El peronismo y la reconstrucción: del terremoto de 1944 a la pandemia 2021

El terremoto que destruyó parte de la ciudad de San Juan en 1944

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En las tierras sísmicas, la historia siempre está a flor de piel. Cualquier temblor fuerte trae de vuelta temores, pesadillas, recuerdos, desde la pregunta al vecino por dónde estuvo la última vez hasta el recuerdo de algún ser querido perdido años atrás. Son momentos que colapsan décadas de distancia porque los colapsos de edificios y vidas que también pueden provocar duran largo tiempo. Si bien en Chile o Perú esas vivencias pueden ser compartidas a lo largo del territorio nacional, en Argentina son más bien concentradas. Sólo en los movimientos más fuertes, como el del lunes, el resto del país recuerda como los terremotos también han sido cuestión nacional.

Poco antes del anochecer del 15 de enero de 1944, un terremoto redujo a escombros la ciudad de San Juan, causando quizás diez mil muertos y dejando media provincia sin techo. Fue el peor desastre natural en la historia nacional, y sirvió tanto para impugnar al viejo orden social como para darle nuevas fuerzas al orden que nacía.  El gobierno militar recién llegado al poder vio aquí una oportunidad para denunciar y desarraigar al orden liberal, de una vez por todas. En efecto, la tragedia sería clave para el futuro político de la provincia y la nación, pero su impacto sería bien distinto de lo que imaginaban los militares.

A pocos horas del desastre, el entonces poco conocido Secretario de Trabajo y Previsión, Coronel Juan Domingo Perón, salió en la radio nacional para lanzar una colecta en ayuda de las víctimas y proclamar la hora de la justicia social. En las semanas siguientes, llovieron contribuciones desde todo el país y el exterior, mientras el gobierno organizó la provisión de atención médica, comida, ropa, transporte y finalmente techo a decenas de miles de víctimas. Muy pronto, Perón pasó de segunda fila a primer plano del gobierno.

Todos conocemos la anécdota que sigue: el concierto en Luna Park para las víctimas una semana después del terremoto, una frase célebre quizás susurrada en los oídos de Perón, y la formación de una pareja política de importancia única. Pero cabe recordar que más allá de ese encuentro crucial, la provincia seguía en ruinas, y los esfuerzos y las peleas por transformarla siguieron. La destrucción y la reconstrucción de San Juan jugaron un rol importante en la trayectoria del peronismo mucho más allá de ese momento mítico.

“En un plano social”, decía Perón, “la mayoría de los argentinos se pueden comparar con los desamparados” de San Juan. El derecho a vivienda en San Juan fue el comienzo de la elaboración de un conjunto más amplio de derechos sociales para todos los argentinos. Y su proyecto social de construir una nueva ciudadanía se lanzó junto con el proyecto espacial de construir una nueva ciudad.

La ciudad se convertiría en modelo para el futuro país, como una muestra de la capacidad técnica y la visión social del nuevo régimen. El gobierno pronto se encargó de construir barrios de emergencia por todo el perimetro de la vieja ciudad, para darles techo a la población mientras la transformación se ponía en marcha. Y menos de una semana después del terremoto, un equipo de arquitectos nombrado por Perón propuso una ruptura radical con el viejo orden. La ciudad en ruinas debía ser abandonada. San Juan se iba a alzar otra vez según un nuevo plano, en un nuevo lugar, el pueblo de Pocito, sobre terreno más sólido un kilómetro al suroeste de las ruinas.

Esta propuesta de trasladar la ciudad chocó con el poder de los propietarios y con los recuerdos de muchos sanjuanino.  Después de unos meses otra propuesta de otros arquitectos tomaría su lugar. A lo largo de 1944 y 1945, varios grupos de arquitectos soñaron con una ciudad y una provincia radicalmente distintas, adelantando proyectos ambiciosos de transformación del territorio y la economía de la provincia. Pero esas visiones solo conectaron parcialmente con la más profunda transformación social que se estaba llevando a cabo en todo el país.

En la campaña de 1945, San Juan resultó ser un símbolo ambivalente: la promesas del peronismo junto a la ciudad todavía sin reconstruir. Sería recién después de la elección de Perón como presidente en 1946 que la reconstrucción de verdad arrancaría, dejando atrás la inestable y políticamente tempestuosa ciudad de adobe a favor de una estable y cuadrada ciudad de hormigón. La reconstrucción fue un proceso largo y complejo que dio lugar a la provincia de hoy: las partes inacabadas de esa reconstrucción son justamente los lugares más vulnerables cuando la tierra vuelve a moverse, como en 1977 o como de nuevo esta semana.

 

Después de un primer año en el poder marcado por una enorme catástrofe inesperada, el Presidente Alberto Fernández se encontró el lunes frente a un desastre terrible pero más familiar.  Se dirigió a San Juan el martes y dio un sentido discurso en un edificio que es otro legado más de la larga reconstrucción después de 1944. También caminó por barrios de casas tumbadas por el temblor, dando consuelo a los que quedaron sin techo. Prometió la construcción de nuevas y viviendas, acorde con las normas antisísmicas que fueron centrales para la reconstrucción de San Juan. En medio del dolor de pérdida de casas, y del dolor mucho mayor de pérdidas de vidas y posibilidades durante la pandemia, tal vez ha llegado la hora de recuperar no sólo la idea de reconstrucción y consuelo, sino también el sueño de la participación y la transformación.

 

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