Javier Marías, de los que no regresan

Fotografía de archivo del 25 de septiembre de 2015 de Javier Marías durante una entrevista con la agencia española EFE en Madrid. El escritor español ha fallecido este domingo a los 70 años, según ha confirmado el ministro de Cultura del Reino de España, Miquel Iceta.

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La noticia cae como un chorro de agua helada: el escritor español Javier Marías (Madrid, 1951) acaba de fallecer el 11 de septiembre de 2022.

Marías muere con medio siglo como narrador a sus espaldas, desde su primer libro, Los dominios del lobo, un relato de aventuras escrito a los 17 años y publicado por Edhasa en 1971. Pasó a la primera fila de la literatura en España en 1986 al ganar el Herralde de Novela con El hombre sentimental, y su triunfo se confirmó con el inesperado éxito de crítica y de ventas de Todas las almas. Pero su consolidación en la escena literaria internacional llegó en 1992 con la novela Corazón tan blanco.

 

Javier Marías, periodista de opinión

Una veta popular de Marías fueron sus artículos periodísticos. Desde 1996 colaboró en diversos medios de prensa, y mantuvo hasta hoy una columna semanal, La Zona Fantasma, en el diario El País. Esto lo volvió una presencia polémica, siempre crítica, en los debates públicos.

Frecuentemente impopulares, bajo la ligereza propia del estilo periodístico, sus opiniones tenían, para quien supiera encontrarlo, un infrecuente, valioso espesor. Por ejemplo, cuando relacionaba la indistinción entre verdad y mentira con la pacotilla artística y literaria: “En la época en que más medios hay para contrastar y verificar las informaciones, mayor es la indistinción entre lo verdadero y lo falso, confundidos en una especie de magma”, escribía en “Cuando ya no se distinguen” (El País, julio del 2009); una época, la nuestra, precisaba Marías, en la cual “hasta los novelistas (bueno, los demagógicos) ‘permiten’ que los lectores ‘intervengan’ en la trama y ‘decidan’ el final, negando así la esencia misma de las ficciones”.

Hay que apuntar aquí que con las opiniones de Marías se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo, pero que no aportó solo opiniones, sino que mostró la dignidad intelectual del debate sostenido con argumentos y con razonamientos en una sociedad muy poco dada a ellos. Con eso basta para que el periodismo deba sumarse a la literatura en el luto por la pérdida de una voz que hará falta en ambos campos.

 

Julián y Javier: filosofía y “pensamiento literario”

Es que el “tema de la verdad” fue, según el propio Marías –que así lo dejó escrito en Literatura y fantasma (Madrid, Alfaguara, 2001)– el asunto central de sus historias. Tema que desarrolló, pero no con la sistematicidad propia de la disciplina a la que se dedicó su padre, el famoso filósofo vallisoletano Julián Marías, sino valiéndose, en cambio, de su “pensamiento literario”, como él lo llamaba.

En Corazón tan blanco, las tendencias introspectivas de Juan, el protagonista, crean la distancia propicia a todas las rarezas de la reflexión filosófica, algo en lo cual parece inevitable sospechar la influencia paterna. Así, al recién casado Juan le causan malestar los cambios que conlleva el matrimonio, cuya “principal manifestación visible es la artificiosa preparación de una casa común, una casa que no existía para uno ni para otro, sino que debe ser inaugurada por los dos, artificiosamente”. Esa casa es “la prueba de que en realidad, al contraerse, los dos contrayentes están exigiéndose una mutua abolición o aniquilamiento, la abolición de aquel que cada uno era”.

 

Javier Marías, traductor

Al margen de su obra de narrador –docena y media de novelas y tres volúmenes de cuentos, en los que plasmó ese “pensamiento literario” que dijimos antes, utilizando la expresión que acuñó el propio Marías en “Contar el misterio” (El hombre que parecía no querer nada, Madrid, Espasa Calpe, 1996)–, así como de sus ensayos, sus varios volúmenes de recopilaciones de artículos y su ininterrumpida labor como columnista de opinión en los principales medios españoles, Javier Marías fue un reconocido traductor que, fuera de sus propias obras, acercó también a los lectores hispanohablantes libros como La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy y Los sermones de Mr. Yorick, de Laurence Sterne, que tradujo en 1978 al castellano para Alfaguara, lo que le valió el Premio Nacional de Traducción en 1979.

En la novela antes citada, por cierto –Corazón tan blanco–, Juan Ranz, el protagonista, trabaja como intérprete para organismos internacionales, y reflexiona con frecuencia sobre su oficio de traductor y sobre las palabras, sus usos, su poder: “Traducibles palabras sin dueño que se repiten de voz en voz y de lengua en lengua y de siglo en siglo, pensé, las mismas siempre, instigando a los mismos actos desde que en el mundo no había nadie ni había lenguas ni tampoco oídos para escucharlas”.

 

Javier Marías, el final: “Los que no regresan”

Las frecuentes críticas de Javier Marías en la prensa a la hipocresía, los populismos, el mal gusto, la descortesía, el uso pobre, deficiente o perverso del lenguaje, etcétera, le atrajeron el rechazo de muchos sectores progresistas, que lo tildaron de intolerante, cuando no de “momia” o de “señoro”. Marías recibía esos calificativos con perfecta indiferencia; mejor dicho, no acusaba recibo. Lo más cercano a una réplica que le recuerda en este momento quien escribe estas líneas es un breve párrafo, que tiene ya una década, en su columna de El País: “Cuantos escribimos en prensa estamos acostumbrados a recibir cartas de protesta y reproche. A menudo son agrias, u ofensivas, en ocasiones insultantes. Debe de ser cosa de estos tiempos, en los que ha disminuido la cortesía” (“El senyor Martí i el seu pare”, El País Semanal, 29 de enero del 2012).

Pero si Marías fue poco grato a muchos sectores de la sociedad actual, tampoco él, por su parte, era dado a reconocer como cierto el supuesto altruismo del que tales sectores suelen hacer alarde. Por el contrario, siempre desde su “tema central”, puso por encima de ellos al egoísta convicto y confeso, del cual escribió en Pasiones pasadas (Madrid, Alfaguara, 1999): “Es una de las pocas y agradables figuras que, por suerte, no intenta convertir ni salvar a nadie. Y es por ello, en última instancia, el único capaz de ver la verdad”.

Su última novela –la décimosexta–, Thomas Nevinson, fue publicada por Alfaguara en marzo del 2021. “A veces pienso que nuestras enteras vidas no son sino el largo y aplazado anhelo de volver a ser indetectables como cuando no habíamos nacido”, escribe Marías en esas páginas. Pero no somos capaces de cumplir ese anhelo, prosigue. Solo se atreven a hacerlo “los espíritus muy valientes y fuertes, casi inhumanos: los que se suicidan, los que se retiran y aguardan, los que desaparecen sin despedirse (...). Los que no regresan”.

AGB

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