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Santelmeñas en red: una comunidad de mujeres que creció en el barrio y se volvió sostén colectivo

Santelmeñas en red: feminidades creando comunidad

Claudia Regina Martínez

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En tiempos en los que el individualismo parece imponerse como norma, tejer redes se vuelve un gesto político y vital. En San Telmo, un grupo de mujeres lleva casi siete años construyendo una comunidad basada en la cercanía, el cuidado mutuo y la solidaridad. Lo que empezó como un pequeño chat entre vecinas se transformó con el tiempo en Santelmeñas en red, un entramado de más de 200 feminidades que comparten información, apoyo y proyectos comunes en el barrio.

La iniciativa nació en 2019, sin un plan demasiado estructurado, pero con una intuición clara: ampliar el círculo de confianza entre mujeres que compartían el mismo territorio. Carolina, una de las impulsoras y administradora del grupo, recuerda que todo comenzó a partir de un chat previo más pequeño, integrado por amigas y vecinas. Cuando surgió la posibilidad de sumar a otras personas, decidieron crear un nuevo espacio.

“No fue que a una sola se le ocurrió. Con Marijó teníamos otro grupo más chico, de siete u ocho amigas y vecinas con mucha intimidad compartida, pero en la presencialidad. Cuando otra vecina quiso sumarse, pensamos en abrir un grupo nuevo, ya no solo entre quienes nos conocíamos tanto, sino ampliando un poco más la comunidad”, cuenta.

La lógica era simple: sumar a personas conocidas por alguien del grupo, siempre con algún vínculo previo. El objetivo, en ese momento, no estaba formulado con precisión. “No sé si teníamos un objetivo muy claro”, admite María José. “No algo explícito que hubiéramos conversado”.

Sí había, en cambio, un criterio que terminó definiendo el espíritu del espacio: el territorio. La mayoría de las integrantes eran vecinas o personas vinculadas a la vida del barrio. “La constante es que fueran vecinas o cercanas de la comunidad de San Telmo”, explica María José. “Con el tiempo se extendió un poco a otros barrios, pero lo que nos nuclea sigue siendo el territorio”.

Para Graciela, que se incorporó más tarde al grupo pero vive en San Telmo desde hace cuatro décadas, ese rasgo es central. “Aparece mucho la palabra comunidad y creo que ese es el punto: organizarnos en comunidad, y además como mujeres de una comunidad”, dice. Desde su mirada, el grupo también funciona como una forma de sostener la identidad del barrio frente a los cambios de los últimos años. “San Telmo se ha gentrificado, es otro mercado, son otras calles. Pero hay cuestiones que nos juntan y nos sostienen para no perder esa identidad”.

El grupo creció rápidamente, pero nadie imaginaba que un acontecimiento global aceleraría ese proceso. La pandemia de 2020 terminó de consolidar la red. “Nadie se imaginaba lo que iba a implicar la pandemia para el grupo y para cada una de nosotras”, recuerda María José. “Fue soporte y sostén para muchas. Cuando todo se volvió hacia adentro, este grupo nos permitió seguir sosteniendo alguna idea de comunidad”.

Durante los meses de aislamiento, el chat funcionó como un espacio de ayuda mutua. Circulaban computadoras o celulares para quienes los necesitaban, se organizaban donaciones y también se coordinaban acciones solidarias en el barrio.

Uno de esos episodios ocurrió con la escuela Isauro Arancibia, que durante la pandemia siguió acompañando a estudiantes en situación de vulnerabilidad. “Buscaban personas con auto para llevar mercadería o materiales para las clases”, recuerda Carolina. “A través del grupo varias nos sumamos”.

Ese tipo de iniciativas, sumadas a los intercambios cotidianos, fortalecieron los vínculos. Con el tiempo, el chat dejó de ser solo un espacio virtual y empezó a trasladarse a la vida del barrio.

Hoy Santelmeñas en red reúne a unas 230 mujeres cis, lesbianas, trans y no binaries con perfiles muy diversos: docentes, escritoras, trabajadoras sociales, emprendedoras, profesoras de yoga, personas vinculadas al arte, la gastronomía o el deporte. Muchas tienen trayectorias y saberes que terminan circulando dentro de la comunidad.

