La guerra que empezó en Jerusalén: Israel ataca Gaza y militantes de Hamas disparan cohetes

El ejército de Israel atacó posiciones del movimiento islamista Hamas en la Franja de Gaza y volvió a endurecer completamente el bloqueo a ese pequeño territorio palestino.

Oliver Holmes

Jerusalén / Israel —

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Los aviones israelíes y los militantes de Hamas intercambiaron un fuego cruzado de ataques aéreos y artillería de cohetes lanzados desde Gaza, la estrecha franja palestina en el Cercano Oriene que linda con el suroeste de Israel y el noreste de la península del Sinaí. El feroz enfrentamiento ha continuado casi sin cesar desde la puesta del sol del lunes, matando a 24 palestinos, incluidos nueve niños, según el Ministerio de Salud del enclave. Dos mujeres israelíes han muerto y se cuentan decenas de heridos.

Después de semanas de intensa violencia en Jerusalén, el lunes por la noche Hamas, el grupo islamista que gobierna dentro de Gaza, disparó una ráfaga de cohetes hacia la Ciudad Santa. Se cree que es la primera vez en más de siete años que ataca a Jerusalén.

En Gaza, los funcionarios de Salud dijeron que siete miembros de una sola familia, incluidos tres niños, habían muerto en una explosión. No estaba claro si la explosión fue causada por un ataque aéreo israelí o por un cohete que cayó cerca.

El ejército de Israel dio a conocer que había liquidado a 15 “agentes” de Hamas y a un comandante de batallón. Los residentes de la ciudad de Gaza informaron sobre los bombardeos en edificios de gran altura, en tanto las familias pasaban la noche sobrecogidas de miedo en los sótanos.

En Israel, los médicos comunicaron que más de 25 civiles estaban siendo atendidos debido al lanzamiento de cohetes, incluidos los heridos por vidrios rotos y metrallas. Los militantes habían disparado al menos 250 cohetes hacia Israel, muchos de los cuales fueron interceptados. Sin embargo, algunos impactaron directamente en edificios de departamentos. Uno impactó en una escuela vacía. El servicio nacional de emergencia y asistencia médica de desastres y ambulancias informó que los ataques con cohetes mataron a dos mujeres en la ciudad sureña de Ashkelon- situada a 73 km de Jerusalén- el martes por la tarde.

Israel anunció que estaba enviando refuerzos de tropas a la frontera de Gaza y movilizando a 5000 soldados de reserva, lo que genera justificados temores de una confrontación aún más amplia. Los estallidos anteriores han durado unos días, con resoluciones mediadas a través de conversaciones indirectas.

En las últimas semanas, en Jerusalén, cientos de palestinos han resultado heridos en protestas realizadas al anochecer que se intensificaron durante el fin de semana y se extendieron a otras áreas de Israel y Cisjordania, ocupada dentro del propio estado de Israel.

La policía israelí ha respondido con granadas paralizantes y balas recubiertas de goma. El lunes por la mañana, a pesar de los llamados a la pacificación por parte de EEUU, Europa y otros países, agentes antidisturbios irrumpieron en la explanada de la mezquita de al-Aqsa, el tercer santuario más sagrado del Islam, y se enfrentaron a los fieles. Hamas amenazó con actuar y comenzó a disparar cohetes el lunes por la noche.

Lanzados los primeros cohetes desde Gaza, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu declaró que los militantes habían “cruzado una línea roja”, y aseguró: “Israel responderá con gran fuerza”.

En un comunicado emitido a primera hora del martes, el líder de Hamas, Ismail Haniyeh, dijo que los ataques con cohetes continuarían hasta que Israel pusiera fin a “todas los episodios de terrorismo y agresión en Jerusalén y la mezquita de al-Aqsa”.

Israel y Hamas han librado tres guerras (2008, 2012, 2014), que han sido consideradas como fracasos relativos para ambas partes, con Hamas todavía en el poder en la franja de Gaza e Israel manteniendo un bloqueo paralizante.

