Opinión

De Canal 7 a La Televisión Pública (TVP), una historia de tensiones y contradicciones

Pantalla partida

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La historia de Canal 7 que cuenta Natalí Schejtman en Pantalla Partida es un análisis de sus dualidades y contradicciones. La primera es la doble naturaleza del canal estatal, también conocido, en sus inicios, como LR3 Radio Belgrano Televisión, luego como Argentina Televisora Color, y, desde hace unos años, como la TV Pública. Canal 7, propone el libro, tiene una naturaleza política, compuesta de designaciones, leyes e ideas, que se plasma en una naturaleza mediática, una “propuesta de pantalla” disponible para todo el país.  

En la propuesta de pantalla se encuentra otro de los desacuerdos históricos del canal: el debate sobre si la programación tendría que ser cultural o popular, una discusión que, como el libro relata, se inició en 1951, en el comienzo de las transmisiones, entre Enrique Susini y Jaime Yankelevich, y llegó hasta nuestros días. Cuenta Schejtman que, cuando asumió la presidencia Fernando de la Rúa, con ánimos de renovar una cultura considerada frívola y cholula, las nuevas autoridades del canal aceptaron que el programa de bailanta Milenio Tropical siguiera saliendo al aire, pero “con la advertencia de que su emisión era producto de que su contrato todavía estaba vigente. No vaya a ser cosa que alguien lo asociara con quienes habían propuesto cortar con «la fiesta para pocos»” (p. 266).

Otra de las tensiones que aflora es entre la cambiante conducción del canal -en 1971, con solo veinte años de trayectoria, el canal había tenido 49 directores – y los históricos trabajadores y trabajadoras del canal, que se traduce en una frase que aparece en repetidas instancias a lo largo del libro -y de la existencia de la emisora-: “¿Sabés a cuántos como vos vi pasar?”. Las contradicciones se multiplican: funcionarios que declaman pluralismo pero presionan para que el noticiero y los programas políticos sigan una determinada línea o inviten a ciertas figuras y excluyan a otras; miembros de la oposición que proponen crear un canal público de calidad “como la BBC”, pero abandonan el apego a las instituciones en cuanto llegan al gobierno; programas y figuras, como Fútbol de Primera, Hora Clave, u Hola Susana, que dan sus primeros y tentativos pasos en la pantalla estatal y se mudan a emisoras privadas para disfrutar del éxito. 

Schejtman reconstruye los 70 años de Canal 7 a través de tres fuentes principales. Realizó más 150 entrevistas a funcionarios, trabajadores, artistas y periodistas, analizó actas de directorio en años clave - 1955, la última dictadura militar 1976-1983, y, el período más reciente, luego de la creación Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado en 2009, y trabajó con el archivo audiovisual -fragmentario e incompleto, otro de los problemas históricos del canal.

Los capítulos del libro siguen, a grandes rasgos, los mandatos presidenciales, y documentan cómo hay continuidades que subyacen los aparentes cambios abruptos de políticas respecto al canal de una administración a otra. No busca dar cuenta de toda la programación del canal, pero sí se detiene en algunos programas emblemáticos como El Pueblo Quiere Saber, 60 minutos, Mesa de Noticias, La Noticia Rebelde, El otro lado, Okupas, Fútbol para todos y 678. También repasa coberturas periodísticas históricas, como la del levantamiento carapintada de Semana Santa, que solo fue reportada en continuado por ATC, como se llamaba en ese momento; las protestas y la represión en diciembre de 2001; las imágenes de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en junio de 2002, o la Tragedia de Once en 2012. 

Uno de los principales méritos del libro es el espacio para las voces de los protagonistas, que más de una vez presentan versiones contradictorias de los hechos. Por ejemplo, el libro presenta distintos testimonios sobre la relación entre Jaime Yankelevich y el peronismo, la llegada de Okupas a la pantalla oficial, o el nivel de presiones de distintos gobiernos sobre la programación. Cuando existe evidencia, la autora la presenta para saldar esa discusión.  

Uno de los principales méritos del libro es el espacio para las voces de los protagonistas, que más de una vez presentan versiones contradictorias de los hechos (...) Cuando existe evidencia, la autora la presenta para saldar esa discusión.

Pantalla partida también contextualiza la creación y desarrollo de Canal 7 en la historia del país y, en particular, en la historia de la radiodifusión argentina. El libro funciona, así, como un recorrido por los hitos de televisión local, desde la primera emisión hasta la transmisión satelital, pasando por otros avances tecnológicos como el color y el tape, que permitía grabar programas y liberarse de la tiranía del vivo. La comparación entre la transmisión desde Malvinas de Canal 7 y la BBC es uno de los segmentos más logrados del libro. 

Natalí Schejtman es una experta, con años de trabajo en estudios sobre medios, pero el libro nunca cae en la prosa erudita y recargada. Tiene un estilo ágil y elegante, que permite a la audiencia sentir que recorre los pasillos del canal a la par de los protagonistas. Aunque el foco del libro son los trabajadores, directivos y funcionarios, y la programación, habría sido interesante dedicarles más espacio a las opiniones de la audiencia, más allá de las menciones al rating y el share que aparecen en casi todos los capítulos. Por otra parte, un índice temático al final facilitaría encontrar temas y personajes cruciales para esta historia del Canal 7.

En el epílogo el final, la autora plantea, de manera breve, una serie de puntos sobre la necesidad de contar con una televisión pública: “Hay aspectos estructurales que una comunicación basada en criterios comerciales deja vacantes en términos de derechos, oportunidades y desarrollo, y que una emisora estatal puede explorar para hacer valer su diferencial” (p. 375). Pantalla Partida es, también, un análisis de por qué la emisora estatal argentina, con algunas excepciones, no supo, no quiso o no pudo hacer valer ese diferencial. Este libro es una invitación a que trabajadores y trabajadoras, integrantes del gobierno, y televidentes nos planteemos qué Canal 7 -y qué televisión pública-  queremos. 

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