Los encuentros presenciales se volvieron imprescindibles

“No es solo un grupo donde te pasás el teléfono del plomero”, explica María José. “Aunque eso también está: tenemos un Excel de servicios y vamos probando si tal electricista vino o no vino. Pero cada una puede aportar algo cuando hace falta”.

La diversidad de intereses dio lugar a múltiples iniciativas. Con el tiempo fueron apareciendo subgrupos más específicos: uno de compras colectivas, otro de perimenopausia y menopausia, uno para salir a bailar o ir a peñas y otro vinculado a la crianza de niñas y niños.

El grupo de compras, por ejemplo, surgió en 2023 cuando la situación económica se volvió más difícil. “Empezamos compartiendo comercios del barrio o lugares donde comprar más barato”, cuenta Carolina. “Después dijimos: podemos organizarnos para comprar juntas”.

Hoy son alrededor de cien personas que adquieren productos a mayoristas o cooperativas, organizan la logística y se turnan para recibir, fraccionar y distribuir los alimentos. “Todo es absolutamente autogestivo y artesanal”, explica.

Además de la actividad cotidiana en el chat, las Santelmeñas también organizan encuentros presenciales. Este año preparan el séptimo. Suelen hacerse los domingos por la tarde en un centro cultural cercano al barrio, con modalidad “a la canasta”: cada una lleva algo para compartir.

En esos encuentros se mezclan charlas, presentaciones y pequeñas iniciativas culturales. Algunas integrantes leen textos, otras llevan libros o plantines para intercambiar, y desde el último encuentro también se sumó una mini feria con producciones de las propias participantes.

Uno de los objetivos que fue apareciendo es trascender el individualismo. Eso es lo más fuerte

Graciela

“Primero hay mucho bullicio, todas conversando”, cuenta Carolina. “Después hacemos una ronda grande donde se presentan las que vienen por primera vez o quienes quieran compartir algo. Y después ya es conversación”.

A veces los encuentros también se aprovechan para impulsar acciones solidarias. En uno de ellos reunieron donaciones para proyectos sociales del barrio.

Graciela recuerda especialmente un episodio que la emocionó: las donaciones que llegaron a la sala de jardín del Isauro Arancibia, donde ella trabaja. “Cuando vi las fotos del aula preparada para recibir a los chicos, con cosas que habían donado compañeras del grupo que antes ni conocían la escuela, dije: ‘Wow, qué loco’. Es impresionante cómo se va armando la red”.

Para ella, el grupo revela algo más profundo que una simple organización vecinal. “Uno de los objetivos que fue apareciendo es trascender el individualismo”, reflexiona. “Eso es lo más fuerte”.

La red también transformó la experiencia cotidiana del barrio. “Salís a la calle y siempre te encontrás con alguien del grupo”, cuenta María José. “Estás en la verdulería y aparece una”. Graciela coincide: “Estás esperando el semáforo y alguien te dice ‘¿vos sos del grupo?’. Son pequeñas cosas, pero en estos tiempos son fundamentales”.

El grupo también funciona como un espacio donde circulan experiencias personales. Desde duelos hasta problemas laborales o cuestiones de cuidado familiar. “Se habilita algo de lo íntimo”, dice Carolina. “Hay compañeras que perdieron un familiar, otras que se quedaron sin trabajo, y el grupo está ahí”.

El pin del sexto encuentro presencial de Santelmeñas en red

La red, además, sigue expandiéndose de forma orgánica. Cada tanto alguien quiere sumarse, lo que abre un debate interno sobre hasta dónde crecer. Carolina suele contactarse personalmente con las nuevas interesadas y explicarles cómo funciona el espacio. “Somos tantas, el grupo funciona de esta manera, no se permiten audios, si se arma una conversación larga se pasa al privado”, les explica. Algunas deciden sumarse y otras prefieren no hacerlo.

Mientras tanto, la comunidad sigue produciendo pequeños gestos cotidianos: compartir plantines, recomendar trabajos, ofrecer una casa con electricidad cuando se corta la luz o invitar a alguien a trabajar con la computadora cuando no tiene conexión. “Se corta la luz y alguien dice: vení a cargar el celular a mi casa”, resume María José.

Para quienes integran Santelmeñas en red, ese tipo de gestos define el sentido del grupo: una trama barrial que se construye día a día y que demuestra que, incluso en una gran ciudad, todavía es posible hacer comunidad.

CRM

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