La salida de "Wado", entre la confianza rota y un cambio integral

Alberto Fernández y Wado De Pedro

Eduardo "Wado" De Pedro no volvió a pisar Casa Rosada. El miércoles estuvo hasta el mediodía, se retiró y luego, minutos antes de las 2 de la tarde, envió su carta de renuncia. Luego no regresó y el jueves, con la renuncia en suspenso, no apareció por su despacho. Pasado el mediodía, desde Olivos, trascendió que Fernández le había aceptado la renuncia.

Aunque al rato, la secretaría de Legal y Técnica, Vilma Ibarra ofició de vocera para desmentir que eso haya ocurrido, en el Gobierno se da por hecho que la salida de De Pedro es inevitable aunque debería formar parte de una serie de cambios en el gabinete o, de mínima, a partir de tener confirmado quien iría al lugar de De Pedro.

"Se rompió la confianza: Wado renunció sin avisarle. Renunció por TN", explicaron, con la misma figura, dos figuras del entorno presidencial. Para el presidente, que no haya existido ni un llamado ni un mensaje en el que le anticipaba esa decisión que se hizo pública, significó un golpe para la relación que, aun con diferencias, habían construido. Ahí, en ese mecanismo, se explica no solo la decisión de Fernández sino también se puede interpretar la forma.

Fernández había tenido una "buena charla" con Cristina Kirchner el martes a la noche en la que, según confiaron fuentes cercanas a la vice, se resolvió avanzar con una serie de medidas de gestión en paralelo a un cambio de gabinete. Se habló, incluso, de cargos y nombres, según indicó una fuente que conoce la intimidad del dispositivo K.

Pero el martes a la tarde, "Wado" renunció de manera intempestiva y se desató una crisis. "Estaba charlado pero Cristina pensó que interpretó que Alberto haría lo que hizo muchas veces: demorar las decisiones", apuntó la fuente y remitió a lo que ocurrió con la salida de Marcela Losardo: la renuncia y el reemplazo se resolvieron un viernes, pero se concretaron diez días después.

Teléfonos rotos

Además de la confianza rota de Fernández con De Pedro, detrás de la renuncia-aceptación del ministro del Interior aparece otro asunto: el ultimátum público de los funcionarios K al Presidente para que produzca un cambio en el gabinete, no ofrecía muchas alternativas. Sin cambios, De Pedro debía irse pero, aun con cambios, De Pedro también tendría que dejar el Gobierno para que Cristina asuma su cuota parte de la derrota. En definitiva, Wado es el ministro político, el encargado de la relación con los gobernadores y el resultado electoral, aunque no se puede atribuir a eso, fue una paliza nacional.

La salida de De Pedro, se concretarse como se anticipa, debería estar en un marco más grande: no solo para que se anuncie con un reemplazo puesto sino también como parte de un recambio integral que abarque otros ministerios y se presente, luego de una crisis que todavía no terminó y con las horas sumó nuevos puntos de tensión, como una especie de "nueva foto del Frente de Todos" que integre a todos los sectores y actores del dispositivo.

La duda era, entonces, si Interior podría ir para una figura como Sergio Uñac, gobernador de San Juan, o para Aníbal Fernández. Queda, además, en suspenso lo que ocurra con la jefatura de Gabinete de Santiago Cafiero, donde se habla del desembarco de Sergio Massa o de Agustín Rossi, todo como parte de un movimiento que trate de reinstalar el equilibrio en el Frente de Todos.

PI

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