Opinión - Panorama de las Américas

Comunismo fantasma, comunismo fósil y fascinantes fascismos

Alfredo Grieco y Bavio Panorama de las Américas rojo

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En una de las caricaturas más injustas pero exitosas de la campaña presidencial hondureña, una Xiomara Castro de Zelaya apuñala el vientre de una embarazada. El mensaje es claro. Equivale a decir que la candidata por el izquierdista Partido Libertad y Refundación (Libre), ex primera dama, esposa de Manuel Zelaya, depuesto en 2009 en lo que fue un leading case del lawfare continental, es abortista. Para las decisivas elecciones de este domingo 28, el oficialista y muy derechista Partido Nacional ha hecho su “lema ‘Honduras sí, comunismo no’, con ese fantasma del comunismo, de la Guerra Fría”, comenta la periodista hondureña Jennifer Avila. En Honduras nunca gobernó la izquierda, y no hay balotaje. Basta un solo voto de diferencia para quedarse con el poder en Tegucigalpa. En las elecciones de 2017, sospechadas de fraude, Juan Orlando Hernández, logró la reelección cuando superó por menos de medio punto a su competidor más próximo, el izquierdista Salvador Nasralla.

Conocidos los resultados de la primera vuelta presidencial chilena, en su discurso de la noche del domingo 21,  el candidato con más votos, el republicano José Antonio Kast, anunció que lucharía para que en la segunda vuelta del 19 de diciembre no triunfen Gabriel Boric y el comunismo. Su rival frenteamplista le respondió que iniciaba “una cruzada” en contra del miedo.

A diferencia de las lideresas española y peruana Isabel Díaz Ayuso y Keiko Fujimori, a diferencia del candidato nacionalista y oficialista hondureño, el empresario de la construcción Nasry Asfura -enriquecido por la obra pública, señalado por los Pandora Papers-, cuando Kast habla de ‘comunismo’, el actual líder de todos los partidos de derecha chilenos usa sólo el lenguaje literal, sin metáfora truculenta. Porque la coalición Apruebo Dignidad al frente de la cual Boric fue el segundo candidato más votado en primera vuelta está integrada básicamente por dos partidos, el jovencísimo Convergencia Social legalizado en 2020 y el Partido Comunista (PCCh) fundado en 1912, aun antes de la Revolución Bolchevique. En las primarias de julio, los dos precandidatos que compitieron por la candidatura presidencial fueron Boric y el comunista Daniel Jadue: venció el más moderado. Un dato relevante es que el total de votos que obtuvo Boric, ya como candidato presidencial, el domingo, 1.814.809, es prácticamente igual a 1.750.889, el total de votos emitidos en las primarias de Apruebo Dignidad el 18 de julio. Boric a la vez una base fiel, y un problema para crecer.

En el discurso de Boric del domingo, ya había un contraste entre el candidato y la militancia, y lo que el candidato ya sabía que tenía que pedirle a esa militancia. Kast no había usado las palabras fuerza, dictadura, Pinochet, represión, guerra, Piñera, aborto. Más bien, dio a entender (acá sí también como Trump) que no iría contra derechos adquiridos. La militancia gritaba “¡Se siente, se siente, Boric presidente!” y “¡Abajo el fascismo!”. Ahora, esta sí es una metáfora. Desde su anterior ética de la convicción, Boric la podía corear, ahora, desde la responsabilidad, tiene que pensarlo. Kast dijo que tiene que luchar para liberarse de las caricaturas que se hacen de él.

¿Es conveniente para Boric “la cruzada”, la lucha del bien contra el mal, de la democracia contra el “fascismo”? En el caso de Trump no fue conveniente. Se parecen más entre sí las estrategias de sus competidores que estas figuras entre sí. ¿Gana un solo voto más? Es predicar a la grey conversa. Por fuera, este comportamiento es el que Parisi describe como ‘elitista’, autoprotector. Cuando Sichel decía que Kast nunca salió de los ‘80s, es cierto. Es neoliberal en economía y neoconservador en temas sociales como Margaret Thatcher, esa aliada de Pinochet. O como Ronald Reagan, que pudo pasarse dos presidencias sin decir ni una sola vez en público la palabra ‘sida’, porque quienes se morían de esa peste lo tenían sin cuidado. Kast va a respetar los resultados, no va a dudar como Trump ni va a pedir a ‘su Ejército’ que intervenga como Bolsonaro. 

