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La crisis en la frontera terrestre: un número de personas “sin precedentes” cruzan de Afganistán a Pakistán

Un grupo de personas intentan cruzar la frontera entre Pakistán y Afganistán en Chaman el viernes 13 de agosto.

Shah Meer Baloch

The Guardian/Chaman (Pakistán) —

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El viaje hasta la frontera había sido tortuoso, un calvario de cinco horas en medio de una aglomeración de miles de personas para caminar apenas unos metros por el cruce entre Spin Boldak, en Afganistán y Chaman, en Pakistán.

Cuando Sherab Khan, de 24 años y del distrito Qarghayi, en la provincia afgana de Laghman, finalmente cruzó, dejó escapar un suspiro de alivio. “Todos queremos dejar ese infierno atrás”, dice Khan. “Sí, así llamamos a Afganistán ahora: un infierno”.

Desde que Kabul cayó en manos de los talibanes, el mundo ha contemplado con horror cómo el aeropuerto de la ciudad se ha convertido en el escenario de un caos mortal, con miles de afganos agolpándose en las puertas en un intento de huir en los vuelos de evacuación, y siendo aplastados o recibiendo disparos en pleno desorden.

Sin embargo, en el paso fronterizo entre Afganistán y Pakistán se han producido escenas parecidas de desesperación.

Un número “sin precedentes” de personas están cruzando de Afganistán a Pakistán a través del paso fronterizo oficial, según las autoridades locales. Este viernes, tras el devastador atentado en el aeropuerto de Kabul, el número de personas que se agolpaban en la frontera aumentó aún más.

Los cruces diarios se triplican

Aunque Pakistán dijo que no aceptará a ningún refugiado afgano, el paso fronterizo terrestre de Spin Boldak-Chaman entre Pakistán y Afganistán ha permanecido abierto, y en los últimos días han cruzado decenas de miles de afganos.

Solo se permite cruzar a las personas que viajan a Pakistán para recibir tratamiento médico o que tienen prueba de residencia en el país, pero los traficantes han estado ayudando a las familias a atravesar la frontera.

“En los últimos dos días se ha producido un aumento sin precedentes del número de afganos y refugiados que entran en Pakistán desde varias provincias de Afganistán. Hoy han cruzado a Chaman incluso más personas que ayer”, dijeron este viernes a The Guardian fuentes sanitarias locales bajo condición de anonimato.

Otra persona que se encontraba en la zona dice que las cifras en la frontera casi se duplicaron el viernes.

Cada día, decenas de miles de personas se han congregado en la frontera. Unas 20.000 cruzaron a diario, casi el triple de las 6.000 habituales. El 13 de agosto, justo antes de que Kabul cayera en manos de los talibanes, cruzaron 21.000.

Entre los que huyen hay pastunes, el mayor grupo étnico de Afganistán, así como tayikos y minorías como los chiíes hazara.

Pakistán ya acoge a la mayoría de los más de dos millones de afganos registrados en el extranjero. La agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, se está preparando para que hasta medio millón de personas o más huyan de Afganistán en el “peor de los casos” en los próximos meses, y es probable que la mayoría huya a Pakistán.

Oficialmente, el Gobierno pakistaní negó que haya habido un éxodo masivo de afganos que hayan entrado de manera irregular en el país a través del paso fronterizo. “No permitimos que los refugiados afganos entren y crucen nuestra frontera. Puede que haya habido algunos casos individuales, pero no hay afluencia”, manifestó Liaquat Shahwani, portavoz del Gobierno del estado de Baluchistán.

Shahwani dijo que los que cruzan se confinarían en los campos de refugiados que se están construyendo en las zonas fronterizas, y pidió a Acnur y otras agencias internacionales que ayuden a construirlos y gestionarlos. Baluchistán, la región en la que se encuentra la ciudad fronteriza de Chaman, es ya una de las regiones de Pakistán más turbulentas y desgarradas por la guerra.

“Todo el mundo tiene miedo”

Este jueves, hubo escenas polvorientas de caos y desesperación en Chaman. Decenas de miles de mujeres, hombres y niños fueron vistos empujándose y pisándose unos a otros para cruzar desde Afganistán.

Las mujeres se quedaban cerca de sus acompañantes hombres; algunas personas se desmayaban y los niños gritaban mientras eran empujados. Algunas personas mayores, mujeres y equipaje eran llevados a Chaman en carretillas. Decenas de coches esperaban a los refugiados para llevarlos a sus diferentes destinos.

Algunos iban a Quetta, una ciudad cercana en Pakistán, pero muchos dijeron que planeaban viajar a Europa.

Khan estaba entre quienes han dejado Afganistán en busca de libertad. “No elegimos esta vida y esta guerra, pero EEUU nos impuso a los talibanes y se marchó. Deberían permitirnos entrar en EEUU o en Occidente”.

El viaje por Afganistán para llegar a Spin Boldak, el lado afgano de la frontera, también está plagado de peligros. Las carreteras que llevan al cruce desde la provincia de Kandahar y otras regiones han sido destruidas por bombas y minas. Los puestos de control que antes estaban ocupados por las fuerzas afganas ahora están controlados por los talibanes.

Naib Khan, de 25 años, vendió un coche de caballos para financiar su viaje a Pakistán. Cruzó la frontera a última hora de la tarde del jueves con sus familiares. Tardaron tres días con sus noches sin dormir en llegar a Chaman desde Kabul.

“Todo el mundo tiene miedo en Afganistán”, dice. “Temen a los talibanes. Hay incertidumbre. Nadie sabe qué pasará mañana. Hay miedo en el aire desde que los talibanes tomaron el poder. Todos sospechan que Afganistán se teñirá de sangre y que habrá una guerra civil”.

“Todo el mundo dice que no hay futuro. Por eso dejamos nuestro hogar”, dice Khan.

Faiz Mohammad, de 62 años, huyó junto a 15 familiares de la provincia de Nangarhar. Llegó a Chaman el jueves.

“Siento vergüenza por dejar mi hogar a esta edad, pero ¿qué puedo hacer?”, dice. “Para un hombre joven es fácil dejar su casa, pero un hombre mayor lo que quiere es vivir y morir en su hogar y ser enterrado allí. No tuve más remedio que huir por mis hijos. La guerra nos ha dejado sin techo. Pakistán y todos los países deberían abrirnos sus fronteras”, dice.

Cree que quedarse en Afganistán sería resignarse a morir. “No podemos estar en Afganistán bajo los talibanes y sentirnos vivos”.

Entre los que huían estaba Mir Zaman, del distrito Bati Kot de la provincia de Nangarhar, que antes trabajaba como obrero. Ahora, dice, no hay trabajo en Afganistán.

“Perdimos nuestro trabajo y para sobrevivir necesitamos trabajar. Por eso hemos venido a Pakistán”, dice Zaman. “Los talibanes nos piden que nos quedemos y no abandonemos el país, pero ¿cómo podemos quedarnos en un país que no tiene futuro?”.

Con información de Hannah Ellis-Petersen desde Delhi.

Este artículo ha sido actualizado y ligeramente ampliado por la redacción de elDiario.es.

Traducción de Ignacio Rial-Schies.

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