Opinión

Necesitamos recuperar el imperativo pedagógico de la solidaridad

Durante el cierre de las escuelas por la pandemia, la mayoría de las provincias reemplazó a los comedores escolares por entrega de bolsones de comida.

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Hay algo de un egocentrismo recargado que se amplifica y aturde en un momento en que hay que administrar bienes escasos, por causa de la distribución desigual del poder global pero también del local, como hospitales, vacunas, camas UTI y demás insumos sanitarios, aunque también, una distribución injusta de la esperanza. 

Esta pandemia no solo pone al descubierto las miserias materiales sino también las humanas, donde se ha disparado la inflación del egoísmo y la negación.

Esta pandemia no solo pone al descubierto las miserias materiales sino también las humanas, donde se ha disparado la inflación del egoísmo y la negación.

Madrid y la ciudad de Buenos Aires intentan soslayar la parte por el todo y se hacen fuertes gobernando más con respuestas al hastío y la desesperación que gozan de mayor “prensa” que con la antipática y necesaria restricción que prioriza poder vivir a cualquier otra posibilidad que es ulterior.

Quien gobierna la Reina del Plata es muy eficaz en sostener(se) con un marketing discursivo y publicitario que sintoniza y es cómplice del porteñaje medio, que lo banca y en abultada proporción.

Pero también hay que decir que el alcalde de la CABA es experto en sinécdoque, es decir, como dice la RAE, “la designación de una cosa con el nombre de otra (…) aplicando a un todo el nombre de una de sus partes”, de modo tal que antepone el interés particular al bienestar general, sin advertir que de este último depende la existencia del anterior. La General Paz no dispone de un poder tal para demoler el epicentro del virus letal. Las escuelas no cuentan con la capacidad de “disciplinar” al virus para que una vez adentro dejen de contagiar. La suerte de la CABA, igual que en Matanza, o en Perico, Jujuy, está atada al proceder general y viceversa, en un país que es federal pero tiene una conducción con potestad, en momentos críticos, para anteponer al interés parcial el del bienestar general.

Incluso la “evidencia”, esa palabra que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no deja de nombrar (más como creencia religiosa que por rigurosidad científica), no puede encontrarla en ninguno de los países que usualmente suele admirar. 

Quienes estamos enfrente de esta posición (y reconozco que pertenezco a la minoría intensa de mi ciudad) no lograremos (con)mover el amperímetro maldiciendo o tildándolo de ogro o guasón. Hay motivos para enojarnos, pero un entrenador de muy pibe me enseñó que el que se enoja pierde. Así que creo que no sirve demonizar, ni ridiculizar. Ellos saben más y mejor en ese terreno, y además aquella estrategia los victimiza y así fortalecen el vínculo con sus interlocutores. Nunca olvidar que son expertos en un decir corto, twittero y binario. 

Lo que creo que hay que hacer es mostrar el contraste entre el decir y la realidad (por más que esta época nos desafía con todo lo virtual) interpelando lo que hay en el otro/a de humanidad.

Desarmando esa declaración binaria abierto -cerrado donde te dejan en offside. No se cerraron nunca las escuelas, sino que, en 2020, debieron permanecer abiertas de otro modo, y claro que devaluando la calidad de la relación, por la terrible desigualdad (y cómo dejaron el Estado), pero peleando por mantener el vínculo entre escuela y familias por fuera del edificio material. Y en 2021 el horizonte debe ser la presencialidad, pero cuidada. Eso supone a veces retroceder para luego avanzar. Es decir, interrumpir presencialidad cuando el contagio es de media o alta intensidad.  

Por otra parte quienes se abrazan a la apertura y gritan “Abran las escuelas” no se han asomado ni a la calle , en algunos casos, cuando la educación pública no podía respirar, siendo aún más grave en quienes empuñan este discurso desde la oficialidad: gobiernan hace más de una década y han bajado casi 10 puntos el porcentaje que ocupa educación en el presupuesto general.

 

Son los que han cerrado las escuelas nocturnas de adultxs y vienen intentando extinguir a los 29 institutos de formación docente con prestigio pedagógico centenario para crear una universidad (UNICABA), a la que no solo cambiaron el nombre por el rechazo que causó en todo el campo educativo, sino que además nos han engañado diciendo que la misma no era para formar docentes mientras que acaban de abrir carreras para formar maestrxs en la ciudad.  

Pero también es necesario advertir que al gobernar a nivel nacional paralizaron la entrega de computadoras y “desconectaron igualdad” tanto en el plano federal como en la reducción del plan Sarmiento en la ciudad, en relación inversamente proporcional al aumento del presupuesto para la publicidad oficial. Aunque no lo sé, me gustaría conocer cuántas macetas de esas que vemos por la ciudad cuestan lo que hubiese sido equipar a lxs 6000 chicxs que el mismo gobierno, a principios del 2020, señalaba en situación de vulnerabilidad. (Hoy 15000, según la ministra).

Al gobernar a nivel nacional, paralizaron la entrega de computadoras y “desconectaron igualdad” tanto en el plano federal como en la reducción del plan Sarmiento en la ciudad.

Para cerrar me gustaría recuperar una idea con la que el psicoanalista Massimo Recalcati nos despabilaba en octubre pasado. La libertad individual es una abstracción, que ha dominado (y sigue) occidente durante mucho tiempo. No podemos, en estas horas de pandemia, concebir a la libertad disociada de la solidaridad. A lo que agrego que escuelas y educadorxs debemos trabajar con el imperativo pedagógico de la solidaridad, aclarando que lo imperativo no refiere a la idea de arbitrariedad sino a la de urgencia por cuidar y salvarle la vida a lxs demás. 

GB

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