Liberalismo, nueva derecha y anarcocapitalismo Análisis

Milei: entre el rock y la planilla de excel

Javier Milei en un acto

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Los medios hablan de Milei, los políticos hablan de Milei, los jóvenes hablan de Milei, en los cafés de amigos se habla de Milei… el país entero parece hablar de Milei. En un contexto diferente, el de Francia, pasó algo parecido en la última presidencial con Éric Zemmour, el autor de best sellers y polemista televisivo que le disputó a Marine Le Pen el voto de la extrema derecha con un nuevo partido llamado La Reconquista. Finalmente, Zemmour obtuvo un 7% de los votos, un resultad digno para un principiante pero completamente decepcionante para quien durante meses fue mimado por encuestas y medios y convertido en “presidenciable”. Al final, Zemmour terminó por ampliar la base de apoyo de… Marine Le Pen en la segunda vuelta.

¿Pasará algo así con Javier Milei?

Por el momento, el economista libertario avanza por dos carriles paralelos: por un lado, sigue proyectando el fenómeno “contracultural” que inició mucho antes de lanzarse a la política y atrae a numerosos jóvenes post-adolescentes de diferentes estratos sociales y zonas del país. Con canciones de La Renga y Bersuit Vergarabat, Milei le pone un touch rockero a su paleolibertarismo. Por el otro, trata de avanzar en la construcción de su instrumento político desde cero que articule a las diferentes derechas que puedan atraer. El “fenómeno Milei”, tal como lo conocemos, se sustenta por ahora en la figura del propio Milei (y en un miniPartido Libertario) y, como graficó muy bien en este diario Andrés Fidanza, sus escasos operadores llenan planillas de excel de potenciales referentes territoriales de La Libertad Avanza.

Si el primer carril le sigue permitiendo avanzar tocando la tecla de la “rebeldía de derecha”, el segundo puede ser un terreno minado. El riesgo, apunta Fidanza, es terminar atrayendo a la “resaca de ‘la casta’”. Una suerte, agrego yo, de proceso de “selección adversa” de referentes políticos y sellos partidarios residuales (como el MID). Su acercamiento a los “gansos” mendocinos (un Partido Demócrata en decadencia) o al bussismo tucumano son los ejemplos más visibles, pero las planillas de excel van a estar llenas de desplazados de otras fuerzas y oportunistas variopintos a quienes el juramento de fidelidad a La Libertad Avanza les ofrecerá la oportunidad de pasar por una máquina de regeneración moral -una suerte de liberwashing- y salir al ruedo como combatientes anticasta con la bendición del León.

Pero en realidad, más allá de la necesidad de armar con lo que hay (las provincias son menos outsider-friendly que CABA), existe una cuestión de fondo: las características ideológicas del proyecto Milei.

A diferencia de otras latitudes, donde las nuevas derechas radicalizadas se inscriben en tradiciones políticas nacionales, Milei importó un paleolibertarismo que es muy marginal incluso donde nació: Estados Unidos y sin raíces en Argentina (bastante “hidropónico”, prestándome una expresión que alguien usó en otro contexto). Si Vox tiene como sustrato el pasado franquista (sin ser ellos mismos estrictamente franquistas), Marine Le Pen una larga tradición de extrema derecha vernácula con destacados intelectuales, y Trump un Partido Republicano insurreccionado con el Tea Party, Milei pisa un terreno más pantanoso, favorecido por un clima de creciente inconformismo y por la difusión más amplia del anti progresismo en Occidente. Su panteón, construido a la rápida, junta a los liberales del siglo XIX (en una remanida visión decadentista de la historia nacional) con Menem y Cavallo, el “neoliberalismo peronista” que en su momento deglutió a la UCeDé. Y suma tópicos populares como el rechazo a los impuestos y a los políticos (no confundir con la política, de hecho su campaña fue más ideológica que la del propio FIT). En su espacio conviven de manera inorgánica personajes como el performático Carlos Maslatón, que repite cada día que la Argentina va viento en popa y va a ir aún mejor, y el influencer de derecha Agustín Laje, que defiende a la Rusia de Putin contra el globalismo progre. Posiciones ambas contrarias a las de Milei.

Milei mismo, que hasta su reciente lanzamiento a la política solo hablaba de economía, incorporó -de manera muy poco digerida- el discurso de la derecha alternativa (alt-right) global. Pese a sus vínculos con Vox y la Fundación Disenso, él mismo está lejos de ser una expresión de extrema derecha (su “anarcocapitalismo” desestabiliza esa apuesta) y su trumpismo fue importado claramente sin su contexto. 

El fenómeno Milei es novedoso en el plano global: multitudes de jóvenes detrás de banderas de Gadsden (simbología libertaria para iniciados) que leen a paleolibertarios como Murray Rothbard y sueñan con una “Rebelión del Atlas” a la Argentina (al final de cuentas, uno de los héroes del best-seller de Ayn Rand, Francisco D'Anconia, era argentino). Pero es improbable que los políticos incluidos en las planillas de excel del legislador (ex lavagnista) Ramiro Marra asuman el ideario de Milei más allá de una retórica superficial. El anarcocapitalismo más que un proyecto político es una utopía intelectual, y la lista de excel buscará cargos sin demasiadas veleidades librescas. (Milei se definió como “anarcocapitalista dinámico -su fantasía es privatizar hasta las calles, que por ser públicas ”escupen socialismo“- y minarquista estático -en razón de las condiciones/restricciones actuales-).

Es poco esperable que la máquina regeneracionista funcione y más factible que el mileísmo combine el discurso de revolución cultural en las plazas y las redes (y en las intervenciones de Milei), con un gris armado conservador politiquero en las provincias. Una suerte de choque de planetas político y estético.

La lista de excel obliga a Milei a volver más poroso el término “casta” y a amnistiar de manera serial a los postulantes surgidos de esa política politiquera. Cuando Bussi hijo dice que le gusta Milei porque es antisistema, solo puede provocar una sonrisa, y no es fácil imaginar a Zulema Mareco -empresaria de seguridad, ex dirigente del partido del represor Luis A. Patti, y ahora referente de Milei en Ituzaingó- interesarse por el libertarismo más allá de dos o tres generalidades sobre la iniciativa privada o la inseguridad.

La pregunta es si los dos carriles podrán seguir funcionando en paralelo. Por ahora, el mileísmo es una burbuja, lo que no significa que esté condenada necesariamente a pincharse. Eso dependerá de muchos factores. Habrá que ver si es posible algún tipo de síntesis entre la estética del cineasta Santiago Oría (épica libertaria juvenil al ritmo de “Yo soy el León” o “Se viene en estallido”) y las planillas de excel de Ramiro Marra y del ex cavallista Carlos Kikuchi, armador en las provincias, que mezclan a quienes tuvieron cargos y quieren volver con quienes no los tuvieron y sueñan con tenerlos (aspirantes a casta). Ahí veremos si el magma Milei decanta o no en una nueva derecha “sin complejos” en nuestro “país de zurdos” (libertarios dixit). 

PS

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