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Córdoba: de “la isla” de Angeloz a la aplastante victoria de Luis Juez

Luis Juez, el gran ganador de Córdoba, con la senadora Rodríguez Machado y el diputado Héctor Baldasi.

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“Les ganamos a los tres aparatos del peronismo: al de la Nación, de Alberto y Cristina; al de la Provincia, de (Juan) Schiaretti; y al de la Municipalidad, de (Martín) Llaryora. Para que lo sepan: hoy arrancó un sueño que solo Dios sabe dónde va a terminar. Y no es el sueño de Luis Juez ni de Rodrigo de Loredo. Es el sueño de los cordobeses”, le dijo Luis Juez a la militancia que lo acompañó anoche a festejar su victoria que lo devolvió al Senado y que le propinó a la Casa Rosada su peor derrota a nivel nacional: en Córdoba, Juntos por el Cambio logró 54% de los votos, cosechando más de un millón de apoyos en los dos tramos de senadores y diputados.  

El socio radical de Juez, Rodrigo de Loredo, apuntó a las elecciones provinciales y municipales de dentro de dos años: “De cara al 2023, Juntos por el Cambio tiene que construir una alternativa. Se inicia un camino que nos va a encontrar unidos, articulados, enfocados en los temas de Córdoba para darle a la provincia una alternativa”. De Loredo está aliado nacionalmente con Martín Lousteau y Facundo Manes y enfrentado en Córdoba con Mario Negri y Ramón Javier Mestre.

Con 2.984.631 votantes, que representa el 8,7% del padrón nacional, Córdoba es el segundo distrito en importancia detrás de la provincia de Buenos Aires y una potencia agroindustrial, aunque la pobreza trepa a niveles superiores al del Conurbano bonaerense con 46% en el Gran Córdoba según la última medición del INDEC.

Como sucede desde 2009, en las elecciones legislativas nacionales de medio término, en Córdoba gana la oposición provincial; y en las elecciones de cargos ejecutivos triunfa el peronismo cordobesista y su aceitada maquinaria electoral. El frente de radicales, juecistas y macristas consiguió dos de las tres bancas de senadores y seis de los nueve escaños en Diputados. El desafío que tiene ahora Juntos por el Cambio es trasladar la victoria de ayer a 2023 y no licuar las fuerzas como sucedió en mayo de 2019 cuando Juan Schiaretti logró su reelección con 54% de los votos, gracias a un acuerdo no firmado con el ex presidente Mauricio Macri que hizo que detonara la versión cordobesa de Cambiemos con dos candidatos: Negri por el macrismo y Mestre por la histórica Lista 3 de la UCR.  

La derrota del gran elector

En marzo pasado, cuando aún se hablaba desde el Frente de Todos (FdeT) de un acuerdo con el PJ del gobernador Juan Schiaretti, el senador albertista Carlos Caserio opinaba que “lo mejor para el peronismo es ir con dos boletas separadas y quitarle la mayor cantidad de bancas a Juntos por el Cambio”. En cambio, los jefes de la sede cordobesa del Instituto Patria, Martín Fresneda y la diputada camporista Gabriela Estévez, y el secretario de Obras Públicas de la Nación y candidato a diputado nacional por el FdeT, Martín Gill, pugnaban por una sola lista con el schiarettismo, como lo habían hecho en noviembre de 2020 en Río Cuarto para las elecciones de intendente, donde el peronismo unido logró la reelección del conservador Juan Manuel Llamosas.

El contador Schiaretti, un tiempista acostumbrado a los números, no daba señales claras a ninguna de las dos propuestas, para ganar tiempo y esmerilar las posibilidades de negociación de la Casa Rosada con el peronismo provincial y con los intendentes. Fue así que a mediados de año, y cuando el calendario electoral aún señalaba que las PASO se realizarían en agosto -en vez del 12 de septiembre-, el gobernador de Córdoba definió que “lo mejor para Córdoba es que los representantes de Córdoba defiendan a los cordobeses” y puso a rodar las candidaturas a senadora de su esposa Alejandra Vigo y de diputada nacional de Natalia de la Sota, la hija del fallecido ex gobernador José de la Sota.

Una potente maquinaria electoral y publicitaria colocó a Hacemos por Córdoba como segunda fuerza en las PASO y esa foto indicaba que Vigo destronaría de la banca a Caserio y que el peronismo cordobesista retenía sólo dos de los tres diputados que puso en juego. Ni bien se abrió la campaña electoral para las legislativas de ayer, el gobernador Schiaretti salió a hacer campaña por su esposa y la hija de su amigo y socio fallecido en septiembre de 2018.

Frente a la subida en las encuestas de Luis Juez, Schiaretti se plantó como el gran elector intentando cosechar un voto chauvinista apuntándole al Area Metropolitana de Buenos Aires como el responsable de los males que padece Córdoba: “Basta de que los cordobeses subsidiemos a los porteños”, “No somos mano de yeso de los porteños”, “Ya basta de que Argentina se conduzca pensando en el AMBA”, criticó.

Las encuestas que hizo circular la alianza schiarettista durante las últimas dos semanas señalaban que el peronismo cordobesista se alzaba con una banca en el Senado y retenía los tres diputados en juego. Los resultados de anoche lo desmintieron: en 80 días, Schiaretti sólo sumó 43.600 votos más que en las PASO, arañando el 25% de los votos.

La peor elección

El Frente de Todos realizó una pésima elección: 10,48% de los votos apenas le dio la posibilidad de retener la banca de diputado que logró en 2017, pero no alcanza para que Carlos Caserio siga en el Senado. Martín Gill, candidato a diputado debe resolver su futuro: electo intendente de Villa María en 2019 por Hacemos por Córdoba -como en Río Cuarto, el PJ schiarettista y el kirchnerismo jugaron juntos-, Gill pidió licencia y saltó a Obras Públicas bajo el paraguas del ministro Gabriel Katopodis. Ahora debe resolver si asume en la intendencia; si renuncia y se queda como secretario de Obras Públicas de la Nación; o si finalmente ocupará la banca que ya ocupó en 2013. 

GM/WC

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