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QUÉ ESCUCHAR

Ciudad de oídos abiertos

El trío integrado por Jorge Rossy, Jakob Bro y Arve Henriksen.

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La velocidad es una de las variables esenciales del jazz. Los frenos y aceleraciones repentinas, la sorpresa explosiva y, desde ya, aunque no se lo confiese abiertamente, la fascinación con la rapidez de los instrumentistas. El gran saxofonista Paul Desmond bromeó con esto –y con las encuestas y premios de las publicaciones especializadas– asegurando haber ganado “varios premios al saxo alto más lento del mundo, así como un galardón especial al silencio en 1961” y, en el mismo sentido, afirmaba: “En una época comencé a practicar, pero ví que empezaba a tocar demasiado rápido y entonces dejé de hacerlo”. Otro saxofonista, Jan Garbarek, que cultivó en sus inicios un estilo volcánico, heredado en gran medida del Gato Barbieri, dio en un momento de su carrera un giro de 180 grados para dedicarse al culto de la nota larga y las variaciones infinitesimales.

Velocidad y movimiento, no obstante, no son lo mismo y tal vez una de las mejores pruebas posibles sea el excelente trío que conforman el guitarrista danés Jakob Bro, el trompetista noruego Arvid Henriksen y el baterista español Jorge Rossy, que hoy (sábado 18) y mañana (domingo 19) se presentarán en dos horarios (20 y 22.45) en Bebop (Uriarte 1658, Palermo). Grabaron juntos un disco para el sello ECM titulado Uma Elmo (los nombres de los hijos del guitarrista) y allí, como en un mar calmo, aparecen incontables ondulaciones, reflejos, reverberaciones y, por supuesto, veloces corrientes bajo la superficie.

Bro, que contó a la revista inglesa Jazzwise la profunda conmoción que sintió al oír el disco Psalm, de la banda de Paul Motian –no casualmente allí el guitarrista era Bill Frisell, otro mago del “antivelocismo”–, llegó a tocar con ese grupo y además ha sido compañero de ruta de muchos de los grandes del género en las últimas décadas, desde viejos maestros como Kenny Wheeler, Lee Konitz o Tomasz Stanko hasta estrellas más recientes como Joe Lovano.

Arve Henriksen, que además canta en el registro de contratenor, es un trompetista de sonido purísimo, ronda habitualmente los paisajes de la electrónica y se destaca por un fraseo delineado con cincel. De Rossy alcanzaría con recordar que fue el baterista del trío con el que Brad Mehldau saltó a la notoriedad. Pero, en rigor, este músico, que además toca el vibráfono y el piano, pertenece a una dinastía diseñada por Motian y el exquisito Barry Altschul, donde la percusión, mucho más allá de la mera marcación rítmica, es una voz melódica más, capaz de dialogar en igualdad de condiciones con las de sus compañeros.

2.      El llanto de la selva

Un sonido casi irreal en las cuerdas. La reminiscencia de un canto tribal. O de pájaros selváticos. Una estética concebida desde la libertad más absoluta. Gabriel Sivak, un músico argentino radicado en París, se reconoce como posmoderno. “Compuse durante años música en la que no era completamente yo mismo; ahora creo que todo lo que está allí, es parte de nuestra imaginación y de nuestro idioma. No creo en la disociación que han sufrido muchos de mi generación, que escuchaban una música y debían componer otra”. En Lágrimas de tahuari (una planta medicinal también llamada chonto), que la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires estrenará en la Argentina el próximo sábado 24 a las 20, en el Teatro Colón, confluyeron varias de sus obsesiones, lecturas y sueños alrededor del Amazonas. Y, con un sentido que, en sus palabras, “llamaría político si eso ni fuera tan pomposo”, la vivencia, en un viaje iniciático, de los efectos del incendio que devastó la selva en 2019, ante la indiferencia del entonces presidente Jair Bolsonaro. La composición de Sivak, estructurada en cinco movimientos (“Entrada no Mato”, “Huka-Huka”, “Aguas de buriti” (otra planta), “Danse et polyrythmie” y “Kuikuros”) es una suerte de retrato íntimo del Amazonas y abrirá el concierto que, con dirección de Miguel Hernández-Silva, incluirá también el Concierto para piano y orquesta de Edvard Grieg (con Teo Gheorghiu como solista) y la Sinfonía Nº 12 “El año 1917” de Dmitri ShostakovichLágrimas de tahuari fue grabada en un álbum monográfico con composiciones de Sivak, también con dirección de Hernández-Silva, que puede escucharse completo en este enlace de Soundcloud.

Diego Fischerman es autor del blog “El sonido de los sueños”: https://xn--sonidodesueos-skb.com/

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