¿Quiénes protestan en Cuba?

El movimiento San Isidro cubano: cuando el arte ataca

Las y los artistas de Cuba son la base de las protestas en el país

Darcy Borrero Batista

Periodismo situado de Cronos Lab —

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Luis Manuel Otero se había propuesto arrastrar una piedra como grillete desde el centro de La Habana hasta el santuario de San Lázaro, el protector de los desposeídos. Allí miles de fieles le depositan ofrendas o hacen sacrificios como el de Luis Manuel: arrastrarse durante varios kilómetros con ropas hechas de harapos para pedir un milagro o cumplir una promesa.

Aquella vez, el 17 de diciembre de 2017, Luis Manuel llevaba una petición por un país próspero, con libertades y democracia:

“Te convoco y te pido santo milagroso/ que elimines todas las miserias para los cubanos;/ que ni la muerte y la violencia/ sean el camino de la transición;/ te pido democracia genuina/ donde la legalidad nos proteja./ Te pido la eliminación del bloqueo,/ Prosperidad/ Libertad de expresión/ Libertad para presos políticos/ Libre acceso a Internet/ Cese de la discriminación de raza, género y credo;/ no más represión!”.

Lo interceptaron durante el trayecto y lo enviaron a un calabozo. El propio día 17, luego de un par de noches detenido y negándose a abandonar su promesa, siguió su camino. El día 20 llegó al santuario con esa oración.

Tres años y 60 detenciones después, Luis Manuel es uno de los referentes del movimiento San Isidro. El 18 de noviembre de 2020 él y otros siete artistas se declararon en huelga de hambre en Damas 955, un edificio deteriorado en la barriada habanera de San Isidro. El acuartelamiento comenzó unos días antes, mientras se encontraban bajo sistemática vigilancia policial en el sitio, sede del Movimiento San Isidro y antes del Museo de la Disidencia. En un contexto en que las fuerzas policiales impedían el paso de alimentos, la huelga era por el encarcelamiento del rapero Denis Solís, colega cercano de los ayunantes.

A Denis lo habían detenido a principios de noviembre y lo habían enjuiciado por desacato a la autoridad. Un policía se había presentado en su casa sin permiso y grabado una discusión que tuvieron. Se oyen palabras de Denis, luego manipuladas por la prensa estatal, sobre su adhesión a Donald Trump 2020. La televisión nacional, que responde a la agenda del Partido Comunista, pasó imágenes de un interrogatorio hecho en circunstancias poco claras y en el cual se destapa un supuesto vínculo de Solís con “terroristas” radicados en Miami, Estados Unidos. Lo enviaron a prisión por 8 meses.

En los últimos días de noviembre llegó a la casa de Damas y se unió a la huelga de hambre el reconocido cronista Carlos Manuel Alvarez, procedente de Nueva York, lo que le dio un giro mediático a esta historia. Se convirtió así en un inquilino más de la vivienda donde algunos habían depuesto sus huelgas (Oscar Antonio Casanella, Osmani Pardo Guerra, Adrián Osmel López), otros recién la asumían (Katherine Bisquet, Anamely Ramos González), dos más la mantenían (Iliana Hernández, Esteban L. Rodríguez López) Luis Manuel Otero Maykel Castillo Pérez permanecían sin ingerir alimentos ni agua desde el día cero.

La noche del 26 de noviembre, 24 horas después del cuarto aniversario de la muerte de Fidel Castro, agentes del Ministerio del Interior irrumpieron en la casa por la fuerza y los desalojaron con el pretexto de que Carlos Manuel había violado los protocolos sanitarios y era “sospechoso de coronavirus”.

Esa noche se registró un apagón cibernético selectivo durante el desalojo y algunos artistas comenzaron vigilias con luces de resistencia en las cercanías de la casa, por la Avenida del Puerto y la iglesia de La Merced. En las redes sociales empezó a circular la información sobre el desalojo y se fueron tejiendo redes de sororidad en el gremio artístico, especialmente entre los jóvenes. La indignación siguió creciendo y llegó al día siguiente hasta la sede del Ministerio de Cultura, donde se reunieron cientos de personas. Voces y luces en medio de un apagón real de la luz eléctrica. El ánimo se apaciguó con canciones y aplausos para dar ánimos a quienes entraron a dialogar con el viceministro Fernando Rojas ante la ausencia del ministro de Cultura Alpidio Alonso.

Por primera vez se sentaban frente a frente el oficialismo y artistas disidentes. Entre los 30 que fueron escogidos por sus colegas no estaba Luis Manuel. Seguía convaleciente por la huelga que mantuvo más de una semana.

“Exigimos el derecho a tener derechos. No somos enemigos sino cubanos que pensamos distinto y soñamos una Cuba mejor que legar a nuestros hijos, con todos y para el bien de todos”, declararon los protagonistas del encuentro. “Nuestras demandas trascienden la libertad creativa; se trata de nuestro derecho a existir y expresarnos libremente. Apostamos por un diálogo de reconciliación que pueda saldar nuestras diferencias”.

