Qué hace Peter Thiel en Argentina: el magnate tecnofascista se acerca al Gobierno y es celebrado por Santiago Caputo
Peter Thiel está en Argentina. El multimillonario de Silicon Valley, cofundador de PayPal y Palantir Technologies, lleva más de una semana en el país con una agenda que mezcla política de alto nivel, turismo futbolero (asistió al clásico River-Boca) y contactos estratégicos. Según trascendió en distintos medios, el lunes de la semana pasada se reunió con Santiago Caputo, asesor de Javier Milei.
Tanto la Cancillería —bajo la órbita de Pablo Quirno— como la Presidencia mantuvieron canales de contacto con el empresario durante su estadía, detalló Infobae sobre la visita del magnate que fue revelada por C5N. El vínculo no es nuevo: Thiel ya había tenido un encuentro previo con Milei en el que compartieron diagnósticos sobre la economía argentina y las reformas estructurales impulsadas por la administración libertaria.
Quién es Thiel
Nacido en Alemania en 1967 y criado en Estados Unidos, Thiel es una de las figuras más influyentes —y controversiales— del ecosistema tecnológico global. Fue el primer inversor externo de Facebook, cofundó PayPal junto a Elon Musk y construyó una carrera como referente del capital de riesgo con apuestas en compañías transformadoras. Pero su proyecto más significativo en términos de poder político es Palantir Technologies, empresa especializada en el procesamiento masivo de datos que trabaja para gobiernos, ejércitos y agencias de inteligencia de todo el mundo. La CIA fue su primera inversora, a través de su fondo In-Q-Tel, cuando Palantir se fundó en 2003.
Thiel es también uno de los ideólogos del movimiento neorreaccionario en Silicon Valley, crítico declarado de la democracia liberal —en 2009 escribió que ya no creía que “la libertad y la democracia fueran compatibles”— y financista clave de la carrera de J.D. Vance, actual vicepresidente de los Estados Unidos.
El manifiesto y el reposteo de Caputo
La visita de Thiel coincide con un momento de particular activismo ideológico de Palantir. El 18 de abril de 2026, la cuenta oficial de Palantir en X publicó un texto de 22 puntos que resume la visión tecnopolítica de su director ejecutivo Alex Karp, titulado “The Technological Republic, in brief”. El texto fue reposteado por Santiago Caputo desde su cuenta personal, amplificándolo ante su audiencia argentina.
El documento, analizado en profundidad por la revista El Grand Continent —que lo calificó como un texto que los ideólogos neorreaccionarios presentan como “el plan para forjar un Occidente tecnofascista”— contiene tesis que merecen leerse con atención. El manifiesto plantea que “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso” y que la élite de ingenieros tiene “la obligación positiva de participar en la defensa de la nación”. Sostiene que “el hard power de este siglo se basará en el software” y que la cuestión no es si se fabricarán armas basadas en IA sino quién las fabricará y con qué fin.
El análisis de El Grand Continent señala que Palantir opera con un método llamado “land and expand”: penetrar en una organización mediante un contrato inicial modesto para luego imponer su estructura de datos hasta hacer imposible cualquier salida, un mecanismo conocido como “vendor lock-in”. La empresa ya tiene contratos con el servicio de inmigración de EE.UU. (ICE), con la Bundeswehr alemana y con el sistema de salud del Reino Unido, entre otros.
Las advertencias que ya circulan
La presencia de Thiel y el reposteo del manifiesto por parte de Caputo generaron reacciones inmediatas en el ámbito político y de derechos digitales. El abogado y especialista en privacidad Ariel Garbarz publicó una extensa hilo en X alertando sobre las implicancias para Argentina.
“Palantir no vende tornillos ni caramelos. Vende cruce masivo de datos, vigilancia, perfilado y poder. Te lo envuelven en palabritas como 'eficiencia', 'seguridad' e 'innovación', pero es control social sin precedentes con perfume de Silicon Valley”, escribió Garbarz. Y fue más lejos: “En un país saqueado, endeudado y entregado, una herramienta así puede terminar sirviendo para vigilar, clasificar y apretar ciudadanos, opositores, migrantes, pobres y cualquiera que moleste al poder de turno.”
Garbarz rechazó de antemano el argumento de “quien no tiene nada que ocultar, no tiene nada que temer” y señaló que “en democracia nadie tiene que someterse a un panóptico digital para demostrar inocencia”. Exigió que cualquier vínculo contractual con Palantir sea sometido a debate público, control parlamentario, auditorías técnicas externas y publicación de contratos: “Ya no puede hacerlo por la puerta de atrás con reuniones secretas entre empresarios, servicios y funcionarios.”
La advertencia más dura apuntó a la irreversibilidad del proceso: “Una vez que estos hijos de puta meten la mano en datos migratorios, financieros, policiales, sanitarios o de telecomunicaciones, después no la sacan más. Y cuando querés acordar, ya no sos ciudadano: sos un perfil, una alerta o un objetivo.”
MC
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