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OPINIÓN

Buenos Aires y la improvisación

En el Parque Rivera Sur se encontró el sitio arqueológico La Noria, una ocupación indígena tres siglos anterior a la fundación de la Ciudad. Los hallazgos hoy peligran.

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En el gobierno de la Ciudad, algunas veces nos hicieron creer que eran serios para encarar ciertos proyectos, y el tiempo nos demostró que, salvo la limpieza del borde costero del Riachuelo, no hemos visto por el sur ninguna tarea eficiente.

Sucede que, en ese triángulo sur, donde termina la Ciudad y limita con el Riachuelo y la General Paz, hay un barrio que precisamente se llama Villa Riachuelo, hermoso lugar que contempla el encanto de una vida social porteña más sosegada.

También en ese barrio está su némesis: la velocidad del Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires, construido durante el primer peronismo, cuando la zona era muchísimo más despoblada y pampeana. Recordemos que anteriormente las competencias de Fórmula Uno eran de calle y se hacían en el Lago Regatas de Palermo.

Ese lugar cuenta con dos lagos aliviadores, de la época en que se rectificó el Riachuelo, para que después de Pompeya, en el más allá, no hubiera inundaciones.

Detrás del autódromo se encuentra el viejo Parque Almirante Brown, inaugurado por el intendente radical Francisco Rabanal, quien fuera hombre del sur. En el lugar se conserva aún un monumento muy digno, con una simulación de fragata y su palo mayor. Allí sobreviven también, depredados y maltrechos, los homenajes a las batallas de nuestro héroe del Combate de Los Pozos.

Ese parque hoy se llama Parque Ribera Sur, y es un reducto deportivo del sindicato de la ciudad de Buenos Aires, SUTECBA, con su pileta, quinchos y parrillas.

Pero también resulta que dentro de este se encuentran dos temas patrimoniales muy importantes para una ciudad que se piense íntegra. Ambos tienen que ver con la recuperación de la Cuenca Matanza-Riachuelo, que no es solo limpieza y descontaminación, sino también patrimonio y recuperación cultural integral. La degradación se manifiesta cuando un lugar deja de interesar y sorprender.

El primer tema en cuestión es ambiental: queda aún el cauce viejo del Riachuelo, no rectificado, es decir, una especie de afluente del cauce mayor que se mete en el parque enunciando su paso de arroyo de llanura. Un paisaje absolutamente perdido en la Ciudad, muy interesante para la educación ambiental de las escuelas. Allí quedó trunco un proyecto consensuado entre vecinos, Gobierno de la Ciudad y ACUMAR, que ya había diseñado usos educativos, culturales y ambientales, como la construcción de un Centro de Interpretación que no generaba ningún tipo de impacto ambiental negativo y se fundía en el paisaje para generar el encuentro con aquel curso de agua sobreviviente.

A unos metros se encontró un yacimiento arqueológico querandí, en el cual el Gobierno de la Ciudad, a través de las áreas de Cultura, mostró interés, avaló su excavación e investigación y puso la señalética correspondiente para su interpretación. Allí se hallaba un gran humedal donde nuestros hermanos querandíes se asentaban y desarrollaban su existencia. No es menor preservar estos lugares.

A Jorge Macri, sabemos, le gusta Roma, y siempre vuelve con ideas de esa hermosa ciudad, pero nunca trae alguna vinculada a cómo los romanos, ante cada aparición arqueológica —que son muchísimas—, cuidaban el patrimonio.

En estos días nos enteramos del decreto 151/26, que otorga al fideicomiso de administración del autódromo la gestión de los inmuebles que conforman el denominado Parque de la Ribera Sur. Con este movimiento, estos predios dejaron de estar en manos de la Corporación del Sur, un organismo creado para dinamizar el sur de la Ciudad, inutilizada en los últimos gobiernos.

El 18 de abril de este año, la Junta de estudios históricos y culturales de Villa Lugano Villa Riachuelo, presento un pedido de informes a la Gerencia operativa de Patrimonio del Gobierno de la CABA.

En la misma rescatan los trabajos realizados con universidades, en el denominado Sitio La Noria, validados por la Universidad del País Vasco y la Universidad del Museo Social Argentino.

A esto se suma el relicto del Riachuelo, un espacio ancestral, el ya mencionado cauce viejo, el cual es un reservorio bilógico. De esa forma han planteado, también su preocupación por el reemplazo, de la absorción natural, por el cemento, que atenta conta la resiliencia hídrica del curso de agua que se debe preservar y recuperar aún.

Este pedido por un ambiente sano, deja a en claro, como la falta de controles integrales sobre el Riachuelo, hace que se produzcan constantes y nuevos avances que se van encadenando hasta hacer desaparecer lugares naturales, desnaturalizarlos o degradarlos.

El no planificar la ciudad, está permitiendo asistir a una serie de anuncios improvisados y caprichosos, como el monorriel sobre la General Paz y el sistema de tranvías y buses eléctricos de movilidad sustentable, anunciado después de su primer viaje a Roma, ni bien asumió, ni bien asumió, nuestro “lord mayor”.

Para Jorge Macri y sus dos antecesores, la prioridad única hasta ahora ha sido seguir robándose el río, proponiendo negocios inmobiliarios y llenarnos cada vez más la ciudad de automóviles, ahora viene la coronación con el sueño del regreso de la Formula uno a la Ciudad.

Parecerían no importan los bordes de la ciudad, ni nuestros vecinos de la provincia, solo están para ser denostados y vivirlos como invasores. Algo extraño para quien viene de ser intendente de un municipio chico y acomodado, también limítrofe de la gran ciudad.

Es imposible imaginar a la ciudad autónoma sin su área metropolitana, alejada de los procesos y las transformaciones que en ella ocurren y en los que incide. Debemos recordar que compartimos el valle con sus cuencas hídricas, la General Paz y los problemas de residuos y su disposición final, el tránsito y el transporte. Todo ello nos engloba en una realidad metropolitana. Su desconocimiento puede transformar la preciada autonomía en autismo. De no corregirse el rumbo por el Ejecutivo porteño, seguirá condicionando el desarrollo del ecosistema metropolitano, que por su complejidad requiere de un compromiso mayor del gobierno de nuestra querida Ciudad de Buenos Aires.

El autor es el presidente de Nuevo Encuentro CABA y exvicepresidente ejecutivo de ACUMAR

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