frente del Palacio del Planalto hasta el 31 de diciembre próximo. Lula le endilgó a quien pronto se convertirá en su antecesor, la responsabilidad por la escalada de la devastación de la floresta tropical. Declaró, en ese sentido, que irá a recrear de inmediato todos los organismos de vigilancia y control para combatir los delitos ambientales. Le otorgó también un papel preponderante a los pueblos amazónicos originarios en la preservación de lo que aún permanece en pie.  Concluyó con el anuncio de la reanudación del flujo de financiación de fondos otorgados por Alemania y Noruega, y que trepan a 500 millones de dólares. “Estamos abiertos a la cooperación internacional para preservar nuestro biomas, sin que eso signifique desistir de nuestra soberanía”.

Para Marina Silva, el alegato de Lula da Silva adquiere una gran relevancia “para Brasil y para el mundo. El país vuelve al protagonismo en la agenda ambiental global. Coloca en forma acertada el debate del cambio climático asociado a la seguridad alimentaria”. Otro de los mencionados para cargos en el área del Medio Ambiente, el senador Randolfe Rodrigues, del mismo partido que Marina, celebró enfático el discurso del futuro presidente. “Brasil volvió pujante para mostrar lo que es en el mundo. Volvió con la dimensión de un país que conserva la mayor selva tropical del globo. Volvió a reestablecer la cooperación y reafirmar su posición en el mundo”.

EG/MG

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