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Opinión

Argentina, campeón mundial en ombliguismo pandémico

Argentina

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“Estamos en el puesto 21 entre 400 países (en vacunación)”. 

“La (vacuna) Sinopharm con la primera dosis solo tiene el 3% de efectividad”. 

“Los hisopados tienen unos metales extraños, que te ponen eso, y te va a dar positivo”. 

Cada una de estas frases pertenece a un o una periodista que tiene décadas de experiencia, y lleva más de un año informando sobre la epidemia de Covid-19. En el mundo se contagiaron más de 140 millones de personas, de las cuales murieron tres millones. La Argentina tiene menos de dos por ciento de los casos y víctimas fatales de coronavirus. Una pandemia es por definición un fenómeno mundial. Y, sin embargo, la cobertura periodística se desarrolla casi como si fuera un evento local, y cada una de sus aristas -desde los testeos hasta las vacunas, desde los confinamientos hasta el aumento de la pobreza y el desempleo- tuvieran lugar solo en nuestro país. 

Un trabajo de Esteban Zunino encuentra que el 69 por ciento de las fuentes citadas en noticias sobre Covid-19 son fuentes oficiales estatales, incluyendo el poder ejecutivo nacional, gobernadores y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Las fuentes de otros países apenas llegan al seis por ciento en la cobertura de la pandemia. El foco local se puede explicar por criterio periodístico -las autoridades locales toman decisiones que afectan la vida de las audiencias de noticias, el público puede estar más interesado en los eventos cercanos- y también por restricciones económicas: hay pocos corresponsales, y faltan tiempo y recursos para cubrir las noticias sobre la pandemia en otros países.

El sábado 11 de abril, Gao Fu, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China dijo “vamos a resolver el problema de que las vacunas tienen bajos índices de protección”, sin especificar a cuál de las cinco vacunas chinas se refería. Al día siguiente, Gao dijo que había sido mal interpretado, ya que estaba hablando de todas las vacunas, no solo las producidas en China. Pero desde el lunes 13 de abril los medios locales especularon sobre si el funcionario chino hablaba de Sinopharm, comprada para la campaña de vacunación en Argentina, o de Sinovac, en uso en Chile y Uruguay. La polémica siguió varios días en medios argentinos, y la desmentida, sincera o no, nunca fue difundida.

El discurso periodístico no es el único que exagera la mirada local sobre la pandemia, muchas veces a costa de cometer errores cuando se establecen comparaciones con otros países. El presidente, Alberto Fernández, incluyó en las filminas que mostraba en los primeros meses de la pandemia información errónea sobre la tasa de mortalidad en Chile, Brasil y Ecuador para defender la cuarentena como política pública. Luego, dirigentes de la oposición afirmaron, por ejemplo, que la Argentina estaba entre los 10 países con más muertos por millón de habitantes, o que es el país con menor vacunación en América Latina, o del mundo. La Argentina está -por ahora- vigésimo sexta en la lista de tasa de mortalidad por Covid-19 entre los países de más de un millón de habitantes, con números parejos a los de Colombia y Chile, algo menores que los de Brasil, México y Perú, y por debajo de varios estados desarrollados como Estados Unidos, Italia o el Reino Unido. Respecto a vacunas por millón de habitantes, Argentina ocupa el cuarto lugar en América Latina, después de Chile, Uruguay y Brasil. 

La pandemia todavía no terminó, pero no sería sorprendente que países similares, con desafíos parecidos respecto a pobreza, salud pública y condiciones de vida, muestren resultados parejos en el manejo del coronavirus. El discurso triunfalista del oficialismo a principios de la pandemia, el derrotista de la oposición desde al menos mediados de 2020, y la cobertura periodística de la epidemia tienen un rasgo común: el excepcionalismo argentino, la idea de que, para bien o para mal, somos una sociedad distinta, con un futuro venturoso o trágico, según quién haga el análisis. Si al inicio de la pandemia teníamos pocos contagios era mérito de la ciudadanía que se estaban cuidando. Cuando en octubre de 2020 estuvimos entre los países con más muertos por millón de habitantes por día también era culpa de los argentinos que, irresponsables, no tomaban recaudos. Si la cuarentena no funcionó para frenar contagios es porque somos especialmente proclives a quebrar las normas o porque el gobierno argentino es el único que establece reglas demasiado estrictas para ser cumplidas.

El ombliguismo de cubrir las noticias como si la Argentina fuera el centro del mundo puede ser antipático pero inofensivo respecto a temas como política local o fútbol. Pero parece peligroso para informar al público sobre un fenómeno internacional: el virus no se frena en los Andes o el Río de la Plata, no necesita visa para entrar por Ezeiza. ¿Qué nos pasa a los argentinos con el coronavirus? Lo mismo que al resto del mundo. Es mejor aprender de lo que pasó en otros países y colaborar con ellos para dejar atrás la pandemia. 

EM

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