En lugar de un conflicto a gran escala, los enemigos se han involucrado en batallas regulares libradas de manera intermitente pocos años después de cada guerra. Después de cada ronda, ambos lados sostienen que se han anotado puntos sobre el otro y luego se restablece un statu quo incómodo, precario y que siempre acabó por demostrarse efímero.

Netanyahu ha tratado de convencer a los israelíes de que puede mantenerlos a salvo al no dejar que nunca escale la violencia. A la vez, ha debido ponerles freno a las críticas de la extrema derecha, sus propios socios políticos, quienes lo acusan de una alianza tácita con Hamas y de falta de voluntad para el uso de una fuerza mayor y decisiva.

El líder que por más años gobierno el Estado de Israel se enfrenta a un momento especialmente inestable. El septuagenario premier del Likud sabe que se encuentran en juego su libertad personal –acusado penalmente de delitos de corrupción gubernamental- y su futuro político.

La semana pasada, el líder de la oposición, Yair Lapid, recibió la tarea de formar un gobierno después de que Netanyahu no lo hiciera. Y en consecuencia, el primer ministro debe enfrentar un nuevo desafío.

Un destacado columnista israelí, Ben Caspit, escribió el martes que la violencia reciente puede operar a favor de Netanyahu, ya que Lapid ha estado intentando negociar un acuerdo con un partido árabe en Israel, llamado Lista Árabe Unida, para formar un gobierno. Con tensiones tan altas, esas negociaciones parecen estar ya en duda.

“No es seguro que el propio Netanyahu esté derramando lágrimas”, escribió Caspit. “Al final del día, la alianza estratégica de Netanyahu con Hamas ha demostrado su valía. No en beneficio de Israel, sino en beneficio de Netanyahu”.

Jerusalén, con sus lugares religiosos venerados por cristianos, judíos y musulmanes, ha sido durante mucho tiempo el centro de la crisis israelí-palestina. La mezquita de Al-Aqsa está construida sobre un recinto que es el sitio más sagrado del judaísmo, conocido por los judíos como el Monte del Templo.

Los palestinos se han quejado porque consideran que se han impartido restricciones innecesariamente severas a las reuniones nocturnas durante el mes sagrado musulmán del Ramadán, la fecha sagrada para los musulmanes que implica un mes de ayuno y oración.

Mientras tanto, la ira ha ido aumentando semana tras semana entre los palestinos en torno a un proceso judicial que debía decidir si si las autoridades israelíes pueden desalojar a decenas de palestinos de un barrio de Jerusalén de mayoría árabe y darles sus casas a los colonos judíos.

Esa decisión, prevista para el lunes, se retrasó, pero el mismo día se llevó a cabo un provocativo desfile anual de miles de nacionalistas israelíes en la ciudad. El ‘Día de Jerusalén’ celebra la captura por parte de Israel de toda la ciudad, incluida la Ciudad Vieja y los barrios palestinos, en la Guerra de los Seis Días de 1967. Antes, Jerusalén Oriental estaba en suelo del reino árabe de Jordania.

Ayman Odeh, un político israelí de la minoría árabe del país, tuiteó un video de nacionalistas israelíes bailando y cantando en el Muro Occidental –mundialmente conocido como el Muro de los Lamentos- del Monte del Templo el Día de Jerusalén mientras un incendio, aparentemente iniciado durante enfrentamientos anteriores, avanzó arriba de la mezquita de al-Aqsa. “Impactante”, escribió en hebreo.

Los principales líderes religiosos cristianos en Jerusalén criticaron la “provocación coordinada de grupos radicales de derecha” que ha contribuido a la violencia en la ciudad. En una declaración conjunta, los 13 patriarcas y jefes de iglesias de varias denominaciones cristianas dijeron que los eventos de los últimos días “violan la santidad” de Jerusalén como Ciudad Santa y socavan la seguridad de los fieles. Pidieron la intervención de la comunidad internacional “para poner fin a estas acciones de provocación”. 

Traducción del inglés de Alfredo Grieco y Bavio

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