Lo poco que se sabe
“Oh mar, dame tu cólera tremenda”, pinta el Colectivo La Porfía (del deseo) en una tela blanca, extendida sobre la orilla. La arena se humedece por el ir y venir de olas amables y armónicas. El género, serpiente sinuosa en Praia Indalá y Praia Guaecá, en el litoral norte de San Pablo, es una bandera larga que unas mujeres en marcha ponen sobre sus hombros. Cuatro artistas le ruegan a la naturaleza que propicie el cambio social, que nos despierte del letargo y nos sacuda, con los fragmentos de pluma y letra de Alfonsina Storni.
Lo de La Porfía es ceremonia y es gesto político, es performance y es metáfora de la existencia colectiva, la nuestra.
Veo el video de la poesía visual flameando en la costa durante mi visita a la Feria al hueso. “Yo me pasé la vida perdonando porque entendía mar, o me fui dando. El video- registro es la contraposición entre la frase y la calma aparente del mar. Fue realizado en el último enero.
Las autoras performers son Paola Ferraris, Jackie Simsolo, Kekena Corvalán y Florencia Eseiza que, en una experiencia “de amor propio y colectivo, invitan a participar a todas las compañeras para pintar, vestir y caminar juntas”.
Las vi desfilar con sus trapos, así, como en cámara lenta, en la última Bienal de San Pablo. Estuvieron en Venecia y en tantísimos lugares más, desmontando jerarquías entre arte mayor y técnicas domésticas, situando el cuidado en el centro de debate.
Me encuentro en Al hueso con Carola Cohen, del espacio Cohen Otra Mirada, donde también se despliega el arte visual y el hacer cotidiano hace sus maravillas, muy cerca de la reserva forestal del Bajo San Isidro. Carola convoca a diversidades a mostrar sus obras y propone acciones conjuntas de bordado, música, lo crudo y lo cocido. Han agarrado aguja e hilo personas que nunca hubiéramos imaginado.
Luego aparece en Al hueso Jimena Palacios, reina de los tapices y las mantas, vecina de mi barrio, maestra de artistas. Poco antes del final del recorrido me abrazo con Jackie, de La Porfía, para recalar frente al audiovisual de su grupo de feminismo artivista.
Me gusta pensar que nada es sólo casual ni absolutamente causal, que como te enseñan en las clases elementales de Filosofía, Metafísica es lo que está más allá de la Física, porque en esa continuidad Aristóteles ordenaba los libros de su biblioteca. Un juego de espacialidades.
¿Por qué no ir más allá del binarismo y darles igual jerarquía a las energías múltiples? Nuestra posibilidad cognitiva es acotada, los límites humanos, una herida narcisista. Pero el arte, la posibilidad de crear belleza, siempre abre puertas simultáneas y produce el milagro de las uvas: nacen en racimos.
La política, acaso, ¿es el arte de lo inesperado? Allí, y no hablo de los partidos, a veces 2 + 2 no es 4.
En estos divagues, Kaos y Control, andaba ayer cuando salí rumbo a la feria Al hueso, en la galería Tacha de Chacarita, por invitación de mi amigo Javier Fernández Chaker, incansable artista textil.
Javi formó con Mariana Szulman una dupla creativa explosiva y nómade, abandonando la idea de propiedad, tan cara al sistema mercantil del arte. No se trata de impugnar ese modo de organización comercial por completo, no todavía de andar por ahí regalando o ejercitando el trueque, sino de ir mostrando las contradicciones del negocio, de negar el ocio.
En un departamento de alquiler temporario de un segundo piso, el dúo desparramó prolijamente pequeños y medianos altares con telas intervenidas con materiales en desuso. Basura, restos. Aparecieron ojos, calaveras y rosas, cruces, manos, serpientes. “No vengas a mirar, vení a habitar”, brilló la consigna en un afiche
“Dos miradas, dos cuerpos, múltiples desvíos. La obra aparece en el roce, en la negociación, en aquello que ningunx podría haber imaginado solx”, explican Mariana y Javier.
Estamos en las vísperas de los días de Santos y de Muertos. El clima es el mexicano que ronda a la Guadalupe al pie del cerro Tepeyac, aunque también el del ritual pagano de Gauchito Gil, el que ayudaba a la gente pobre, desertó del ejército y fue degollado. Antonio Mamerto Gil Nuñez era de Corrientes, como la maestra Nanci Estela Godoy, asesinada brutalmente esta semana en un nuevo caso de femicidio. Lloro.
¿Cómo no encadenar las producciones de nuestros artistas con lo que sucede más allá de los talleres, galerías, ferias, incluso comprendiendo el sentido de Halloween, como un quiebre entre las fronteras vitales y mortales de los pueblos celtas?
Los creadores tienen sus propias devociones y no viven en una torre de cristal. Son sensibles a sus congéneres. No representan, pero presentan los actos eróticos y de locura maldita. Muestran que el miedo y la parálisis son temporarios, que la vida sigue latiendo.
Un poco más cerca del cielo, en el último piso de la feria, Gabi Berutti, con su cabello largo, lacio, bellamente entrecano, muestra su Maple de fin de mes, con una huevera de cerámica y un único huevo de oro metidos adentro de una heladera de puerta abierta. Berutti es la artista que honra el trabajo humano en su Obra en construcción, la que vivencia y transmite el proceso que implica el hacer lento de las cosas, desde la preparación de la arcilla hasta el atajo final: “la tierra pide paciencia”.
Manifiestos éticos que enlazan conocimientos antiguos con tecnologías de la modernidad, todas estas obras nos sumergen en el borde de lo sagrado y en la existencia y la sobrevivencia de las especies. Como si creando mundos, en sus búsquedas personales o en conjuntos, los artistas nos dijeran: estos son nuestros cuerpos y éstas nuestras tareas, ningún acto de violencia podrá detenernos, aunque haya momentos en que nos demoremos en dar una respuesta.
“¿Por qué el mar no está envuelto y brioso hasta el enfado como queremos verlo? Justamente, porque esta pregunta atañe a lo que sentimos que sucede con nuestras sociedades”, porfían. “Frente a lo terrible que está sucediendo en el mundo sentimos que la realidad no se revuelve ni revoluciona como esperamos”, escucho las voces deseantes en off del video. “Esa diferencia entre el deseo de la frase que se incorpora en nuestro andar, nos provoca sentimientos contradictorios. Esperamos que algo reaccione y se agite socialmente”.
Frente al pedido de cólera tremenda al mundo marino, parece haber una calma tensa y por momentos angustiante. “El espóiler de este presente global es que nadie tiene idea de lo que pueda suceder”.
“También sabemos que el mar puede cambiar de un momento a otro, finaliza Kekena, la Keke. Esa es una de las características de lo imprevisible que pareciera estar afectándonos. La violencia del mar, como nuestras propias reacciones sociales, es siempre inminente. Frente a la crueldad de un mundo delirante nos organizamos en una demora donde reside latente y extraño lo que vendrá”.
0