La que sí estuvo fue Tania Bruguera, una artista que desde los años 80 comenzó a hacer su obra marcadamente contestataria. Pasó por obras transgresoras como la creación y puesta en circulación de un periódico clandestino (Memoria de la posguerra, 1993), en un entorno en que hacerlo continúa prohibido. Hablaba por ejemplo, en su segundo número, del “post exilio y la postguerra”. A finales de la década del 90, Tania Bruguera ideó la Cátedra Arte de Conducta que surgió como tal entre 2002-2009: una pieza de arte público dirigido a crear un espacio de formación alterna al sistema de estudios de arte en la sociedad cubana contemporánea.

Cuando se sentó frente al viceministro Fernando Rojas, Tania habló sobre censura, hostigamiento y represión que desde hace décadas padecen determinados artistas cubanos. A las pocas horas la detuvieron.

Para Tania Bruguera, haber estado allí es una victoria: el poder ya no puede decir que no sabe del hostigamiento ni de la represión. Los artistas lo denunciaron frente al viceministro Fernando Rojas y otros funcionarios, con quienes acordaron una próxima reunión en la que debía participar el Ministro de Cultura Alpidio Alonso “con la voluntad de abrir un canal de diálogo entre la institución y la comunidad de intelectuales y artistas”.

A las pocas horas de la primera reunión se articuló la maquinaria mediática oficialista para proponer una versión de los hechos calificada como La farsa de San Isidro. Apareció el mismo viceministro en la Televisión Nacional, mientras volvían a emplear palabras como mercenarismo, golpe blando, contrarrevolución creándoles una reputación de “pagados por la CIA” a los artistas involucrados. En simultáneo, varios artistas –entre ellos Tania Bruguera y los huelguistas de San Isidro– vivieron detenciones, restricciones de salida de sus domicilios, citaciones e interrogatorios.

Mediante una declaración, el 27N denunció que la oportunidad de diálogo prevista con el ministro fue desechada por el propio ministerio al emitir una comunicación titulada Rompen el diálogo quienes pidieron diálogo. El posicionamiento del grupo ante la respuesta institucional es que “la condición primera para que nuestras peticiones puedan siquiera evaluarse, es el necesario reconocimiento del derecho a la libertad política”.

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Aunque la huelga y el desalojo forzoso de San Isidro dinamitaron la indignación del sector artístico, las demandas tenían años de acumulación; congresos, festivales, muestras de cine, aulas universitarias, donde la discusión en torno a la censura se reeditan con cada generación desde la frase de Fidel Castro en sus Palabras a los Intelectuales: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

A diferencia de otras generaciones en las que los artistas disidentes terminan abortados hacia el exterior, esta vez se gestó el grupo llamado 27N que está dentro, dando la batalla desde allí y reconociéndose fuerte en sus distintos colores políticos; un grupo que es San Isidro y lo trasciende. Es cada uno de los artistas e intelectuales que lo conforman. Son Luis Manuel Otero Alcántara y Tania Bruguera, cada uno de una generación distinta pero con obras que han venido sedimentando una nueva era de horizontalidad en las relaciones poder-pueblo, en la que se exige a toda voz lo que antes se callaba. En un país donde —al decir de Bruguera— vivió el mejor performer político de estos tiempos (Fidel Castro), estos artistas han trabajado el performance desde el concepto de artivismo, hibridación del arte y del activismo, en la que se emplea el arte como vía para comunicar una energía hacia el cambio y la transformación.

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“El arte es una herramienta muy poderosa porque te permite vivir en el futuro, mientras estás aún en el presente, te deja sacar las cosas en una especie de laboratorio seguro, pero también eso te recuerda tu humanidad….La materia de mi arte es el comportamiento social”, ha dicho Bruguera en sus distintas conferencias internacionales, incluyendo una conversación con Ai Weiwei, uno de los artistas contemporáneos más prolíficos y provocativos de la China comunista.

Ahí donde se escabulle el arte y cruza el umbral de lo político, el trabajo de Tania, en diálogo con el de Luis Manuel, interpela a los ministros, funcionarios y censores que se aferran a la institucionalidad creada en Revolución. El diálogo entre los artistas y el ministerio empezó roto.

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Luis Manuel ha estado preso más veces de las que puede contar. Calcula más de 60 detenciones en los últimos dos años. Sus visitas casi quincenales a los calabozos crecieron a par de sus performances políticas. Su obra Dónde está Mella consistía en pararse como estatua simulando a la representación escultórica del líder universitario de los años 30 en Cuba, removida por la construcción de un hotel de lujo. Este ejercicio de protesta pacífica desde el arte lo fue transformando en líder de un movimiento cultural para el que puso su propia casa.

Antes de saltar al performance, Luis Manuel interpelaba a un poder que por entonces no lo notaba: le recordaba que Los héroes no pesan, (2011), talla en madera dedicada a los soldados cubanos de la guerra en Angola. Se lo dijo más alto con el polémico performance Drapeau, una serie en que tomó la bandera cubana como piel durante todo el mes de agosto de 2018 y la empleó durante actividades cotidianas. Ya para esa fecha el poder lo escuchaba y castigaba con arrestos intermitentes por algunas horas. En marzo de 2020 fue su detención más significativa, acusado de ultraje a los símbolos patrios y daños a la propiedad. Esta ha sido, también, su trayectoria desde que decidió arrastrar la piedra que es el país.

Esta nota fue publicada originalmente el 28 de diciembre de 2020 en Periodismo Situado de Cronos Lab. Es parte de un informe sobre el movimiento San Isidro de Cuba que se puede consultar en este link.

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