Gira presidencial

Los cien días de Massa: la tolerancia de los Fernández y la inflación del año electoral

Sergio Massa, en Mendoza.

- ¿Y si no?... habrá otro mejor.

Se acabó la euforia antes del Mundial: del entusiasmo inicial del empresariado por Massa a los vaivenes del dólar blue

Se acabó la euforia antes del Mundial: del entusiasmo inicial del empresariado por Massa a los vaivenes del dólar blue

Sergio Massa responde tras una pausa actoral. Se lo ve cansado pero activo. Estuvo a bordo de un avión, 28 horas de las últimas 35 horas. El sábado al atardecer de Buenos Aires partió a París, hizo una escala en la que se encontró con Alberto Fernández y voló, luego, a Bali, Indonesia.

A 30 mil pies de altura, cumplió sus primeros cien días como ministro, el plazo político que Alberto Fernández y Cristina Kirchner establecieron al borde del abismo post renuncia de su antecesor, Martín Guzmán, como deadline para que Massa construya la estabilidad que prometía.

Sobre el tigrense se monta una extravagancia criolla que, por momento, no se entiende en toda su dimensión: el Círculo Rojo lo cuida y ayuda, Cristina Kirchner extendió sobre él su velo protector y Alberto Fernández lo ve como su otro yo. Tres actores en colisión casi permanente, se espejan en Massa. Un Massa, todos los Massa.

“Me toleran”, asegura frente al interrogante sobre cómo explica que, mientras no se hablan y se torean, los Fernández lo respaldan a dúo. “Los dos, en este momento, entienden que sumo”, algo así como que es el jugador indicado para el momento del partido. En los 100 días que lleva como ministro, la agenda política ardió y, en un fenómeno poco habitual –quizá haya que remontarse hasta los 90, tiempos en que la Convertibilidad anclaba la economía a pesar del duelo fervoroso entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde– ese caos no derramó sobre la política.

Escalera/Ascensor

El “habrá otro mejor” que cita el ministro refiere a una hipótesis que lo abruma y que, como a los fantasmas, no quiere invocar: el fracaso de su plan para consolidar la baja de la inflación y descender, con rebotes y mesetas, hacia dos metas: menos de 4% en abril y menos de 3, quizá 2,5%, el mes de la elección general en Argentina, octubre.

“Bajar, estacionar; bajar, estacionar”, repite como un mantra. Implica, según su hoja de ruta, sostener la tendencia de reducir en promedio un punto de inflación cada dos meses. Lograr, luego del desbande de julio, que se estabilice la tendencia.

Al mojón de los entre 3 y 4 puntos en abril, que elDiarioAR contó en septiembre, Massa le agrega otra estación: estar por debajo de los 3%, incluso por debajo del 2,5 cuando más de 30 millones de argentinos voten a su próximo presidente.

A juzgar por lo que desliza en público y en privado, Massa no estará en el menú de aspirantes a Casa Rosada del 2023. Eso, sin embargo, no implica que no intervendrá en la dinámica del FdT o del panperonismo. “Yo no digo que no voy a jugar, digo que mi familia no quiere que sea candidato”, se traduce.

Pero, como repite Alberto Fernández, “faltan mil años para la elección” y la competitividad del oficialismo está atada a un ordenamiento de la economía, justamente el oficio que le toca al tigrense que, por momentos, relativiza el link condicional entre elección e inflación.

“Bolsonaro perdió con deflación, con 5 puntos anuales de inflación”, piensa en voz alta ante su equipo. Hay carne para procesar el razonamiento de Massa sobre el caso Brasil: Bolsonario perdió pero hizo una muy buena elección y consolidó un perfil de derecha ultra que parece sugerir, de mínima, que no se trata de una ola pasajera.

Pero el FdT ata su suerte a la escalera a la “normalidad” en materia de inflación. Si eso no pasa, masculla Massa, “habrá otro mejor”. Lo dice sin usar esa palabra que cualquier funcionario en funciones tiene vedada: renunciar. El predictivo mental se completa con “habrá otro ministro mejor”.

  6,3 en Bali

Arrastrado por el jet lag, Massa estiró la madrugada de Bali cuando en Argentina se conocía el dato de inflación de octubre que fue de 6,3%, una décima más que septiembre pero dentro del “rango” de estabilidad que, días antes, planteaba en su sendero a partir de los aumentos de tarifas y combustibles –que encabezó YPF– del mes pasado.

Pero, sobre todo, por los 12% que aumentó el segmento telecomunicaciones, un sector indómito donde una cautelar judicial desactivó un decreto que en plena pandemia buscó regular los precios del sector. “La inflación Clarín”, dicen en Gobierno aunque tiene que ver con el sector.

Palpita que diciembre, por lo estacional, será otro mes duro pero que en noviembre la tendencia se mantendrá. Horas antes de viajar a París, Massa anunció el congelamiento de 1400 productos de primera necesidad durante 4 meses. Dice que será riguroso al extremo en los controles y que a las empresas les convendrá mantener la promesa de no aumentar los precios porque les saldrá más caro pagar las multas que disputo Economía para los incumplidores.

El sendero antiinflacionario se nutre del pack de precios congelados pero la clave más importante, por el volumen, son los 30 mil productos que no subirán más de 4% por mes durante los próximo 4 meses. El 4 x 4 que supone un techo de 16 puntos de inflación en el segmento hipersensible de los alimentos y lo textil. En la proyección teórica, daría 64% anualizados, la cifra que Massa anotó en el Presupuesto como inflación para todo el 2023. Puede, en paralelo, ser leído como un indicador, una guía o un techo para las paritarias en curso.

PI/MG

 

Etiquetas
stats