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Opinión

Malvinas: ¿cuarenta años no es nada?

Federico Lorenz

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Las declaraciones recientes de Beatriz Sarlo sobre la soberanía de las Islas Malvinas, a las se sumó la exhumación de comentarios de la historiadora Sabrina Ajmechet, evidencian que el archipiélago toca cuerdas sensibles de los argentinos. Lamentablemente, el clima político y cultural, electoralista y superficial, impedirá, probablemente, pensar en la manera de que esas sensibilidades orienten políticas de estado eficaces y que además sean coherentes con ciertos pilares que como país democrático sostenemos desde 1983.

En vísperas del cuadragésimo aniversario del conflicto, pensar qué diremos sobre la guerra no es una cuestión menor, sobre todo si la voz que se escucha es la del Estado nacional. El 14 de junio de 2021 el Ministerio de Defensa de la República Argentina difundió un video institucional con motivo de un nuevo aniversario del final de la guerra de 1982. Era una pieza más en el marco de las conmemoraciones que se preparan para el aniversario de los cuarenta años del conflicto, marcadas por una “vigilia malvinera” iniciada el 2 de abril del mismo año y la expresa y loable voluntad de homenaje del Estado nacional a quienes combatieron en las islas contra los británicos.

Pero…

El video aplana la Historia. A una imagen satelital del archipiélago, sigue la frase: “Quisimos recuperarlas, y fuimos a la guerra”, y a continuación escenas bélicas de archivo. Luego, otra aseveración: “Todos fuimos”, con el escenario de una Plaza de Mayo colmada. Sigue una voz en off que enumera algunas situaciones vividas en aquellos días febriles y tristes: el envío de cartas, la espera en las trincheras, y finalmente, la afirmación tajante de que “Volvernos (de las islas) fue muy duro y en la confusión nos desencontramos”. El video finaliza diciendo que el día de la recuperación “Llegará”, tarde o temprano. 

Hay aquí una síntesis de lo que Malvinas encarna, y del problema en el que nos encontramos. Comencemos por el final: las islas ocupadas por Gran Bretaña tarde o temprano serán recuperadas. Tan sagrada es esa verdad, nos dice el video de una fuerza política que en sus orígenes hizo de la revisión del pasado dictatorial una bandera, que como “queríamos recuperarlas”, la guerra se justifica (“y fuimos a la guerra”). Más aún, “fuimos todos”.

Esta última afirmación puede leerse de dos maneras: en el sentido de que todos (la sociedad argentina) vivimos la guerra, lo que es cierto en términos de experiencia históricas. Pero más preocupante es el mensaje subyacente de que “fuimos” todos en el sentido de la responsabilidad. Pues eso diluye pensar en un grado para ellas, e impide, precisamente, los homenajes. Quienes habitábamos este país en 1982 no fuimos igualmente responsables de la guerra, y en consecuencia, no podemos ser juzgados de la misma manera. 

El aplanamiento de la Historia, la anulación de la pregunta crítica es una tarea a revertir, porque es empobrecedora. Es difícil, porque el video también expresa una idea de fuerte arraigo, que Malvinas es un punto de encuentro: tras la derrota, “nos desencontramos”. Otra vez, puede ser leída literalmente: muchos veteranos de guerra lamentan amargamente lo que consideran políticas de olvido; pero también, perder el eje de la “argentinidad” que expresan las Malvinas son la causa de las divisiones nacionales. Por oposición, la unidad en esa causa refuerza nuestra casa común. 

El aplanamiento de la Historia, la anulación de la pregunta crítica es una tarea a revertir, porque es empobrecedora.

El video mostró el vigor de algunas ideas fuerza sobre la guerra, y a la vez sobre el conflicto diplomático de larga data. Si algo necesitaba para convencerme de emprender una vez más la tarea de pasar a contrapelo el peine de la Historia, fue verlo. Porque no creo que la Historia de lecciones de nada, pero sí, en cambio, que es una formidable cantera tanto de ejemplos como de advertencias, a veces encarnadas en las mismas personas y acontecimientos. Una persona, una guerra, un archipiélago, pueden condensar los claroscuros de una sociedad.

Antes de este aniversario, el 14 de junio de 2021, aún pensaba qué podía agregar a las discusiones sobre el tema. Me preguntaba, me pregunto, cuál será el tono de la recordación de los cuarenta años del conflicto bélico de 1982.  ¿Cómo se prepara un país para conmemorar el aniversario de una guerra que perdió? ¿Cuál debería ser el tono? ¿Qué deberíamos decir?

El Estado argentino puede y debería recordar, agradecer, y pedir perdón. El esfuerzo y sacrificio de sus combatientes, de aquellos que no están manchados con sangre de compatriotas, solo podrá ser reconocido cuando a la vez la sociedad reconozca las condiciones históricas de esa guerra, asuma una responsabilidad colectiva como trabajosamente aún no termina de hacer en relación con las violaciones a los derechos humanos. 

Pero no es todo lo mismo. Si la experiencia de guerra une a los argentinos, en el caso de los combatientes en particular no es cierto que sean todos iguales. No solo por su actuación en las islas, que no somos quiénes para juzgar más que ellos mismos. Sí, en cambio, para encontrar un sentido legítimo a la guerra. No puede haber legitimidad en una decisión de un gobierno ilegítimo, pero esa misma asunción nos puede ayudar a comprender el enorme retroceso que la guerra produjo, y poner en un cuadro de aún mayor respeto a quienes fueron a combatir cumpliendo un deber cívico. La experiencia de la breve guerra de 1982 no puede abstraerse de aquella más amplia de la dictadura militar. Hay una trampa conceptual, tan falaz como aquellos volantes que repartieron las tropas argentinas a los isleños en los que, llegando del Continente donde había campos de concentración, un sol radiante entre cintas celestes y blancas les garantizaba que “tenían derecho a vivir en libertad”.

La experiencia de guerra a escala humana, y la reivindicación y reconocimiento de ese sacrificio no puede anular ni la reflexión histórica sobre el período ni, más ampliamente, sobre nuestros vínculos con Malvinas. Más bien, realza la figura de quienes combatieron porque debieron afrontar, también, el rápido esfuerzo de desentendimiento social, que no de olvido, de la violencia que había tolerado y con la que había convivido durante tantos años.

Es posible, entonces honrar a los combatientes sin reivindicar aquella guerra. Es, como tantas otras decisiones y enunciados, una toma de posición.   

FL

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