La máquina de evitar revoluciones

José Antonio Kast tiene un motivo muy específico y coyuntural, además, para estar agradecido a la democracia. La otra gran sorpresa de estas elecciones es la recuperación de la derecha histórica en el Congreso. En especial, sorprendente pero no inesperado, de Renovación Nacional (RN), el partido del presidente Piñera. Esta derecha ganó el Senado como nadie supo prever. El nuevo gobierno, si quiere legislar, deberá negociar; si no, verá bloqueados sus proyectos. Esta noticia pone fin a cualquier ebriedad revolucionaria, porque la ilimitación de los fines, esa calle última que retrocedía y retrocedía, ahora debe enfrentar la grisalla de la limitación de los medios. ‘Derrotemos al fascismo, así podemos hacer el Chile que soñamos –negociando con el fascismo’ es mucho menos de lo que Apruebo Dignidad, que calculaba que iba salir delante, y no detrás, del Frente Social Cristiano, creía merecer.

Hay que decir que Renovación Nacional parece dispuesta a las negociaciones. N es un partido que buscó lucir como el más moderno de Chile, y busca probar que puede serlo: los millones de la fortuna personal de Piñera fueron gas de elevación al gobierno, y lastre. En las tres décadas que siguieron a la dictadura, sólo en dos ocasiones, interrumpió la centro-derecha gobernó ólo en dos períodos presidenciales gobernó , y son los dos mandatos de Piñera: el actual, dos veces amenazado por impeachments que log, termina el 11 de marzo.

Como en la batalla final de 2016 de la demócrata Hillary Clinton contra Donald Trump (otro republicano, como Kast), Boric empieza a recibir endorsements de figuras de alto o connotado perfil. (Aun la revista Vogue dejó atrás decenios de prescindencia e ingresó por primera vez a la arena política al pedir el voto por Hillary). El jueves, la doctora Izkia Siches cerró un histórico capítulo en la vida del Colegio Médico anunciando su renuncia a la presidencia para sumarse a la campaña de Boric, a quien conoce desde su paso por la Universidad de Chile: en 2017, fue la primera mujer, y la persona más joven, en liderar al sindicato. Dejó en claro que, sin embargo, no lo hacía por Boric: lo hacía por repugnancia a Kast. Y Boric pudo quejarse después de la participación de Paula Daza, subsecretaria de Salud Pública de Piñera, en el comando de Kast.

Otra médica, la ex presidenta socialista Michelle Bachelet anunció que viajará a Chile, donde acompañará a Boric, en la medida y que pone su Fundación incondicionalmente al servicio de la campaña de balotaje. La figura de Bachelet genera representaciones mentales contradictorias en diversos públicos. Para el voto de Parisi, o para el flamante equipo económico de Kast (que no renuncia a bajar impuestos, aunque ahora aclare que lo hará “de acuerdo con la realidad”) , Bachelet significa déficit, aumento de la deuda, disminución del crecimiento y de la inversión extranjera, malas notas en las calificadoras de riesgo, corrupción y fortalecimiento de la ‘casta’. Para las FFAA, la vehemencia de esta hija de general de Brigada es tranquilizadora.

El más centro-izquierdista de los presidentes chilenos, Ricardo Lagos, fundador del Partido por la Democracia (PPD), y a quien Boric llamó en 2016 “favorito de los empresarios, les concesionó las carreteras”, y en varias ocasiones, derechista, también hizo llegar su endorsement el miércoles. “Me parece un gesto valioso”, agradeció Boric. El gesto valioso del derechista esconde, o evidencia, una ironía o crueldad: llega después de las elecciones parlamentarias, cuyos resultados aseguran que el de Boric también será un buen gobierno centrista. 

AGB

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