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Camino al 15-N

La sobremesa de Fernández con CEO's: los empresarios que no quieren un acuerdo y el fetiche del “horizonte fiscal”

Alberto Fernández y Martín Guzmán

Pablo Ibáñez

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Alberto Fernández cree que lo peor ya pasó, que el Frente de Todos metabolizó el “golpe” anímico de la derrota del 12-S y que el clima social empezó a cambiar aunque eso, admite, no producirá cambios fuertes en las variables electorales del domingo próximo. Sutiles, quizá: como la que rastrea una virtud política en el hecho de que tras el sablazo de las primarias y la interna en carne viva de los días posteriores, el FdT logre descontar algún punto o incluso evite que la derrota sea más gravosa que la de hace 50 días. “No sabemos qué puede pasar: los termómetros se rompieron”, dicen en gobierno.

“La economía vuela”, repite Fernández: reconoce que todavía no permeó a los sectores más golpeados, que no se siente en los bolsillos de muchos. El presidente se mueve en esa doble atmósfera: entre una política enturbiada, con ruidos internos y sin diálogo con la oposición, y una economía que muestra casi todos sus indicadores en alza, aunque cruzada por dos alertas ásperas: la inflación y la brecha cambiaria.

Esos dos universos Fernández buscó amalgamar el martes en Olivos durante una cena con un grupo reducido de empresarios, de la que participó Martín Guzmán. Son la continuidad de otras cumbres con hombres de negocios y tienen un norte fácil de invocar, difícil de ejecutar: ordenar la política bajo un protocolo con algunos puntos de acuerdo, para de ese modo ordenar la economía.

En Olivos, el encuentro arrancó a las 21 y se estiró casi las 1 AM. Estuvieron Daniel Herrero de Toyota, Antonio Aracre de Syngenta, Sergio Kaufman de Accenture y Laura Barnator de Unilever. Algunos, como en una previa del encuentro con Fernández, se vieron la semana pasada con Guzmán. El presidente escuchó los planteos de los empresarios y enumeró una serie de posiciones: que no hay margen para un default con el FMI ni, agregó Guzmán, hay escenario para una devaluación post elecciones. Hubo, según reconstruyó elDiarioAR, una coincidencia macro: que debe haber acuerdo con el fondo pero que no puede implicar un “ajuste” en el sentido tradicional, por caso, una reducción de las partidas previsionales.

Los empresarios, que representan a multinacionales, se ofrecieron a fijar puntos de acuerdo con sectores sindicales para elevar una posición común ante el FMI, respecto a que “un ajuste no es viable” y que “la disciplina fiscal no se puede lograr de un año para el otro”, según apuntó uno de los participantes. “Sin acuerdo con el FMI no hay crecimiento económico, sin crecimiento las empresas no ganan y la gente no consigue trabajo”, sintetizó la misma fuente.

La idea fetiche fue la de horizonte fiscal que, en los términos de la charla de Olivos, apunta a eliminar “subsidios innecesarios” -una categoría bien subjetiva-, fijar un ordenamiento de las tarifas, y encaminar la cuestión monetaria. “Sin pandemia, no va a ser necesario emitir tanto” interpretó un funcionario. Fernández les dijo que quería escuchar sus opiniones. “Me interesa oírlos. Así entiendo más la economía real. Salgo del Excel y escucho problemas”, los recibió el presidente que semanas atrás tuvo otra sentada, en Rosada, con empresarios.

Animosidad

Con la promesa de nuevos encuentros, a los que se sumarán sindicalistas, Fernández propuso avanzar con un acuerdo de puntos básicos que sea acordado por el gobierno, empresarios y gremios, que luego sea enviado al Congreso para ser discutido y refrentado por la política. La dosis de realismo, y en eso coincidieron los comensales, es que “no todos los empresarios apoyan un acuerdo: algunos queremos, otros no. Hay que trabajar con los que quieren”.

Se evitaron, por precaución, dar nombres pero en el gobierno miran a un grupo en particular que gambeteó las últimas convocatorias a diálogo y que, luego, protagonizó tensiones explícitas con el oficialismo, por caso en lo referido a los acuerdos de precios. “Hay una animosidad espantosa”, definió una fuente empresaria y entendió, quizá con exceso de optimismo, que ese clima debería empezar a despejarse luego de las elecciones del domingo. “Que baje la espuma y se pueda hablar más”, le dijo a elDiarioAR.

¿Por qué la cena fue en la previa electoral? En parte, porque el resultado del domingo está asimilado como negativo para el gobierno que quiere apurar el 15-N y encarar la segunda fase de la gestión con un principio de acuerdo que debería pasar por el Congreso, no porque necesite una validación institucional sino para involucrar en el debate a sectores de la oposición.

¿Qué piden los empresarios?: instrumentos donde invertir en pesos que no sean bonos porque sus casas matrices no les permiten hacerlo en títulos que cotizan. Guzmán quedó en trabajar en esa variable. Fernández le preguntó sobre la disposición a incorporar beneficiarios del plan Potenciar, y los empresarios se mostraron “muy dispuestos”, según una fuente oficial. “Tienen una mirada muy optimista de la macroeconomía. El año que viene seguirá mejorando. La pandemia va pasando. La cabeza de la gente se calmará”, confían en el gobierno.

Hay una frase de Gabriel Katopodis que parece sintetizar la mirada oficial: el 2022 debería ser el año de la recuperación porque “no habrá pandemia, ni recesión, ni elecciones”. En esa definición se concentra la expectativa del gobierno para el día después.

PI

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