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SOY GORDA (ESEGÉ)

Que no exista ganar

Dani Zelko y Caístulo

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“La sociedad es una energía de conexiones ancestrales pero grita ahora, ahora, ahora y se pierde de tener oído”, dicen Caístulo y Dani Zelko en Un texto camino. El puente espejo. Ritualizar el tartamudeo. Ese ahora es un presente que quiere devorarse todo, incluso auto fagocitarse. Es sordo y pocos se detienen en él, aunque tampoco están en el aquí ni en el ahora. Es un presente vacío que hay que llenar de imágenes, objetos, oquedades, para darse entidad y reafirmar una identidad que daña pero da sentido.

Caístuolo es cacique de la comunidad Territorios Originarios Wichí, en el Gran Chaco, un jardinero de palabras que cuida y riega para llegar a la semilla. Su compañero de escritura es un artista nacido en Buenos Aires en 1990, que anda por los caminos en busca de otras formas de sentires y pensares. En el libro, dividido en tres breves partes, hablan sobre la falta de atención entre las personas, absorbidas por la frivolidad desesperante del consumismo. Pero también sobre lo que enseñan los ríos, el viento, los árboles y los animales en sus arquitecturas naturales.

Difícil de clasificar, las líneas del volumen del líder wichí y el poeta, músico y editor son los eslabones de una fina joya. Esta suerte de ensayo expresa, a modo de largo poema, una cosmovisión sobre el mundo contemporáneo en el que los humanos somos los depredadores de todas las especies, incluida la propia, pero desde el que es posible desaprender para dejar de repetir los usos que resultan inservibles para la plenitud de la vida. Una vida donde lo material, lo simbólico y lo espiritual conjugados socialmente sean armónicos.

Zelko viene llevando a cabo el proyecto Reunión desde hace más de diez años, en el que se encuentra con personas inmersas en disputas territoriales con el propósito de hacer un libro que tenga algún tipo de influencia política entre los actores del lugar. El procedimiento es que él escribe lo que se habla durante 5, 6, 7 horas, mientras están sentados, sin grabador, y si hay silencios, se los respeta y se pasa al renglón siguiente. El material luego se tipea en computadora, se lee y se corrige entre los participantes.

Los autores se conocieron en el monte, en 2020, en medio de campos de monocultivo, petroleras, proyectos ganaderos e iglesias. Crearon una forma de habla y escucha, un compañerismo espiritual que se prolonga hasta el presente. Sin grabador, cortaron los versos como una inhalación, pasando al papel el material mientras están reunidos, editando y corrigiendo juntos. “Nosotros ponemos las dos orejas, una oreja cada uno, ¿quién habla? ¿Quién escribe?”.

Esa voz ahora impresa podría ser la voz de un mundo que quiere amanecer distinto, transformado, compañero. A sus casi 80 años, Caístulo (Juan de Dios López, Juayuk), al comienzo de la pandemia por el Covid-19, empezó a cantar los mensajes que le transmiten `las madres’ que de a ratos parecen ser lo que llamamos árboles y de a ratos una fuerza mas inconmensurable y difícil de nombrar. El año pasado fundó en su comunidad una pequeña escuela donde mujeres adultas están aprendiendo a leer y escribir.

El libro comienza hablando de una llave que es un canto, un mensaje, una pregunta que va realizando una obra donde hablan todas las especies vivas, a través de una madre que camina bajo el corazón de la tierra. Ese árbol es una antena que emite sabiduría, que produce aprendizaje. Aunque parezca exagerado, el mensaje es una mezcla de pensamientos de todas las madres. Sus palabras incluyen las diversidades, tienen la punta filosa de la filosofía, traducen y debaten pensamiento, mueven los vientos y unen.

Esas madres no se quejan ni presentan impotencia, mientras el humano se resiste al futuro. “Ah, que yo soy de tal raza, que yo soy de tal país es un pensamiento mezquino”, dicen. Para que las cosas cambien y seamos amigos, compañeros, hay que asociarse, sin apoderarse uno de la lengua de otro. El archivo de los antiguos es grande, es un nido y está a disposición. Las personas son herramientas, pero los objetos son la dificultad, porque producen envidia. En cambio, los sonidos de los maestros te abrazan con el mundo.

El hombre blanco hizo mucho daño cortando madera. Somos torpes. Mientras vemos a los árboles como materiales, ellos salen a alumbrar, son antorchas.

Hay que encontrar algo con lo que el mundo no sueña todavía, nacer la palabra aunque te digan loco, dejar que aparezca la fuerza de pensamiento abierto y el encuentro. No crear/criar, fortalece la dominación, la conquista, la policía, la ley, los dueños, la maldad, el mezquino.

Lo que pensamos hasta ahora, así, de ese modo, no ha servido para una vida libre. La propiedad, la apropiación, proclamar lo que es mío, adueñarse, nos pone contra nosotros mismos y genera ira contra los seres vivientes-

El ave dice: yo también soy representante, el mundo tiene muchos representantes, ¿cómo transformar a este ser en un humano de vuelta?

En El puente espejo continúan las búsquedas y las preguntas sobre como tranquilizarnos creando un sistema que respete a todos los seres del mundo, con una voz que no los rompa, que sea música. Acudir al fuego y al hielo para lograr un equilibrio, que no se prolongue la necesidad de decir “soy el más fuerte”, donde no sea necesario ganar, no exista ganar, no haya ganar.

“En la copulación armamos sin pensarlo, nos transformamos en una cosa bellísima poderosa”, escriben. El sueño es imprescindible. Soñar, soñar. En la misma citación caminan el relajamiento y la fuerza. “Cuando mi espejo no está en posición entro en el sueño y no descanso… es la enfermedad que repite, repite, repite”.

Esta reunión trae una música desde adentro, una música que es cada uno, un sonido espiritual. El mensaje termina cuando “te acompaño, te conozco y te digo sos mi fragancia, soy tu fragancia. Somos hermanos, en otro tiempo no había lengua wichí y otras lenguas. El tronco era el mismo y mi padre era hermano de tu padre”.

En una ceremonia en territorio wichí, antes del 7 de octubre de 2023 aparece un tatarabuelo de Zelko que le pasa una cuerda y le dice: “algo se rompió entre nosotros”. Ese ancestro había sido un traductor del movimiento iluminista del siglo 19 y fueron los pueblos originarios argentinos, a través de los hermanos espirituales Caístulo y Soraya, quienes impulsaron la búsqueda de la vida de los antepasados judíos de Zelko.

Hamás asesina a gran parte de la familia del escritor en territorio israelí, vecino a Gaza, y en ese duelo feroz, siguió escribiendo y parió el libro Oreja madre, donde cuenta desde su judaísmo su posición en contra de la idea de que Israel representa a los judíos del mundo y a favor de la justicia por décadas de humillación contra los palestinos y a favor de una Palestina libre.

LH/MF

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