Análisis

Lecciones de la vuelta de Rusia al acuerdo del cereal: los faroles de Putin y el poder de Erdogan

Moscú
Vladímir Putin visita un polígono militar donde se entrenan reservistas movilizados para combatir en Ucrania

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Al final, Vladímir Putin dio marcha atrás. Enfrentado a la posibilidad de bloquear los barcos que transportan grano desde Ucrania o admitir tácitamente que su amenaza había sido un farol, el líder del Kremlin ha elegido no reavivar una crisis alimentaria mundial.

La salida de Rusia del acuerdo que permitía la exportación de cereal desde Ucrania por el Mar Negro llevaba semanas gestándose. Moscú había amenazado con suspender el acuerdo tras la explosión que destruyó parcialmente el puente de Crimea en octubre. La semana pasada volvió a hacerlo luego del ataque con drones a su flota del Mar Negro.

Pero en cuanto Moscú suspendió finalmente el acuerdo, quedó claro que no tenía ningún plan. Tras las consultas con el líder turco Recep Tayyip Erdoğan y el humillante giro de 180 grados de Putin, las únicas concesiones que ha podido reivindicar son “garantías por escrito” de Kiev.

“El Kremlin acaba de caer él mismo en una trampa de la que no ha sabido salir”, ha escrito Tatiana Stanovaya, directora de la empresa de análisis R.Politik. “El acuerdo [de los cereales] se suspendió, pero no está claro cómo se puede detener la exportación de cereales, no hay manera, a menos que sea por medios militares, y eso no entraba en sus planes”, ha dicho.

Es posible que en privado se hayan hecho promesas a Rusia, incluyendo garantías para exportar su propia producción agrícola, pero el giro del Kremlin demuestra en gran medida que Putin puede echarse atrás cuando encuentra oposición y resistencia. “Sabe cómo retirarse cuando es necesario”, asegura Stanovaya.

Los líderes occidentales podrían concentrarse en entender qué ha sido lo que ha convencido al Kremlin a dar marcha atrás ahora que Putin parece decidido a seguir escalando el conflicto como una forma de no quedar mal en el campo de batalla.

Ante la contraofensiva ucraniana, Rusia ha lanzado en las últimas semanas cientos de misiles contra centrales eléctricas y otras infraestructuras clave con el objetivo de sumir en el frío y la oscuridad a las ciudades ucranianas amenazando con una crisis humanitaria ahora que se acerca el invierno.

Los líderes occidentales han expresado su preocupación por las amenazas rusas de utilizar todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares tácticas, para asegurar el territorio ucraniano ilegalmente anexionado. Pero para las autoridades ucranianas, el giro del Kremlin es una lección importante para Occidente sobre lo que ocurre al desafiar al líder ruso. Un chantajista ruso “es inferior a los que son más fuertes y saben exponer claramente su posición”, escribió el asesor presidencial ucraniano Mijailo Podoliak. “La forma de llevar a la paz al agresor es haciendo una demostración de fuerza razonable”, dijo.

En este caso, las acciones de Rusia también amenazaban con provocar el enfado de líderes africanos y de Oriente Medio a los que Putin ha tratado de ganarse diplomáticamente. Cuando anunció la renovación del acuerdo el miércoles, Erdoğan dijo que los próximos envíos de productos agrícolas ucranianos tenían como destino Somalia, Yibuti y Sudán.

Luego está Erdoğan: a priori un rival de Putin en la región que se ha erigido en un importante actor dentro de las negociaciones de guerra. También desempeñó un papel determinante en el intercambio de prisioneros por el que Rusia liberó a comandantes ucranianos de la acería Azovstal, en Mariúpol. Moscú había dicho antes que su plan era tratar de ejecutarlos en un tribunal militar.

La influencia de Turquía ha aumentado claramente a medida que Rusia se ha visto más aislada económica y diplomáticamente. “Yo había dicho que Ankara podría tener la última palabra en esto, pero no esperaba que tuviera tanta influencia sobre Putin”, escribió Andrei Sizov, director de la empresa de investigación de mercados agrícolas SovEcon. “De verdad me pregunto cuál es el secreto de Erdoğan”, dijo.

Dentro de Rusia, el acuerdo sobre los cereales ha desatado la furia de los partidarios de la guerra que rechazan las “garantías por escrito” y, en algunos casos, han llegado a acusar al Gobierno de vender a sus soldados. “¡La guerra les importa un carajo! Lo que importa es el dinero”, escribieron los administradores de una popular cuenta de Telegram que recauda fondos y equipamiento para el ejército ruso. “Así es como piensan los políticos. Y nuestros soldados que casi mueren en la bahía de Sebastopol les importan un carajo”, publicaron.

Algunos blogueros y periodistas pro-Kremlin también se burlaron del acuerdo. “El tahúr ha dado garantías por escrito de no utilizar cartas marcadas”, escribió Alexander Kots, reportero del Komsomólskaya Pravda, afín al Kremlin.

La cuenta de Telegram llamada Coronel Cassad, con más de 800.000 suscriptores, publicó: “En cuanto a la confianza en estas 'garantías ucranianas'... como si no bastaran los ocho años de profanación de los acuerdos de Minsk o de la fórmula Steinmeier”.

Traducido por Francisco de Zárate

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